DEBAJO DE LAS BLUSAS I
14:::Mayo:::2009
“…y en mitad de la noche te agitas en el sueño,
sudas y muerdes exaltado,/ palpas temblando,
te despiertas al fin jadeante, en la boca
el sabor de unos pechos besados que no están”.
Fernando Quiñones. En el poema “Los gemelos”. Del libro “Ben Jaqan”.

Son fascinantes, las tetas.
Hechizan. ¿Por qué? Parece una pregunta simple y no lo es…, pues su improbable respuesta necesita del concurso de un ejército de ciencias humanas, literatura, arte, además de la biología y neurociencias varias. No lo es.
Ha escrito Desmond Morris que la sobrevenida bipedestación de nuestra Especie trasladó el reclamo visual de las nalgas de la hembra humana a su parte frontal, hipertrofiando unos pechos que debían cumplir aquella función publicitaria. Es un argumento que apoya en el hecho de que el resto de las primates poseen mamas aplastadas y con pezón hacia abajo para facilitar la
lactancia de los cachorros, mientras que en el caso de la mujer vemos que la redondez no funcional de sus pechos pone al mamoncillo algunas dificultades. Deduce de ahí que los pechos femeninos sacrificaron una parte de su función lactante para servir de reclamo explícitamente sexual. Arriesgada tesis.
Cualquiera que aprecie la singularidad de esa divina belleza, las tetas, sabe que hay en ese gozo un quantum de absurdo. ¿Qué diablos hace un tipo adulto, racional, sensato, dejándose peligrosamente la visual en el vislumbre de una curvatura fractal, en la penumbra que hiere una tela, en un aflanado vaivén, flan, flan, en un descaro antigravitatorio o en el sabrínico descuido de un pezón? Y sobre todo cuando va al volante de su buga, jugándose vida y hacienda por desentrañar las interioridades que se amagan tras un sutil nigth light women’secret o un no tan sutil canalito a cappella.
Hay que decir, no obstante, que un buen número de mujeres no posee esa redondez de marketing que Morris atribuye a la mitad fémina de la Especie y, además, muchísimas mujeres de pechos muy pequeños resultan eficientes nodrizas además de estar buenorras y de ensalivar.
Pero no son estas correcturas políticas las que me interesan ahora, sino la mirada, esa mirada inocente.
Atención a esa desnuda contemplación del niño a boca abierta…
Mírese bien. Piénsese en ello de verdad, y no en boca de
escandalizables figuronas de neosacristía. No hay palabras. La naturaleza se complace en sus ocultaciones, escribió Heráclito el Obscuro en los albores de nuestra cultura. No podemos, yo no puedo, desentrañar todo el misterio, hondura y vida que se agazapan y muestran en ese arrobamiento. Nada más.
No hay palabras allá donde el silencio salva.
En el film de Eliseo Subiela, intitulado “No te mueras sin decirme adónde vas” (Argentina, 1995), hay una bellísima secuencia*** , emotiva, imprescindible como pocas y muy dolorosa (pinchad en el link de más abajo sin dudarlo, ved hasta el minuto 5′12″ al menos) en la que Leopoldo (Darío Grandinetti), proyeccionista de cine, habla con el espíritu desencarnado de Pablo (Leonardo Sbaraglia), que fue desaparecido en la dictadura de Videla, y le pregunta:
- ¿Extrañás?
- Algunas cosas se extrañan…, las tetas. Esa cosa…, esa cosa tibiecita debajo de las blusas.
*** http://www.youtube.com/watch?v=w289RcMB-QA
Ese argentino dolor siempre será dolor mío. La diferencia entre Pablo y algunos de nosotros (sí, los tontos héroes de entonces) sólo fue una aciaga geografía, y por eso seguimos vivos. Yo que soy adicto al humor, quizás porque redime, lenifica y desmemoria, ahora no tengo ganas de humor. Sólo de llanto. Y se me ocurre que un homenaje, uno de ellos, a todos los Pablo y Madres de Pablo sea celebrar la Vida que tenemos. Y yo la celebro cuando asedia mis ojos, mis manos, mi boca y mi alma esa cosa tibiecita debajo de las blusas…
“Si las mujeres no tuvieran senos, el mundo sería una leche”.
Blas de Otero
…dedicado con amor y deseo a las mujeres sin senos
© Six Roy