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… salgo de caza, a solas, voy armado con una gruesa lanza y noto su peso en mi brazo, percibo su poder…, a pesar de mi temor me enfrentaré a cualquier gran felino con la clara convicción de mi fuerza, más les vale no cruzarse en mi camino…, pero qué ingenuidad, mi lanza nada podría contra una partida de hienas, el gran elefante o una mamba negra

… aferro mi arma y artillo mis ojos para vislumbrar entre la escasa maleza al depredador o a mi presa, tengo hambre y no es menor este zarpazo que el que podría descargar en mi cuello un león o el gran leopardo, que no lo intenten…, por su bien

… advierto un movimiento tras los arbustos, y una presa, no sé qué es pero huelo su carne…, me acerco con sigilo, no me ha visto, es grande, llena, confiada, bien, bien… armo mi brazo y siento su destreza, el arco que dibuja mi figura en la sombra es perfecto, irreprochablemente letal, bello, brilla un filo sediento de sangre en la espuma del Sol, mis pupilas son apenas un punto nocturno, toda mi musculatura se dispone a armonizar sus vectores dispares en una sola dirección, mi boca se seca, las mandíbulas se cierran, mi aliento casi se detiene, toda la historia de mi tribu se concita para mi triunfo, mis antepasados guían mi brazo, son mi brazo, su muerte es ilusoria porque proveen mi vida, la vida

… lentamente, como en un sueño, advierto que brazo y arma son la misma cosa, la articulación de mi codo multiplica la potencia que arrancará desde mi espalda y la lanza sale de mi cuerpo, puedo seguir su movimiento dividiéndolo infinitesimalmente en el espacio y en el tiempo, puedo advertirlo con absoluta claridad, serenamente

… y siento cómo se hinca en el cuerpo de la presa, lo acomete, hiende, hiere, siento el peso de la lanza acrecido con la velocidad entrando en su carne, rompiendo secamente los tejidos, astillando los huesos, crac, cuyo sonido recrea una armónica percusión, envenenando su sangre amorosamente, despojándola del peso de vivir

… y, paradójicamente, recorre mi piel la certeza de su agradecimiento por esa privación definitiva que comienza, siento su agonía y muerte, y siento mi vida, y siento cuanto acontece en esa fracción de tiempo inexistente, y sé, cuando aún no ha penetrado en su carne del todo, que entre mi presa y yo, mi clan, la sabana, el regocijo de mis ancestros, el flujo total de cuanto existe…, no hay fronteras

… esto es lo que siento, lo que sé es esto, que soy una criatura del Universo y que no estoy solo, que nunca estuve solo…

http://www.youtube.com/watch?v=RGCXvlG0i4c
http://www.youtube.com/watch?v=Y-XNoJ8Ub64

… dedicado a mi padre In Memoriam
© CrisCrac

FLOPPY DISK

25:::Septiembre:::2009

manara-girl4“Me volví y la ví, era ella, sin duda, vestida con una camiseta que le cubría escasamente el nacimiento de los muslos (…) Nos miramos fijamente, ella con sus piernas largas y desnudas, y yo con el disquete en la mano”.

“Floppy Disk”. Jorge Roselló Verdeguer.
Premio Otoño de Narrativa Breve
“Villa de Chiva” 2001
Rialla Editores (2002) Valencia. Páginas 15/16.

Desde hace años anoto en cuadernos una reseña mínima de lo que leo, pero no lo hago al día, y cuando me pongo a la tarea advierto que ya no recuerdo de qué va lo que leí.

Hoy quería reseñar la lectura que hice de Floppy Disk en Septiembre de 2008. Ha pasado un año. También la leí en Mayo de 2002, pero entonces olvidé anotarla. Ese olvido no puede ser un hecho casual, y entreveo alguna numinosa injerencia en el (flux) lapsus de mi mente. Esto creo.

He de fiar, pues, a esa taimada profesional que es la memoria, más aún,
a las trazas invisibles que deja toda lectura en la parte baja de la lengua, en los lugares elegantes de la colonia o en el instante de silencio que oficia entre uno y otro latido.

De la novela de Jorge, esas humanas geografías me han transfundido sensoimágenes más que nitidices de concepto. Como si hubiera visto una peli, un film con el sabor de cineastas como Capra, Renoir o Lubitsch (esto lo digo para quedar de cinéfilo, a ver si pillo entre las féminas albatros. Y porque es verdad). Recuerdo una ciudad y una arquitectura cordial. No es París y su bohemia, pero algo así.

Y recuerdo a un tío especial con el aire de esos parientes que todo infante quiso tener, de ésos que habían hecho una guerra en algún floppy-woman-11
país exótico y traían objetos maravillosos e historias; o uno de esos soldadores que en las plataformas petrolíferas del Mar del Norte le pegaban fuego al hierro bajo el agua y el finde ligaban danesas rubias con sabor a toblerone; o uno de esos tíos desaliñados, gentiles y sabios en cuya biblioteca el Universo aguarda su occisión última.

Creo que ese tío que Jorge despliega en Floppy Disk tenía una novia o amante (entre las muchas otras que jalonaban su vida). La recuerdo chic.

Pero ya no llego a más. Y echo mano de la edición. El tío se llamaba Eusebio, a la chica la llamaban Pippi Piernaslargas. Profesora de Matemáticas. En el libro hay otros personajes: una tal Alicia, un tal Luis, una tal Eva… Me quedo con la maestrita, que me enseñe los logaritmos (neperianos) y algo de geometría descriptiva. Yo la hablaré del Ser y la Nada.

A ver si me la presentas, primazo, y la pregunto aquello de:
floppy-disk3“bonitas piernas, churri, ¿a qué hora abren?”.

… dedicado a Jorge Roselló
© VilBill

SERENGETI

27:::Junio:::2009

SWEET LEOPARD

Acecha desde las yerbas altas que urdieron las últimas lluvias, los músculos de ballesta, el pecho acerado, los tendones del cuello son perceptibles a simple vista y trenzados como jarcias, las articulaciones son sutiles, tersas, engarzadas a fuego y sedientas de la propia sangre que acopiará la adrenalina que nutre la carrera, el ataque, el derribo y muerte de la presa.

Un grupo de hembras adultas y jóvenes bebe desconfiado en los márgenes fangosos del Lago Eyasi.

Sus crías tejen la sombra bajo los árboles paragua.

El felino dibuja el cielo en su pupila, invita al Sol a sus ojos, los achina para artillar una mirada cobriza, una deconstrucción topográfica prodigiosa, un trazo táctico que inyectará en las áreas prefrontales de su cerebro un mapa letal, una previsualización inteligente de su triunfo.

Arma las dagas retráctiles de sus garras. Lanza el ataque.

Su velocidad acrece su peso y el impacto arroja a la hembra contra el suelo, la fija, la hipnotiza, la desnuda de toda ansia de fuga; apenas un segundo después las uñas interesan su carne, y las fauces cierran sobre la tráquea el aliento nupcial de la víctima.

Thanatos ama la belleza de su criatura; Eros se invoca.

Una lenta descompresión de los músculos ablanda el gesto del felino, dilata su pupila, relaja su respiración, lo aquieta, está hambriento…, pero no da cuenta inmediata de su presa, acuesta su rostro en ella, lánguidamente lame su cuello, lo cerca, busca su aroma, acaricia su boca con la suya, se derrama en su entraña, ruge, la devora.

© VilBill

HUMANIDADES

8:::Mayo:::2009

4513
“Se abreviaron los años de estudio, se relajó la disciplina, se dejó de lado la Historia, la Filosofía, la Lengua (…) Quememos, quemémoslo todo (…) Que la gente intervenga en concursos (…) Llénalos de noticias incombustibles (…) Les parecerá que están pensando (…) Y serán felices”…

Ray Bradbury.
Fahrenheit 451 (1953)

A finales de la Era AK’ 47 de los Heresiarcas Natorp und Cohen, las tropas de élite del planeta Nûkäb llegaron a los sistemas solares de la Galaxia 476PM. Invadieron y sometieron sin dificultad al Planeta Mayor del área, pese a que su ciencia y su tecnología casi igualaban a las de los invasores y su defensa militar era sofisticada y poderosa. Después se dirigieron al Planeta Medio. Durante nueve eones relativos intentaron sojuzgar la resistencia de sus habitantes, fracasaron finalmente y su derrota les costó miles de vidas nûkäbianas y una implosión social y económica que no pudieron superar hasta pasadas diez y una generaciones.

Los sabios del lugar examinaron la facilidad con que se venció al Planeta Mayor, al que superaban en recursos por muy poco. Y analizaron también el desastre frente el Planeta Medio, cuyas ciencia y tecnología estaban a alguna distancia de los logros del Planeta Mayor y de la civilización invasora. El informe de conclusiones que presentaron al Consejo Nûkäbio aisló las causas de la et-1derrota: el espíritu de lucha, el coraje, la sabiduría y el instinto libertario de los moradores del Planeta Medio fueron, según ese informe, la causa única del fracaso de las tropas de élite de Nûkäb.

Adjuntaron a ese informe una descripción detallada del sistema educativo del Planeta Medio. La enseñanza de las matemáticas, tecnología y de las ciencias experimentales era sobresaliente; pero sus materias básicas, cuyos relativos equivalentes estaban escasamente presentes en el sistema del Planeta Mayor y diferidos por irrelevantes en Nûkäb, eran primorosamente cultivadas y recibían una denominación que era extensión del nombre con el que esos moradores se decían a sí mismos:
las llamaban “Humanidades”.

© Vil Meister

DOS MUJERES Y UN DESTINO

28:::Abril:::2009

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“Ella está profundamente preocupada/ de que sus muslos sean demasiado grandes/ y sus nalgas gordas y feas (…) y quiero que quede bien claro/ que por lo que a mí respecta/ no hay absolutamente ningún problema.”

Leonard Cohen
Del poema “Retrato de una chica”. En el libro “La energía de los esclavos” (1972)

Hace un frío que pela. Y cae una persistente llovizna. Voy al volante de mi buga, un Diésel del 99 que ha sido un buen amigo en estos años. Someone like you, Van Morrison, esto es lo que suena; una deliciosa balada que no oculta el tributo al Blues de El León de Belfast. Pasa una chica haciendo footing. Sus muslos son rotundos, rollizos, rozantes…, demasiado, sus caderas son excesivas, ella lo sabe, y su vientre tiene alguna prominencia que odia con todas sus fuerzas. Corre pesadamente. Por la salud, claro, y porque le gustaría gustar a los chicos. No se da cuenta de que, o le sabe a poco, tiene una piel blanca maravillosa, un cabello largo moreno rizado luminoso que es increíble, una boca sensual de labios obscuros, carnosos, devorables de una sentada, ñam, y tiene los ojos negros más lindos que he visto en el último lustro a este lado del Yangtsé. Es guapa. Es muy guapa. Y gorda. Ella lo sabe bien, odia esto de sí, y a su madre y a sus tías, y al puto genoma ése, al ciego azar, a Dios y al Universo Mundo. Por eso corre, porque odia pero querría amar. Ella nunca sabrá que es la mujer de mi vida.

… por la otra acera pasa una rubia de cuerpo, esbelta como un junco, ligera, sutil, preciosa, lleva una chaquetilla corta, roja, cuatro botones, a la moda, abierta, que deja ver la línea de su vientre justo cuando la pierna izquierda cede el testigo a la derecha, porque sus jeans son bajísimos y le dibujan unos muslos perfectos, un delineado culo de anuncio, una osatura pélvica para jugarse la vida porque la muerte es preferible a su desdén, y sus pechos, embutidos en un sweter de cuello alto ma non troppo, azul, ceñido, liviano, parecen querer explotar de dentro afuera, boom, boom, y dan samaritanos deseos de echarla una mano, las dos, y anda con la exquisita gracia de quien casi no parece tocar el suelo, su belleza duele, huye por mi retrovisor hacia otros mundos, quizás la pude amar en otro Tiempo, quizás lo haga mañana…

Ya no veo a mi guapa chica deportista. Me quedo pensativo, vacío, levantando acta de mis dos miradas. Me basta. A otros les apetecerá dictar su laudo: que si el genio de la especie, que si la belleza física es una optimización eugenésica, que si los sueños de la soledad producen monstruos, que si la simpleza neurológica del varón ibérico, que si la belleza reside en el interior, que si tal que si pascual…

© PM476

TETERÍA LATÉ

9:::Abril:::2009

narguile

El día era pintón y se las prometía felices. Quedamos en la feria de vinos del Turia a fin de maliciarnos un tratamiento de choque enológico y embutidos contra el colesterol, el hematocrito felón y otros bichos de interior. Fue imposible. Miles y miles de jíbaros indocumentados hacían interminables colas para proveerse. Y nos largamos.

Quedamos al final los cuatro jinetes del apocalipsis (sin nombres, que se ganen la viruta los servicios secretos y amorticen los satélites).

Tetería Laté. Allí cenamos. Deliciosos los entrantes. Suave el mollate con ocho apellidos que nos recomendó el dueño del local. Y los segundos, muy bien. El solomillo de ternera al punto…, un puntazo. Tierno, jugoso, especiado con sutileza. Y los postres…, creo que me distraje un poco y no pillé mucho, pero la peña tenía las morreras de choco y churretes.
Y un brillo depredatorio en los faros.

El lugar está lleno de narguiles de las que el personal hace lúdico uso. narguile-azteca3
Y se hacen fotos (no sé por qué, pero los flashes no paran). Hay famoseo, periodistas, universitarios, urgentes pavas de diseño, rastas, antiglobulinos y gente joven, o sea, nosotros, que no somos los de entonces pero estamos hechos unos guayabos.

Abre también por las mañanas, y las atiende un palentino bien parecido, de planta románica de cruz cubierta, sereno, magnífica testa de Jasón y sus argonautas, perito homologado en infusiones, copas y, sobre todo, alta literatura. Da conversación sin i.v.a., a las ninfas sin suturas especialmente.

Y la camarera estuvo atenta, amable y elegante.
Nadie la mire a los acáis…, hay en su trazo un algo lunar y queman.

De la noche y sus triunfos…, mejor no hablar, o dejarlo en boca
de Breton & Soupault en ‘Los campos magnéticos’: “Aquella noche, más hermosa que cualquier otra, pudimos, efectivamente, llorar. Pasaban mujeres que nos tendían la mano, ofreciéndonos el ramillete de sus sonrisas”.

… dedicado a Juanjo Vellisca
© VilBill

NAVIDAD EN LHASA

25:::Diciembre:::2008

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El monje acomodó su figura en la esterilla.

Afuera el vendaval desplegaba sus crines y las peinaba sobre los altos muros de Potala. El sándalo regalaba la estancia con su blando aroma.
Estaba solo, y así debía ser.

La pasada primavera trajo en su regazo un resto de luna, y lo había descolgado sobre su nuca. Fue como un beso. La memoria se hizo difícil, los recuerdos no tanto. La imagen de su madre lavando la ropa se acopló a su pecho, para después derramarse en un caleidoscopio infantil de juegos de patio y té caliente.

Sintió, sin propósito, que el momento llegaba y ya era tiempo.
Estaba en paz.

Volcó sus ojos sobre sí.
Ningún deseo, ninguna esperanza, ningún reproche.

Lejos de allí, seres de otro mundo compartían la mesa y celebraban un antiguo nacimiento. En el vientre de los arsenales el hierro difería su calor a la tregua del acebo. Lo sabía, y se diluyó en una cierta calma.
Brindó por aquel niño, apuró la copa.

Un hombre, se dijo serenamente, debe compostura a la vida incluso en su hora postrera.

Y entonces el silencio. Y la nieve.

© Six Roy

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… ella diseñaba electroingenios en la casa bosch, y conoció a un panadero de la bimbo en un concierto de iron maden. Y pasó lo inevitable.

© VilBill

BERLIN ALEXANDERPLATZ

9:::Diciembre:::2008

“deutschland, mein land (…)
meine zwei länder und ich, wir sind geschiedene leute”

Hans Magnus Enzensberger

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“alemania, mi país (…)
mis dos países y yo, somos gente separada”

Del poema Landessprache. Del libro Poesía para los que no leen poesías. (1955)

Agosto de 1987 en Berlín Oriental, la entonces capital de la RDA.

Ocurrió nada más cruzar el detestable murazo de la frontera, donde unos tipos de la Stasi nos revisaron los pasaportes con perceptible hostilidad policial.

Allí en la Alexanderplatz hice esta foto.

Una orquestilla interpretaba musica popular. Cuando vi a los niños, juro que lo vi claro: ese abrazo significaba para mí la reconciliación de las dos Alemanias. Por eso hice la foto. Por supuesto, ni por asomo ni profética ni políticamente pensé un solo instante en que aquello podría ser tarde o pronto una realidad. Ni yo ni nadie en el Planeta Mundi. Fue un instante de justicia poética.

Pocos días antes, en la parte occidental aún pude ver cruces frescas, cruces de asesinados al saltar el muro, creo que en Febrero de aquel mismo año. Pero cuando miré a aquellos niños, he jurado y juro que lo vi claro: eran las dos Alemanias abrazadas. Esos niños eran Alemania.

Dos años después, esa fotografía no sería una profecía sino simple realismo, y no precisamente socialista sino guiri, sólo y ni más ni menos que una maravillosa y simple foto guiri.

Dos años después, por una noche yo también fui alemán.

© Six Roy

J.V.

22:::Octubre:::2008

Hoy cumple 50 años.

Cuando no contábamos más de siete u ocho, éramos inseparables. Incluso llegó a pegársele el acento gato que yo traía del foro; ese sitio cuyo cielo, dicen, es único.

Es uno de los protagonistas del post anterior.

El mar quiso robárselo para sí hace algún tiempo y le asestó un zarpazo cruel que, sin embargo, no le ha restado frescura a la voz. Acabo de felicitarle.

Hace 20 ó 25 años, quizás más, que no nos vemos. Eso se va a acabar.

No sé si lo podré abrazar, pero besaré su frente y le miraré a los ojos. Hablaremos de entonces…, de cuando éramos como dioses.

LUCKY STRIKE

18:::Octubre:::2008

La infancia es un lugar propicio para los mitos. Cuando yo era chico había en nuestro imaginario, tan fértil como delirante, algunas marcas de tabaco que eran verdadera mitología. Eran los tiempos de los celtas, ducados y otros tabacos plebeyos y morochos.

Como los niños que éramos, asistíamos boquiabiertos a las peroratas de los amigos mayores que hablaban con arrobo, misterio y hasta glamour de algunos tabacos. Barruntábamos en aquellos nombres, casi siempre ingleses, el enigmático mundo de los adultos y aventurábamos en él secretos y placeres que inconscientemente pretendíamos capturar si fumábamos uno de aquellos cigarrillos.

Camel, Marlboro, Winston, el Lucky Strike del que después tantas y tantas cajetillas abrí y fumé, o el Pall Mall que en este instante acabo de encender. Esos nombres tenían el valor de los emblemas. Pero había dos marcas de las que los mayores hablaban con voz susurrante y pupilas dilatadas, y su eufonía sólo podía provenir de algún Olimpo que alguna vez habría de ser nuestro. Eran Craven A y Muratti Ambassador. Esas dos locuciones eran como nombres de dioses. Pero había uno del que se decía que era el mejor tabaco del mundo: Philip Morris.

A veces la infancia es el Paraíso y la siento latir cálidamente en mi pecho. Y por si faltaba algo, ahora llueve larga y densamente; y recupero mi niñez con un segundo cigarrillo mientras la lluvia resbala de mi pelo a mis ojos, de mis ojos a mis labios y a la llama viva que habita mi boca.

Six Roy

¿POR QUÉ SOY DEL ATLETI?

27:::Agosto:::2008

Esteeee…

CUANDO YO NACÍ.

6:::Mayo:::2008

Cuando yo nací,
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Trilce, Nietzsche y Dios habían muerto
(de su mismo natural); pero el Dinosaurio…, aaaah el Dino del carayu,
¿ése?, ese pendejote güevón todavía estaba allí.
************************************* dinogif-1.gif
si-no-la-quieres-pa-mi.jpg Y mi mamá.
Después… llegó mi papáfumeque.jpg
aleti.jpgbirrita-rica.jpg luisito.jpg
Y yo, día a día, aprendí la vida.
bebes.gifpunteria.gifcuriosidad-filosofica-i.gifcuriosidad-filosofica-ii.jpg
Me hice mayor, ENGORDÉ un poco. Y era un broncas.sumo-2.jpg
Me eché una novia.sumo.jpg
Tuvimos tres criaturas preciosas.
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Una me salió mayormente putilla…,
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el del medio (de los chichos será), es gilipollas cum laude…,
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y al más friky de los tres le dio por estudiar filosofía…
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Y me eché otra novia: esto de abajo…
jesus-es-mi-amigo.jpg, pero me dejó por otro…

Y asín ya no quiero vivir…suicida-1.jpg
pedorro.gifAdiós.

TAXI DRIVER

27:::Febrero:::2008

taxista-3.giforacion.jpg

Recién acabo de llegar a casa, del Banco. Me ha atendido María (pongamos), a la que no veía en los últimos meses, quince, en los que ha gestado, dado a luz y criado su segunda criatura. María es una mujer amable, diligente y dulce de trato. Al terminar mis consultas le he pedido que diera de mi parte un besito a su infante.

Al salir iba pensando en el porqué he deseado ese gesto tierno para su bebé. Yo no sé nada de María que no se refiera a su trabajo, nada de su otra hija y familia. ¿Por qué le pido un besito para su chinorri (es niño), si son personas que apenas o no conozco? Se lo he deseado de verdad, no sólo por cortesía; a estas alturas de la vida uno ya sabe estas cosas de sí.

Y venía pensando después, mientras conducía, en que el ser humano no está hecho para el artificio, para el trato anónimo, para la vida alrededor de personas desconocidas. Recuerdo mi niñez madrizleña cuando con cualesquiera miembros de mi familia iba en taxi; invariablemente, un miembro adulto de la grey se sentaba siempre al lado del conductor. Era impensable no hacerlo así, y se le daba conversación. Era un modo de descargar aquella situación de su artificiosidad, un modo de hacer al taxista parte por unos instantes de la familia. Y lo mismo con un fontanero que venía a casa, unos pintores de brocha o con el vecino de viaje en aquellos largos lentos trenes expresos Valencia-Madrid (diez horas).

No sé si de entonces, pero aún hoy guardo una reverencia cordial (visceral, de serie) por cualquier persona que realiza un trabajo del que me beneficio; y tiendo al respeto naturalmente o a la gratitud desde las fibras de mi corazón o, cuando menos, desde una cortesía no impostada. Qué más da si media una transacción, esa persona ha empleado horas, días, años tal vez para prestarme después su tiempo y su saber hacer.

Sospechaba, cuando he aparcado el coche que no mis pensares, que no tengo hechuras para asumir la abstracción que supone el intercambio comercial y sus corolarios (el puercazo de Calvino me hubiera hecho a la parrilla con manteca y sin provenzales); y no sé tratar con personas como entes de servicio sin incluir en el trato un quantum de familiaridad (de la que, a veces, me arrepiento). Leí hace años que el psiquismo humano no puede integrar en su mundo más allá de ciento cincuenta o doscientas personas. Esto significaría que somos esencialmente tribales. Quizás esto explica algunas componentes de las guerras, los nacionalismos y otras bajezas humanas…, y la etiología personal de lo que trato de decir.

Después, la vida me ha mostrado su hórrido careto tantas veces que olvido que fui aquel crío de los taxis que envidiaba a mi tío Santiago o a mi padre al lado del conductor. Y abomino de mi Especie. El adulto que soy se oculta hoy tras un periódico en el asiento de atrás.

Si he manifestado mi afecto a María y a su bebé será, pues, por ese trasfondo clánico y ancestral que nos constituye a todos. O eso, o soy un gilipollas sentimental (los improbables visitantes de esta cosa-blog se abstendrán de pronunciarse en favor del segundo término de la disyunción si no quieren que les parta las piernas y les meta los muñones en sal gorda).

SixRoy

VUELTA

30:::Diciembre:::2007

ciberpinguino.gifyadira.jpgRecién ayer mismo, apenas unas horas no más, he restablecido mi conexión a Internet. Ahora soy onanista, no telefonista (interprétese esto como se quiera, pero es algo prosaico: antes tenía adsl de Telefónica sin acento, y ahora lo tengo de Ono). La conexión ha sido posible mediante conversación telefónica con YADIRA, técnica de Ono, voz cálida como de madre con hijos dejados en otro lugar, americana, como todos los que atienden ahora, siempre amablemente, estos servicios. Yadira hablaba como un AK47 engrasado por FORREST GUMP con dos litros de café marcilla en la andorga, dios…, qué locutora velocitud. Me ha hecho entrar y salir en mil pantallas y cuadros de diálogo, he enchufado y desenchufado el modem de veces una montoná, he cambiado la polaridad del cable, he jurado en la lengua sefardí de mis ancestros spinozistas…, finalmente, ya puedo navegar de nuevo en la co(crac)sa tonta de mi blog.

Al acabar, la he preguntado su nombre; se ha extrañado, pero me lo ha repetido. Y yo le he dicho muchas gracias Yadira por su trabajo, y le he deseado un buen día. Mientras me atendía, hablaba a la velocidad de SPEEDY GONZÁLEZ después de un batido de queso feta con broker’s pure farla the best; pero cuando la he personalizado con mi pregunta, no ha sabido qué decir durante un largo segundo. Lo dije en el pasado, lo repito: es el tiempo de SÍSIFO, dice CAMUS, el de la conciencia, el de lo verazmente humano. Después ha salido de su silencio, y como si no hubiera podido integrar mi afecto anónimo, ha respondido con una de esas fórmulas verbales automatizadas que ya no recuerdo. Y ya. Pero yo sigo deseando para ella y los suyos, ojalá todos aquí con ella, un buen día, el mejor año que pronto asomará, una buena vida y también que, si la necesito, esté de nuevo ahí, aunque dispare palabras como pirao de azotea en Wisconsin. Yo la preguntaré siempre su nombre. Soy Luis, de nuevo, y habito en mi escritura.