LA INFINITUD Y EL VIENTO

4:::enero:::2008

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La infinitud y el viento.

En no menos de catorce narraciones usted se sobrecoge ante lo infinito y nos sobrecoge. Digo catorce porque es sabido que esa cifra podría equivaler a lo que no tiene fin, quizás tampoco principio. Afirmación tan extravagante no me corresponde; conjeturo haberla sustraído de alguna de sus páginas, pues cualquier otra hipótesis o bien es inverosímil o nos obliga aceptar que el enigma habita en el tuétano mismo del devenir. Y antepongo lo ante el sustantivo infinito porque, en efecto sobrecogido, no me atrevo a menos; y ya llamarlo sustantivo me parece un descaro ontológico por el que no me disculparé ante mi presumido lector, si bien no hay en ello la menor soberbia por mi parte y sí, más bien, fervor de estilo y ansia de vida. Una fluencia estética. Puede, si se quiere, decirse elegancia; y, por tanto, nada que ver con ese obsceno magreo de moralidades que la cátedra, los gacetilleros y otros impostores de grado llaman Ética. Los desolados de abismo conocemos todos sus disfraces. Y los sabemos no menos falaces que peligrosos.

Usted sugiere que, dado un tiempo infinito, sería concebible y aun indefectiblemente repetible la escritura de un libro que reprodujera palabra a palabra lo que ya fue escrito. Citaré, no más que pour epater le progresiste (omitiré la traducción, no vaya a ser que en mitad de la misma me dé la risaflux, se me corran las cinchas jerezanas y me mee en mis orange fantasy rabbits boxers, dejando inacabado este libelo)…; citaré, decía, algo de Céline. Viaje al fin de la noche. Dada la infinitud del Tiempo es, pues, rigurosamente posible, más aún, necesario en un sentido exigiblemente lógico, que esa obra del escritor desertor fuese repetida hasta la última errata un número infinito de veces. Erragta. Dado lo infinito, ¿no es requerible un círculo del Tiempo sin inicio ni fin? ¿Cómo certificar la edición original? Sólo imaginarlo, da vértigo. Pero aún más vertiginosa es la hipótesis contraria: que aun aceptando la infinitud tempórea, pulularan el Universo hechos, acciones, sentimientos u hombres únicos e irrepetibles, singularidades destinadas al aparecer y desaparecer para siempre en el decurso cósmico (sé que hubiera quedado more fetén vorágine astral u otra locución de presentar, pero hoy estoy vergonzosamente ceñido y sobrio…, ea, sí, torero).

Me libran del temor y temblor la sospecha de no haber definido con precisión algunos de mis términos, premisas y argumentos, lo cual, paradójicamente, salvaría el sentido de todo cuanto existe; y también, por otro lado, la convicción de que hay menos alma viva en cualesquiera de esas monstruosas conjeturas cosmológicas que en una sola de las lágrimas que vierte, en esta noche de soledad azul pared, un hombre que en la foto de sus hijas advierte cómo el viento demora delicadamente sus dedos en los cabellos de ellas.

SixRoy

3 Responses to “LA INFINITUD Y EL VIENTO”

  1. enrike Says:

    épater le progressiste…

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  2. Luz Says:

    La pieza de la fotografía es maravillosa, llena de matices e intensidad.

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  3. CrisC Says:

    Gracias, Luz.

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