Querría morir

7:::julio:::2008

…, de tener alguna prisa, que no, de querer, qué va, frente a un pelotón de fusilamiento, al amanecer de un Lunes en que cumpliese, por ejemplo, los fiftycuenta años y un día, en el patio de un penal extranjero, solo.

Mi último deseo, este menú: un plato de jamón ibérico, ñam, otro con un buen aceite de arbequinas para mojar un pan reciente, chof, y un reserva de Viña Pomal, glup; un par de tomates rojos en rodajas, algunas hojas de albahaca fresca y una sal de calidad, Maldon o esa gris inglesa o rosa de no sé qué lugar de Asia. Un generoso surtido de sushi y sashimi con un Albariño fresco, glup, glup. Un solomillo de ternera al punto y un Vega Sicilia, glup, glup, glup… De postre, unas natillas o dos, un arroz con leche, unas cerezas del Jerte y una copa de vino blanco de uva Gewürztraminer, reeegluppsss… Me tomaría un buen café, ssshhurrup, cortado con un poco de nata. Querría una botella de un excelente single malt scotch, y otra de la mejor ginebra inglesa…, Asturiaaasshh, badria gueridaaaa… Hielo. Unos paquetes de Marlboro (fumar puede matar, ja, ja, ja…, ay, goño, gue se me ssshaalen las henniasss), y unas cerillas de palo largo.

Antes de la ejecución echaría unas manos de strip poker con alguna bibliotecaria de guardia (haría trampas y la echaría los tejos, of course), y después conversaría unos minutos con los hijos pequeños de mis ejecutores: les preguntaría por su escuela, por lo que quieren ser de mayores, si tienen bici, balón de fútbol (¿Por qué seré del Aleti? ¡Aúpa Aleti!) o casitas de muñecas…, dibujaríamos animales, monstruos y cosas con lápices y pinturillas alpino…, besaría sus blancas manitas al despedirme de ellos, muá, muá…

Al paredón iría vestido de lino crudo, pantalones anchos sin cinturón y cordoncillo de ceñir, una camisa abierta hasta el segundo botón, una chaqueta suelta y cómoda con las arrugas justas del buen tejido, el pelo mojado, oliendo a lavanda, descalzo y un peta mariano en los labios…

En el bolsillo llevaría, doblada la cuartilla, un poema de Serguei Esenin, ése que escribió con su propia sangre a la Vida…

“Hasta luego, querida, hasta luego.
Dulce mía, querida, te llevo en el corazón.
Esta inaplazable despedida
nos promete un encuentro futuro.
Hasta luego, amiga, sin gestos ni palabras;
no te aflijas, no frunzas las cejas.
En esta vida no es nuevo morir,
tampoco lo es vivir .”

Susurraría por lo bajini…, esto que digo: “bienaventuradas las inocentes criaturas de entendimiento roto, porque de haberlo el reino de los cielos habría de ser enteramente suyo por toda la eternidad”.

Unos minutos antes de mi muerte enviaría esta cosa post a las ujieres culonas de las cortes… Rechazaría, por presupuesto, la venda en los ojos…, porque frente a ellos aún brillarían la Luna y Venus; sonaría la melancólica “canción mixteca” de Ry Cooder; cualquier corte del Abraxas de Santana y algo canalla sin concretar…

A mis pies una phalaenopsis para recoger el último aliento y dos goticas, plop, plop, de mi sangre. Y pulsaría, clac, aceptar, o send, o enter o enviar, yo qué sé, algo…

¡Apunten! ¡Fuego! Ciao, querida Especie…, te vayan dando (mayormente).