No creo en ningún tipo de trascendencia ni divinidad, ni creo en las personas o en destino alguno de la Humanidad, esa falaz entelequia que prostituyen tantos maniqueos de un lado como emputecen tantas hienas del otro; y muy difícilmente asiento a la bondad de un hombre o mujer particulares…, por mí la entera Tierra podía petar mañana con todos dentro y salpicar la Galaxia con sus heces.
Pero la sonrisa de este hombre invariablemente rinde mis bastiones, mis defensas, mis convicciones si las tengo, mi dolor y la coraza de mis ojos. Como un niño me allegaría a sus brazos como a los de un padre; y desearía entonces no ser yo, de quien, como diría Cortázar, estoy tan cansado. Cuando el decurso de las horas me hace ovidar su rostro dulce vuelvo a alambrar mis dientes, presto a la dolorosa defensa de mi hartura.
Six Roy



