SENSIBILIDAD POÉTICA

9:::diciembre:::2009

“¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios?”
Vicente Huidobro. Canto I, Altazor.

Llamo sensibilidad poética a una forma extrema de sentir la Vida.

No diré reflexionar, no sería exacto. Aunque sentirla, claro está, incorpore el pensamiento.

Digo sentir porque esta forma de conciencia es el quantum originario.

Luego viene la demora en el análisis, el hemisferio izquierdo del cerebro a toda máquina.

Digo extrema porque de no serlo, no sería poética. Y es debida a un labilísimo animismo de la piel: vibra ante el menor movimiento. Y la hace, pues, vulnerable a todo hecho, emoción, acaecer.

A diferencia de otras formas de conciencia, los umbrales de este tipo
de sensibilidad son muy bajos. Así, casi todo cuanto acontece fragiliza, afecta, deja huella, hiere o eleva.

Esta altísima capacidad de afección define la sensibilidad poética.

No he dicho, ya se habrá observado, que esta particular sensibilidad
sea una forma de escriturar la Vida. Lo he omitido con intención. Escribir poesía es una forma, entre otras, de esa sensibilidad.

El poeta es una desgarradura angélica y demoníaca. Una monstruosidad. Nunca resulta de una opción. Es un destino.

Yo no deseo esta forma de sentir ni a mi peor enemigo.

© CrisC

37 Responses to “SENSIBILIDAD POÉTICA”

  1. signos Says:

    Sé por qué dices esa última frase. Uno, a veces, quisiera afrontar la vida de una manera más fría y pragmática, en términos de “me conviene/no me conviene”, “me interesa/no me interesa”. Tal vez alguien diga que esta última forma de sentir no es sentir, es pasar por la vida sin vivirla. No sé. El famoso verso de Machado “Logré arrancármela un día [la espina]: ya no siento el corazón” tiene su aquel, pero qué bien también (tan bien) no sentir nada, aunque sea para ver por una vez las cosas desde el otro lado de la barrera.

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  2. Nooru Says:

    Admito esas definiciones cuya consecuencia es desgarradora. Comprendo su terrible lógica. Esa sensibilidad parece conllevar una fragilidad que conduce inevitablemente al sufrimiento. No debería ser así. Y no pude articular palabra tras la lectura.

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  3. Atticus Says:

    Desde que lo leí vengo pensando. Qué decir. Me siento como Wittgenstein (en otro contexto): una vez utilizado el lenguaje hay que arrojar lejos la escalera.
    Qué problema: no tener más que el lenguaje y no poderse valer de un instrumento tan imperfecto. Porque ésa es la tragedia: tener/querer que hablar de lo que no se puede hablar con un lenguaje que debe permitirnos ir más allá de lo que se puede decir. Por eso lo usamos así. Y por eso la poesía no siempre ni necesariamente se escribe: es un vivir, un sinvivir. Tan sólo una voluntad que, paradójicamente, no es dueña de sí. Un destino, como sugieres. No sé si una monstruosidad.
    Perfecto post: “casi todo cuanto acontece, fragiliza”. ¿Por eso tu nick?

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  4. CrisCrac Says:

    Así es, Signos, perfecta comprensión. Gracias. Si todavía sigo aquí, como el dinosaurio de Monterroso, es por esto: porque de cuando en cuando alguien te comprende; y de cuando en cuando, alguien te aprecia y quiere.

    Uno, quizás harto de sí mismo, querría ser otro; al menos algunas o muchas veces. Le debo a Atticus una frase de Cortázar que lo refleja: “cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo”.

    Pero también es verdad lo de Machado, en el corazón va la espina. Como en la rosa.

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  5. CrisCrac Says:

    Es desgarradora, cierto. Tampoco yo sé cómo pude. O sí.

    La sensibilidad que hace posible sentir y expresar la Belleza, también aboca (sin opción) a sentir y vivir el horror.

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  6. CrisCrac Says:

    Algún lingüista o filósofo del lenguaje señaló, creo que muy acertadamente, que el lenguaje fue una conquista adaptativa. Eva Madre y nuestros ancestros lo usaron para decir fuego, peligro, hambre o agua. Y luego el decurso evolutivo nos trajo a decir, con esas palabras puramente funcionales, cosas como amor, ciencia, solfeo o esperanza. Claro, el corsé impuesto por la practicidad del lenguaje a la expresión de altos conceptos es muy férreo.

    De ahí, quizás, todas las figuras del lenguaje y particularmente la metáfora, cuyo rango es más ontológico que retórico (sorry por los tecnicismos), es decir, que la metáfora es menos recurso literario que una necesidad de nombrar con palabras la realidad.

    La poesía, muy lejos de ser un canto lírico, es más bien ontología (determinación profunda de lo real).

    “Chillen, putas”, dice Octavio Paz en un poema que intitula Las palabras. Necesariamente. Si las palabras son funcionales, para poder exprimir de su interior lo que no dicen pero deben decir, hay que hacerlas chillar. Yo no las llamaría putas, desde luego, pero para obligarlas a decir lo que pueden y deben sí que las trato malamente, o no.

    Mi nick tiene otra etiología más prosaica, pero como gustaba decir nuestro común y querido Profesor Montero: se non è vero, è ben trovato. “Si Don Fernando volviera, yo sería su escudero; qué buen caballero era”.

    El poeta es un monstruo porque es demasiado humano e inhumano al tiempo.

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  7. Tomás Says:

    Siento, reflexiono, analizo e incluso GRITO ante el espejo con la certeza de que quien se refleja al otro lado me entiende. Ahora bien, “escriturar” los sentimientos lo dejo en manos de los que estáis, como tú dices, destinados a ello: por fortuna no es una unidad de destino (como decía aquel) y podemos discriminar las lecturas. Me quedo con el post.

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  8. Teresa Says:

    Antigua discusión: ¿qué, quién es el poeta?
    “Podrá no haber poetas, pero siempre/ habrá poesía”. La poesía con existencia propia, independiente del poeta: la naturaleza, el misterio, el sentimiento, el amor.
    El poeta como un ser dotado de una sensibilidad especial en su contacto con el mundo: “Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido (precioso, ¿verdad? “la memoria viva de lo que han sentido”). Yo creo que estos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son”. Muchos seguimos compartiendo esa concepción.

    “Pero ¡ay, (y sigo con Bécquer) que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra; y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos. “

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  9. JoseV Says:

    Creo que el sentir, el pensar y la voluntad son los tres ejes fundamentales del ser humano. El estado ideal debe ser el equilibrio entre el sentir y el pensar. Un pensar frío, sin el calor de sentimiento es algo patológico. Un sentir en exceso, como bien indicas, también lo es. Pero ahí está la voluntad, la herramienta que tenemos que ejercitar. Ese es nuestro trabajo, ejercitar la voluntad para poder conseguir ese equilibrio ideal. Es sencillísimo el dejarse llevar por el polo de la sensibilidad, o por el otro polo, el del pensar mecánico-racional. Por supuesto solamente cada cual, conoce realmente sus sentimientos ¡imposible transmitirlos!

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  10. Teresa Says:

    (Uf, no sé a qué tecla le he dado que se me interrumpió lo anterior, ha saltado y no he podido ni corregirlo.)
    Volvemos al problema del lenguaje: filósofos, poetas recalcan su insuficiencia, hacen falta “palabras que fuesen a un tiempo/ suspiros y risas, colores y notas”.
    Otro poeta, actual, cuyo nombre no recuerdo, llegó a decir algo así (cito de memoria) como “Poesía eres tú, dijo el poeta mirando al Diccionario de la Lengua”. Pa’ mí que se pasó tres pueblos, aunque tenga su poquito de razón.

    Y volviendo a Bécquer, curiosamente (y digo curiosamente porque va contra la idea que tenemos del poeta romántico arrebatado por la inspiración) dijo: “…cuando siento no escribo”, sino que lo guarda en esa “memoria viva de lo que han sentido”. El “Se canta/lo que se pierde” de Machado puede ir también por ahí.
    No sé, no lo sé, tan sólo soy una persona que siente y recuerda, no sé dar el salto a la palabra. Admiro y envidio a los que sí lo hacéis.

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  11. kike Says:

    Rimbaud, Baudelaire” y el conde de Lautréamont son muy buenos… para la piel de las sensibilidades… Los cantos de Maldoror, no sé si habrá una traducción pero son monstruosos…
    La poesía es el blues de mucha alma. “Enfin voilà une perle de l´histoire…”

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  12. Romi Says:

    “Sólo los que conocen la oscuridad del abismo pueden alcanzar las altas cimas de lo Supremo”.

    Besos

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  13. CrisCrac Says:

    El grito ante el espejo deviene con frecuencia de la hartura frente a un mundo que se complace en la vulgaridad y el sufrimiento de inocentes, entre otros apocalípticos jinetes.

    Regocijarse morbosamente en ese tedio sería, no obstante, una emoción absurda y pueril, porque no hay otro y es la cancha en la que nos toca jugar.

    Ese grito, otras veces, es cansancio de uno mismo. Acaso este agotamiento tenga como fuente el deseo hondamente humano de incondicionalidad. Pensaré en ello, pero ya sé que le debo el impulso a una novela que leí a los veinticasinada (la compré en una estación de tren, iba vestido de soldado): “La condición humana”, André Malraux.

    Sea como fuere, con ése que nos mira (y si lo filamos de reojo, aunque se haga el sueco también nos mira) hay que entenderse.

    Dices que digo, Tomás, pero yo no he dicho tener a la escritura por destino; sin embargo, no diré que te equivocas. Gracias por quedarte con el post.

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  14. CrisCrac Says:

    Esa especial sensibilidad es angélica y demoníaca. Y, como escribí, se posee y expresa no sólo en la poesía. Pero me pongo en pie ante los Poetas. Hay muy pocos. Nos emocionan e iluminan porque dan forma a lo que informemente sentimos. Pero si lo expresan es porque antes se han abierto en canal y expuesto a la intemperie.

    ¿Quién es poeta?, dices, Teresa. Ésos de la memoria viva, en efecto. Escribe León Felipe que no sabe cuál fue la primera palabra que dijo el primer filósofo, pero sí sabe la que dijo el primer poeta: “ay”.

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  15. CrisCrac Says:

    Pensares y sentires trastocan frecuentemente sus temperaturas sin mayor problema. Son momentos de la misma potencia.

    Me llevo mal con la voluntad, me parece una especie de campesina terca que se empeña en llegar más allá de lo que pueden el pensamiento y los sentimientos. Pero como diría Spinoza, “nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Y la voluntad puede, desde luego.

    No encuentro polaridad entre la sensibilidad y la racionalidad, son expresiones de lo mismo.

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  16. CrisCrac Says:

    … algo he podido corregir en plan linotipista, Teresa.

    Es verdad, se ha dicho tanto de la insuficiencia del lenguaje… Lo curioso es que tal cosa se dice… desde el lenguaje.

    Sé que han insistido en ello algunas ciencias, literaturas y también el pensamiento oriental. Nuestro pensamiento es lingüístico, y toda elaboración mental, práctica y estética parece tener como núcleo, a tenor de las investigaciones científicas, ese carácter lingüístico de nuestra racionalidad.

    Me acojo al criterio que expresé: el lenguaje nació para la supervivencia y cuando necesitamos algo más sofisticado, no queda otra que apretarle las clavijas. La metáfora es esto y, con ella, la poesía y el arte.

    Sostendré esto hasta que otro criterio o experiencia me diga lo contrario.

    Me ha gustado eso del poesía eres tú mirando al librazo ése. Pero es que es verdad. Y Borges no lo diría así, pero nadie lo diría con mayor sentido que él.

    Insistencias en Bécquer…, te regalo este título, Teresa. Podrías escribir algo, lo que fuera, tú sabes, y el título ya lo tienes. El prólogo que lo ponga Signos. O si el Rey Rabí de la Misericordia está tesinando y no tiene tiempo, le podemos pedir a Romi, cuando finalice lectura, que gestione unas palabritas de su amigo…, el Reverte. A ella le va (Romi, te va, lo sabe toda España).

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  17. CrisCrac Says:

    Sé que Rimbaud habló de la necesidad de cambiar la vida.

    No recuerdo si fue él o Baudelaire quien dijo que había que ser absolutamente modernos. La verdad es que ambos se pusieron modernamente hasta las cejas de absenta.

    No he leído a Lautréamont, pero sí, hay traducciones. Y blues.

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  18. CrisCrac Says:

    Es a nosotros a quienes corresponde ir a las cimas más altas y a los más hondos abismos, porque “allí están las verdades que dan que pensar”. Esto escribió mi querido loco turinés.

    En las altas cimas no sé, pero en los abismos hace un frío que da miedo. Menos mal que los besos dan calor.

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  19. kike Says:

    No sé qué decir pero me encanta lo que leo…

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  20. CrisCrac Says:

    No siempre sabemos qué decir pero qué más da…

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  21. Atticus Says:

    Volvamos al mismo Wittgenstein del que hablaba antes: “Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico” (“Tractatus”, 6.552). Creo que hay mucho de sensibilidad poética en la obra y la vida de este hombre. No fue, desde luego, el loco turinés, pero sí el loco vienés. Su obsesión enfermiza por la verdad se parece a la obsesión por la belleza. Como los poetas, estaba destinado al fracaso. Y digo en el mejor de los sentidos. Viajaban a Itaca.
    Antes de morir dijo estas últimas palabras: “¡Dígales que he tenido una vida maravillosa!”
    Estuvo en algunos abismos. Ni siquiera adivinó que los besos dan calor.

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  22. CrisCrac Says:

    Qué casualidad, o no, traer aquí a colación a Wittgenstein
    después de unos comentarios en los que se dice de decires y de
    las dificultades de éstos.

    Para los que no tenéis por qué conocerlo, os diré que es el más influyente filósofo lingüístico del Siglo XX. Una de sus más célebres sentencias refiere que es mejor guardar silencio cuando algo es inefable. Conjeturo que en el fondo no creía en eso.

    Cuando algo se resiste a ser dicho, entonces… “chillen, putas”
    (O. Paz). Los poetas se parecen a los futbolistas cuatro y seis en que se juegan la vida entre líneas, donde arrecian los golpes, el ahogo, el juego, la Belleza y la Vida.

    Me pregunto ahora lo que Kavafis nos quiso decir. Itaca es el Viaje a Itaca.

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  23. Atticus Says:

    He tenido siempre esa impresión, CrisCrac. Me interesa tanto su vida como su obra. Pero esa sentencia con la que termina el “Tractatus” (“De lo que no se puede hablar hay que callar”) me parece insatisfactoria. El propio Ludwig -lo conozco desde hace tiempo, tenemos antigüedad en el trato- lo dijo varias veces en otras obras y cartas: había que averiguar todo lo que podia decirse, pero lo verdaderamente importante es aquello que no puede decirse. Ésa es su gran paradoja y encrucijada. Wittgenstein no fue un poeta, pero los poetas arrancan justamente aquí: ése es su drama, decir lo que no puede decirse, retorcer el lenguaje hasta hacerlo sangrar, pervertirlo y extenuarlo.
    Los puristas no te perdonarán, CrisCrac, pero el símil futbolístico es redondo. Y éstos son los terrenos en los que vale la pena vivir, fuera del confort de la grada, con el runrún del rebaño, que jamás creará nada grande. Salvo, claro está, la demencia del Estudiantes.

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  24. CrisCrac Says:

    Por certeras que sean, las palabras nunca serán lo que designan o desean encarnar.

    Es el drama del creador, en efecto, su miseria y su grandeza. El poeta transita el tortuoso y oblicuo camino del lenguaje para ir, paradójicamente, por el camino más directo al corazón de la cosa.

    Los puristas no entienden de fútbol, ni de nada que valga la pena. Hablando de pena, el Atleti ha vuelto a perder.

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  25. Mara Says:

    ¡Inteligencia, dame
    el nombre exacto de las cosas!
    … Que mi palabra sea
    la cosa misma,
    creada por mi alma nuevamente.
    Que por mí vayan todos
    los que no las conocen, a las cosas;
    que por mí vayan todos
    los que ya las olvidan, a las cosas;
    que por mí vayan todos
    los mismos que las aman, a las cosas…
    ¡Inteligencia, dame
    el nombre exacto, y tuyo,
    y suyo, y mío, de las cosas!
    Juan Ramón.
    PD: El Valencia, también.

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  26. coletas Says:

    Unas palabras de una gran sensibilidad. En ocasiones no me salen las palabras y eso me fastidia. Suele pasarme, será que soy de música y sólo puedo cantar MAAAMMMBÓÓÓ!!!
    Muasets.

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  27. coletas Says:

    ¿Por qué no me sale el mismo bichito de antes? Buenooo…, admito este como animal de compañía…

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  28. CrisCrac Says:

    En Cien años de soledad hay algún momento en el que se dice
    que al principio de los tiempos las cosas no tenían nombre, y para referirlas había que señalarlas con el dedo. O algo así.
    Maravilloso. Es el valor del gesto.

    Creo que los profesionales de la cosa lo llamáis con una rareza: segmentos suprasegmentales. Ya os vale. Bertrand Russell llamó a los pronombres que señalaban los objetos, deícticos (por lo de señalar con el dedo, creo). Otro que tal y pascual.

    En uno de los relatos de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, un personaje, el Kublai Khan, prefiere los gestos, los gritos y pantomimas a las palabras, porque le parecen más certeros, emotivos y poderosos. El nombre de las cosas no son las cosas, el de la rosa tampoco.

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  29. CrisCrac Says:

    Las palabras no siempre salen, las muy pupus, de ahí que haya que girar, torcer, morderlas el xixol, meterles mano en el cajón de la ropita flux o ponerles banda sonora.

    Un mambo, ea, por qué no. Será que eres de música. El de Gustavo Duhamel, ese mambo. Mush.

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  30. CrisCrac Says:

    No te sale el bichito, mecreodequé, porque la dirección electrónica no es la misma que la del otro bichito. Como animal de compañía éste parece de más periqueo.

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  31. Atticus Says:

    Curioso. Al tiempo que escribías estos comentarios yo estaba dando vueltas a un par de posts que pronto “colgaré” (qué raro se me hace aún el uso de estas palabras). Uno habla sobre mis profesores. El otro sobre “El nombre de la rosa”. En el de los profesores digo algo del divino Don Fernando Montero. Ahora tengo un libro suyo ante mí, “Objetos y palabras”, que empieza con una cita de Heidegger: “Sólo cuando se ha encontrado la palabra para el objeto, es el objeto un objeto”. En el segundo hablo, naturalmente, de la necesidad del nombre para saber lo que es la rosa, pues cuando ya no está la rosa lo único que conocemos de ella es su nombre. Y también de la importancia de los nombres en ciertas películas. Pronto lo tendré listo.
    El nombre de las cosas no son las cosas, pero temo aquí ser más aristotélico que CrisCrac: conocemos nombres, no sólo nombres, pero sobre todo nombres. Son el límite cruel, ése del que a veces he hablado, la demarcación de lo cognoscible (no he bebido, lo juro). Pero después llegaron Hölderlin, Aleixandre, Borges y los demás. Por suerte.

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  32. CrisCrac Says:

    Felicitémonos, Atticus, hemos tenido excelentes maestros. Entre ellos, Don Fernando Montero. El mejor.

    No olvidaré nunca a su tía Eduvigis, con su incontestable y objetivamente bello jarrón. Para los que no sabéis de él os diré que era algo así como el maestro que interpreta Fernán Gómez en El lápiz del carpintero. Era un hombre con maneras de la escuela libre de enseñanza.

    Qué deliciosa es la secuencia final de la película El nombre de la Rosa, cuando Adso, ya anciano, recuerda a la chica y dice que nunca supo su nombre.

    Aviso a los lectores: cuando Atticus jura es que ha tenido trato (carnal) con el scotch single malt, solo o en compañía de otras. Fijo, nengs.

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  33. Atticus Says:

    Me difamas, CrisCrac. Cuando juro es porque no deseo que piensen que soy así a tiempo completo. Es que me provocas. Trato carnal últimamente sólo tengo con mis recuerdos y mis ilusiones. Y al scotch lo tengo abandonado. Por fortuna. Suelo tomarlo solo, en casa, y el sábado compartí Coronita con la noche y la elegancia, con las palabras y los dones. Dios existe a ratos, yo lo sé. La pena es que toma vacaciones de funcionario docente, moscosos y años sabáticos. Pero de vez en cuando vuelve, me sorprende bajo formas inexplicables y palabras que acarician y aturden.
    Nunca solo, siempre en compañía de “otra(s)”, como dices.
    Recordé, naturalmente, que hay instantes, fracciones de segundo, en que hay algo que no puede nombrarse. Pero está. Sin esperarlo. Y quisiéramos violentar el transcurso de tiempo, congelar las palabras, deterner el movimiento de una mano que mueve un mechón de pelo y luego lleva a la boca la botella de cerveza en un gesto que de repente es nuevo, y dice “Sabe a limón”, y su dulzura sorpende precicamente porque es nuevo habiéndose repetido tantas veces.
    Nos reímos. Me dijo: “No soy la mujer de tu vida, pero sí la mujer de esta noche”. ¿Y aún hay quien duda de la existencia de Dios?

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  34. CrisCrac Says:

    Que no, qué va…, qué voy a difamarte, Atticus.

    Te lo confieso, así entre nosotros: lo que hago es darte mala fama, eso sí, pero mala fama de canalla (es la última tendencia fashion behavior men…, y a las titis les va; se lleva, lo que yo te diga).

    Por cierto, ya me explicarás todo eso de ese Dios por entregas. Asustao me tienes.

    Esta noche, como cada noche, la mujer de tu vida te está buscando desesperadamente.

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  35. Atticus Says:

    Hoy me han dicho que el mal del mundo procede del sueño de Dios. Siempre ha existido, dicen, pero no: es que desde aquí no se acaba de entender la magnitud temporal de un ser que no crea en el tiempo, sino con el tiempo. Pero a veces Dios abre un ojo; y pasa lo que pasa: deja vivir, gozar, imaginar.

    La mujer de tu vida… Es más hermoso la mujer de hoy, de esta noche, de este segundo detenido.

    Y gracias por lo de mala fama de canalla. No lo creen, pero buen intento.

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  36. CrisCrac Says:

    Sí lo creen, Atticus. Lo creen. De aquí a nada tu fama te precederá, y las tendrás que dar número. Temple, castigador.

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  37. Sentir, sentir…Bestial CrisC. Y vuelven a mi cabeza tus letras… “Este trayecto de los sentidos al alma…” Te leo y tus palabras me desnudan, te leo y el mundo entero explota en mi boca…Mmmm…¡Qué grato sabor! Un abrazo CrisC!! 🙂

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