UNA MUJER Y EL TIEMPO.

18:::abril:::2008

Andaba el otro día por uno de mis espacios naturales, Consum; tengo otros: Mercadona, Carrefús y la cocina de mi casa. El IES Vertedero no cuenta, allí sólo me gano la cosa salario y no tiene nada que ver con la Vida y sí con la falta de lucidez, coraje y sentido de la dignidad consustanciales a la especie humana; y también con la podredumbre política de los tontucios de Segunda Internacional, con las deletéreas alimañas de la derechona apostólica y con los rebanaos varios de la progresía de esquerres y otras hierbas.

Había comprado fruta y noséquémás, estaba en una de las cajas y vi entrar a una señora: rubia tintada aunque de pelo natural claro, bien peinada de reciente pelu, melena, pelo liso, jeans ajustados de mercaíllo que revelaban una figura correcta, talla 40, 90 más arriba copa escasa, aproximadamente 53 kilos, maquillada suavemente, un metro sesenta y dos de estatura, ojos negros preciosos rasgados, estudios primarios o quizás algún secretariado o así, casada, su marido es un buen tipo, quizás dos hijos, uno de ellos hija adolescente porque su modo de estar sugería la frescura de intercambios de ropa y opiniones con una jovencita, 51 años ó 52 diría yo, algún problema de circulación en la piernas, no tiene amigas pero sí alguna hermana que es su confidente, creo que vive conforme con su vida aunque está convencida de que hubiera podido más, labios carnosos en boca amplia sensual…, la misma que tenía a sus catorce o quince años. Así la recuerdo.

No sé cómo se llama y no pretendo averiguarlo ni nada por el estilo. Esa mujer fue el sujeto de mi primer sueño erótico. Yo andaba por los trece. Recuerdo el sueño, nada especial ni escabroso, se resolvía en un beso largo, delicado y profundo. Lo recuerdo como si lo soñase ahora, la recuerdo como si la viera ahora.

Nada excepto que pasaba por mi calle sabía de ella entonces, absolutamente nada sé ahora. Recuerdo unos versos de mi amigo Marcel (“Pasó el día/ como un tren/ sin vuelta”). Recuerdo mi plagio/homenaje a esos versos: “Pasan los días como trenes sin retorno”.

Amar es un destino, lo demás es acompañarse.
PM476

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