ANTROPOLOGÍA ETÍLICA

27:::febrero:::2010

La maestra observa, mientras desgrana los enigmas de la geografía, la somnolencia de uno de sus pequeños. Se acerca a tiempo de recogerlo del desmayo en sus brazos. Dos profesores de guardia lo llevan al hospital. Han llamado a su madre, que sale desbocada en busca de un taxi. Un transeúnte percibe su desesperación, y la lleva en su coche a urgencias.

El médico ya está con el infante, el personal de enfermería lo atiende con mimo y profesionalidad. El sistema informático que cayó al amanecer ha sido restablecido por los técnicos. La red de conducción de aguas fue reestructurada en los últimos días y sirve a la perfección.

El quirófano está listo, los focos iluminarán al pequeño paciente sin sombra alguna; es el resultado de la aplicación de una excelente investigación del departamento de óptica de la facultad de ciencias físicas. El anestesista prepara la alquímica mixtura que requiere un niño y seguirá su respiración segundo a segundo.

Cuando salga de la operación recibirá los cuidados del personal médico, empezará por tomar zumos, caldos, dieta blanda y hasta golosinas. Es domingo y el personal de cocina le prepara algo especial. Habrá payasetes que lo visitarán cada día para dibujarle una sonrisa.

Cuando vuelva a la escuela, su maestra lo pondrá poco a poco al día. Y jugará en el patio con su peña de gamberrillos titulados bajo la mirada atenta de sus maestros.

Todas estas personas se llaman Juan, Ana, Pedro, Elena o Ángeles… Son hijos de Eva, Lucy, María o comoquiera que se llamase la Madre africana de todos los hombres. Y son mis hermanos.

A veces, como se puede comprobar, mi obscurecida concepción de la naturaleza humana olvida cornearme la femoral del alma y, aplicado mamoncete de bebidas espirituosas, me dejo secuestrar por una antropología franciscana y pastelona.

Luego, siempre, acude al rescate el ejército abstemio de salvación. Siesos.

“Y bebí vino porque aquella noche, de no haberlo hecho, no hubiese podido experimentar la impresión de que todos éramos hermanos”

Ernest Hemingway. Adiós a las armas.

http://www.youtube.com/watch?v=6wHPa3o8e0g
http://www.youtube.com/watch?v=CHaaf3XteWQ

… afectuosamente, al personal del Instituto Valenciano de Oncología
© CrisC

MUJER EN LAS MANOS

12:::febrero:::2010

El protagonista de la película Cielo sobre Berlín es un ángel a quien
no satisface su desencarnada existencia. Quiere ser, y lo consigue, un hombre. Sólo un hombre. Le sorprende el frío, una pequeña herida
que sangra, y el amor.

Carlos Montenegro era soldador en una acería alemana. Una vez amó a una mujer, fue un match glorioso.

Comprendió a aquel ángel que quiso dejar de serlo.

Si Zeus castigó a Prometeo fue por envidia del poder humano de sentir. Nada en ningún Olimpo puede igualarse a esa plenitud.

El poeta Enrique Badosa anota este verso: “Quien no se siente ser si no
es con otros, necesita también carne de muchos para sentir su carne”. Los poetas yerran a veces, como en este caso. No se siente uno a sí mismo si no es en los otros; no hay otra inmortalidad, hondura ni infinitud que la que se bebe de unos labios.

Carlos Montenegro supo de la Vida un atardecer, una sola vez, no necesitó más.

Jaroslav Seifert, en el poema que intitula “Tan sólo una vez”, dice que el paraíso quizás no sea otra cosa que “una sonrisa mucho tiempo esperada y una boca que susurre nuestro nombre”.

“La carne me ha enseñado el más hondo saber”, recita Félix Grande. Y también que una mujer es “el único lugar adonde ir”, porque “sin mujer en las manos lo mejor es morir”.

http://www.youtube.com/watch?v=rV3AcmDkF3g


© Six Roy

NINE

3:::febrero:::2010

Es un musical. Me gustan los musicales.

No sabía mucho más cuando decidí ir a ver la peli el pasado miércoles.
Fui a calzón quitado. Barruntaba que había algunas buenas actrices. Y que la protagonizaba Daniel Day-Lewis, un actor singular y magnífico; su papel de carnicero en “Gangs of New York” me parece un prodigio de interpretación y lo mejor de ese film.

A los pocos minutos aparece una anotación: Roma, 1965, Cinecittà.

Pensé: Fellini. Casualidad.

Y nada más, una asociación automática y lógica. Y no sé si antes o después, una secuencia con decenas de (ñam) maravillosas mujeres que parecía haber dibujado el benefactor de los hombres: el gran Milo Manara.

Pensé: Fellini. Casualidad.

Aparece un productor con sombrero como los que solía llevar Fellini. Pensé: Fellini. Será casualidad, me dije, el tal productor no se parece a Fellini. Tampoco Daniel Day-Lewis.

Y aparece una actriz que interpreta a la mujer del director. Se parece a Giulietta Massina. Joeeessshhh… ¿Casualidad?

Y un corto fragmento musical es… ¡música de circo! E ‘Fellini!

El film es de 2009, dirigido por Rob Marshall y parte de un musical de Brodway. Algunas de las canciones coreografiadas son muy buenas. La del personaje Saraghira es espléndida (recuerda a la Volpina de Amarcord). La actriz está estupenda, en todos los sentidos; sería capaz de devorar al 6º Ejército Alemán al mando del General Von Paulus si antes no se lo hubieran merendado los soviéticos, el führer y el General Invierno.

Las que interpreta la actriz que hace de Giulietta Massina son muy buenas. Como ella, esa actriz es una dulzura y un encanto. La canción que interpreta Nicole Kidman es muy bonita. Preciosa voz. Y hay hacia el final una canción italiana clásica que es una maravilla.

Penélope Cruz es un caso aparte. Interpreta un baile y una canción maravillosamente. Es una enorme actriz, es ya una gran actriz.

La escenografía es un prodigio.

Pero algo no acaba de funcionar. A veces parece una película que pretende imitar el caótico mundo felliniano sin conseguirlo. Otras veces parece fríamente planificada y, claro, no puede funcionar. No dibuja convincentemente los años 60.

Day-Lewis es un actor descomunal, pero no lo veo como Fellini. Ni soy un cinéfilo, ni conozco tanto la vida del director italiano como para poder afirmarlo, pero no me parece Fellini. Y su tormenta interior no es creíble. No es culpa del actor.

La música es muy buena, pero no emociona. Y eso en un musical es grave. No obstante, la película crece a medida que avanza y la vería otra vez.

Anotación para jungianos y creyentes en la causalidad: cuando me devolvía a casa, ví a un tipo entrando en un coche. Llevaba una gabardina y un sombrero como los de Fellini. Chapaíco.

Por cierto, acababa de salir del cine. Sólo quería tomar unas notas para
el post, pero casi lo acabé… Qué sueño. Y me di cuenta de que no sabía por qué se intitulaba Nine. Sigo sin saberlo.

http://www.youtube.com/watch?v=9qz5H95dYGc
http://www.youtube.com/watch?v=69hVCzoYq0s

… dedicado a todas las criaturas que como Gelsomina
© Six Roy