MI INFANCIA SON RECUERDOS…

24:::abril:::2010

Cuando yo era niño en casa no teníamos televisor.

Así que las comidas y cenas de mi infancia están llenas de las historias que mis padres me contaban. Recuerdo las de la mili de mi padre, como aquélla en la que ganó una carrera atlética en la que participaron varios cientos de soldados de su cuartel y de otros. Le dieron como premio un bocadillo y un paquete de tabaco. Mi tío Luis, mellizo de mi padre y padrino mío, quedó también de los primeros.

Me contaban historias de los compañeros de trabajo y de aquellas casas en las que vivieron y viví con derecho a cocina, baño y en las que cada familia ocupaba una habitación.

Me contaban cómo me rompí una clavícula, la cara de susto que ponía cuando explotaba un globo en el paseo de los domingos y del afecto paternal que me tenían Luis y Juan, dos funcionarios de prisiones que consentían en colocar en mi cintura la cartuchera de su pistola (recuerdo cruzar la calle así investido).

Yo debía de tener poco más de tres años. A Luis lo recuerdo joven, delgado y peinado a raya. Juan era un hombre mayor, de piel y ojos claros, casado y sin hijos; y que, según mis padres, me consentía todo. Me acaba de contar mi madre que aquel hombre sentía un incondicional cariño por aquel pequeñajo que fui.

La cárcel estaba frente a mi casa y pasaba allí muchas horas con Luis
y Juan; charlaba y jugaba a las cartas con un preso que era futbolista y había embarazado a una jovencita. Me contaban mis padres que aquel chico les hablaba de mí a Juan y a Luis con lágrimas en los ojos.

En una de aquellas casas había un corral. Un día, tendría yo dos años, un gallo se me lanzó a la cara y me hizo una cicatriz desde casi la oreja hasta la boca. Ya no la veo, pero ahí está. Al volver del trabajo, mi padre entró al corral y estranguló al gallo. Para gallo, mi papá.

De aquellos relatos de realismo limpio me queda en la memoria una legión de nombres, rostros e imágenes.

Pasado el tiempo y aún niño me sorprendía el hecho de que aquellos seres mágicos hubieran desaparecido de nuestra vida: fandiño, bocanegra, la quinti, zapatones, bolinga, isabelín, mayo, vinagre, inés, piedad, miguel el loco, gavela, chinvito, matías (que murió aplastado por una máquina y casi en los brazos de mi padre), el gitano, mandrino, la tía fernanda o pereiro…

No me cuadraba, y no me cuadra, esa desaparición.

Ya lo he referido en otros posts, debe de ser una pulsión tribal que recorta nuestra percepción sentimental a sólo un par de cientos de personas, más allá de las cuales todo se difumina y resulta extraño.

A nadie sorprenderá que haya escrito este post tras el cristal de mis lágrimas. Como ya escribí hace tiempo, “aquella noche (ésta) pude al fin llorar como llora una mujer, que es el modo en que lloramos los hombres”.

Si me aguarda ese túnel de luz que dicen, los quiero a todos ahí. A todos.

… dedicado a todos ellos, a mis padres y a la Vida
© Six Roy

EL RAPTO DE EUROPA

17:::abril:::2010


“El rapto de Europa” (1636), óleo sobre tabla de Rubens (escuela flamenca).

O se espabila Europa o desaparecerá.

Es un duelo de titanes. USA y China, pero también Brasil y los dragones asiáticos se afilan las uñas.

Turquía, Rusia y Gran Bretaña son un peligro a desactivar: se debe
ganar su concurso. Una inteligente muslimpolitik es imprescindible. Israel es absolutamente Europa y una democracia, no se debe olvidar, como tampoco la necesidad de leerles la cartilla.

Europa debe ser una potencia militar. Y la vanguardia en la defensa de los Derechos Humanos y de un welfare state exigente pero no candoroso. Más inteligencia aún habrá que tener con la inmigración. El Centro y Sur americanos deben ser contemplados. Y África.

Ni zorra tengo del cómo de todo esto.

Europa deberá hallar un camino, una unión eficaz. Pero esto no es fácil. He aprendido que lo que mueve a los individuos y a los pueblos no son tanto los intereses, que también, cuanto los relatos.

Lo que hace que los hindúes respeten a la sagrada vaca, los musulmanes no coman carne de cerdo u otros pueblos tengan unos u otros ritos, no son las profundas e inconscientes necesidades de adaptación al medio, que son reales, sino los relatos emotivos: leyendas, mitos, religiones, ideologías.

Sólo lo que apela a la emoción moviliza al ser humano.

Europa sólo puede echar mano, a tal efecto, de Grecia y Roma, del Renacimiento y de la Ilustración. Porque el sustento judeocristiano, en su versión vaticana (derecha cristiana), o en su versión marxista (izquierda cristiana), está desacreditado. Y porque la tentación, siempre eficaz, de inventar un enemigo común que aglutine a los europeos es siempre muy peligrosa.

Debe ser capaz de alzar un relato emotivo que disuelva la estupidez nacionalista.

O eso o seremos una provincia del Imperio. Del que toque.

(… son las siete de la mañana, me voy a la piltra. Propongo a los europeos que nos hagamos todos del Aleti, esa unidad de destino en lo sobrenatural.)

© Vil Korea

LOVE IS IN THE AIR

10:::abril:::2010

“A ver, choca la mano…, primo”.
El Rey Lui

Luego no digan, señoras, que no semos elegantes, miren aquí a mi primo, qué apostura, qué rendida caída de ojos, qué cariñito, delicadeza y mimo.

http://www.youtube.com/watch?v=88BKHeWfA4Y
http://www.youtube.com/watch?v=6AH7e3qK0EA

… dedicado al primo Lui
© VilBill

LA P€NA D€ VIVIR

4:::abril:::2010

“¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios?”
Vicente Huidobro. Canto I. Del libro “Altazor”.

Creo recordar que Atticus hablaba hace unos meses, en algún post,
de la conocida sentencia de Albert Camus sobre el hecho de que el único problema filosófico importante es el del suicidio: decidir si vale la pena
vivir o no.

No tenemos otra cosa que la vida, así que la cuestión podría parecer
gratuita o incluso rozar la estupidez. Si la vida es todo lo que tenemos, qué diablos hacemos poniéndola en cuestión.

En estos tiempos de acerada crisis económica me da por filtrar desde un paradigma económico, economicista o econométrico, como quiera decirse, esta cuestión que planteó Camus.

El caso es que ¿cuánta pena merece la vida? La frase viene a decir que
la vida es dura, como la ley, pero que pasar penas es un precio razonable a cambio de vivirla. Eso sí, si el monto total de la pena es mayor que el
de la vida, ¿para qué seguir en el negocio?

Vivir es lo que toca, pero es muy caro. Es como esas prendas de ropa
que te gustan y que te van a sentar de bien que vas a ir por los bulevares como un pincel divino de la muerte cosechando féminos requiebros y haciendo echar humo la agenda del movistar.

Pero no te las compras, porque son muy caras. Como vivir.

“Quizás del otro de la muerte/ sabré si he sido una palabra o alguien”.
Jorge Luis Borges. Del poema “Correr o ser”. En el libro “La cifra”.

© Six Roy