TETERÍA LATÉ

9:::Abril:::2009

narguile

El día era pintón y se las prometía felices. Quedamos en la feria de vinos del Turia a fin de maliciarnos un tratamiento de choque enológico y embutidos contra el colesterol, el hematocrito felón y otros bichos de interior. Fue imposible. Miles y miles de jíbaros indocumentados hacían interminables colas para proveerse. Y nos largamos.

Quedamos al final los cuatro jinetes del apocalipsis (sin nombres, que se ganen la viruta los servicios secretos y amorticen los satélites).

Tetería Laté. Allí cenamos. Deliciosos los entrantes. Suave el mollate con ocho apellidos que nos recomendó el dueño del local. Y los segundos, muy bien. El solomillo de ternera al punto…, un puntazo. Tierno, jugoso, especiado con sutileza. Y los postres…, creo que me distraje un poco y no pillé mucho, pero la peña tenía las morreras de choco y churretes.
Y un brillo depredatorio en los faros.

El lugar está lleno de narguiles de las que el personal hace lúdico uso. narguile-azteca3
Y se hacen fotos (no sé por qué, pero los flashes no paran). Hay famoseo, periodistas, universitarios, urgentes pavas de diseño, rastas, antiglobulinos y gente joven, o sea, nosotros, que no somos los de entonces pero estamos hechos unos guayabos.

Abre también por las mañanas, y las atiende un palentino bien parecido, de planta románica de cruz cubierta, sereno, magnífica testa de Jasón y sus argonautas, perito homologado en infusiones, copas y, sobre todo, alta literatura. Da conversación sin i.v.a., a las ninfas sin suturas especialmente.

Y la camarera estuvo atenta, amable y elegante.
Nadie la mire a los acáis…, hay en su trazo un algo lunar y queman.

De la noche y sus triunfos…, mejor no hablar, o dejarlo en boca
de Breton & Soupault en ‘Los campos magnéticos’: “Aquella noche, más hermosa que cualquier otra, pudimos, efectivamente, llorar. Pasaban mujeres que nos tendían la mano, ofreciéndonos el ramillete de sus sonrisas”.

… dedicado a Juanjo Vellisca
© VilBill