SOBRE LA ELEGANCIA

10:::abril:::2011

Hice notar al médico que Kant no se sentaría, por más que seguir de pie
le hiciera sufrir, hasta que no supiese que sus visitantes habían tomado asiento.

“Los últimos días de Enmanuel Kant”. Thomas de Quincey.

la elegancia es una categoría mestiza entre la ética y la estética

así, elegante sería alguien de noble corazón y delicado en sus formas;
pero no sé si esta elegancia híbrida debería comportar necesariamente un compromiso altruista y, al tiempo, una deferencia en el trato cotidiano

quizás sí, seguro que sí

sospecho que la elegancia emana de dentro a fuera de manera natural, porque lo contrario sería prosopopeya de petimetres, magreo jesuítico o pija afectación; y lo que conjeturo es que, de algún modo que no sé, esa elegancia se expresa en el porte, maneras y en los actos, pero también,
por supuesto, en los trapos

y sé, o creo saber, que yo no hallaría elegante a alguien descuidado en
sus formas, voz, risa, humor o que fuese vulgar en sus vestidos, o lleno de ovejuna grisura en su aspecto o que, por el contrario, fuese un o una maría colorines; como tampoco encontraría elegante a un dorian gray: por su impostura moral (y por hijoeputa, como comenta terétty en estilema)

sé que el dolor, el desencanto, las decepciones de hondo calado dejan
poco margen a la elegancia; en todo caso procuran, no más, una coartada
a ciertas estéticas del pesimismo, del perdedor o de la melancolía, alguna complacencia en bajas pasiones: no me interesan las estéticas del fracaso

ser elegante es un imperativo categórico y, si se quiere, un brindis al sol: esto sí

un ejemplo de elegancia, que impactó al adolescente que fui: en la peli
“las uvas de la ira” los protagonistas atraviesan miles de millas en plena depresión del 29 hasta llegar, creo, a california; los acogen en un albergue; la madre del protagonista, una mujer mayor, queda demudada en una secuencia: “¿le pasa algo a su madre?”, le preguntan a su hijo, y él (henry fonda) contesta: “hace mucho tiempo que nadie se dirigía a ella llamándola señora”: ese “señora” de quien acoge a unos campesinos míseros y trata, como a la dama que es, a una campesina…, eso es elegancia

también me pasa como a signos en su reciente post de 3 de abril, que enlazo

http://estilema.wordpress.com/2011/04/03/tipos-elegantes/
http://youtu.be/HqiToerMW0c

querría ser elegante: en ésta o en mi séptima vida, que para eso soy gato

… dedicado a un hombre elegante: el tío perejil
© PM476

17 Responses to “SOBRE LA ELEGANCIA”


  1. Pienso en el arte del saber estar, en el arte del silencio, en la virtud del saber recibir a todo aquel que entra por tu puerta y también en la del saber entrar por cualquier puerta, en la palabra gracias, en la determinación ante uno mismo para salir de situaciones dolorosas, en el coraje necesario para romperse aunque no se sepa quién seremos mañana (como una semilla que parte su envolvente desconocedora de que esa misma tarde brindará con un rayo de sol), en el saber leer un gesto, en la importancia de los aparentes pequeños detalles (realmente son grandes, GRANDES), en el saber anticiparse a la necesidad de otr@, en las consecuencias de una palabra, en la luz…

    ¡¡Un besoOOte grandíIIsimoOO, CrisC!! (con mucho cariño de una gata a un gato. ¡En alguna vida seremos elegantes! ¿No? Jajaja) Y por supuesto, ¡¡otro eNOORMEE para el tío perejil!!

    ¡¡MMMUUUAAAAA!! 🙂

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  2. coeliquore Says:

    También es elegante quien, tras recibir un golpe injusto e inesperado, no lo devuelve, haciendo ver al otro con su actitud que el inelegante era él. El que, a pesar de seguir amando, es abandonado y desea al otro lo mejor. El que acepta una derrota. El que sabe decir adiós.
    Un animal elegante, para mí, es el caballo: sociable, nunca duerme, siempre alerta, no ataca pero está listo para emprender la huida si se siente amenazado.

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  3. CrisC Says:

    :::
    me gusta ese estar del “saber estar”, porque incorpora en su estructura profunda un saber ser, y así concita la estética del primero con la ética de este segundo (igual no me explico)

    y también me gusta lo del silencio y el saber entrar y salir, artes difíciles

    el tío perejil: ya contaré algo, un caballero

    va de gatos (cosa de los madriles, pa quien no lo sepa): qué digo, de aristogatos: miau

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  4. CrisC Says:

    :::
    esa elegancia del saber y querer poner la otra mejilla…, uff, no sé, yo no podría, al menos así, como norma genérica, aunque creo haberla practicado más de una vez y no tengo objeciones globales contra ella: también creo que no la he seguido en ocasiones, cuando hubiera debido

    :::

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  5. coeliquore Says:

    No he dicho poner la otra mejilla, sino no devolver el golpe. Lo que es distinto.
    Miau

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  6. paraqueloleas Says:

    Los elegantes tambien lloran, se enfurecen y hasta devuelven el golpe, solo que lo hacen de ‘otra manera’. De acuerdo en que la elegancia sale de dentro, no se aprende (uno aprende a ser educado, a comportarse). Y en cuanto al vestir, estamos hartos de ver como una misma prenda comprada en un mismo comercio, no la lucen igual dos personas: una nos puede parecer elegante, y la otra una auténtica hortera.

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  7. Ananda Says:

    No hay nada más elegante que tratar al adversario con respeto y devolver el golpe con dignidad.
    En cuanto a las “vestiduras”, ya lo dice el refrán: Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

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  8. CrisC Says:

    :::
    poner la otra mejilla, devolver el golpe: sutiles distantes distintos

    yo también creo en la posibilidad de una elegante furia; me gusta la precisión conceptual: las formas se aprenden; la elegancia se lleva, mama, absorbe, o quizás tenga algo de genética

    vestir: tiene su importancia, su punto, su lugar

    en algunos partidos de fútbol hay gestos elegantísimos en relación al rival, emocionantes; también creo que puede haber elegante dignidad en un golpe devuelto: y en uno que no se da

    el hábito no hace a la mona, o al monje, o yo qué sé

    :::

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  9. Atticus Says:

    Dijo una vez Valdano de Vitor Baia (un portero portugués que tuvo el Barça) que tal vez no era el mejor portero del mundo, pero sí era el que encajaba los goles con más elegancia. Cierto. Hay una elegancia deportiva que, al igual que en lo sentimental, casa muy bien con la derrota. Porque en la victoria no hay que ser elegante, sino generoso. Se elegante en la derrota es saber irse, no proclamar a gritos injusticias inexistentes, no suplicar lastimeramente. Aceptar, tal vez aprender, nunca odiar.

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  10. CrisC Says:

    :::
    Valdano es un tipo elegante, no hay muchos en el fútbol español. Eulogio Gárate, histórico nueve atlético, era y es otro.

    Baia, recuerdo, gustaba a las féminas; lo otro ya no sé. Veo esa elegante derrota, también veo elegancia en la generosidad victoriosa.

    No sé si he odiado alguna vez, creo que sí, porque tal vez hubiera sido capaz de incompatibilizar con la vida a algún que otro monstruo.

    :::

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  11. CrisC Says:

    :::
    atticus y yo nos conocemos hace una pila de años

    y nos debemos uno a otro, como es de rigor entre buenos amigos, muchas cosas; por ejemplo, le debo una frase de cortázar: “cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo”; y quizás él recuerde que me debe unos versos de borges: “te incumben los deberes de todo hombre, ser justo y ser feliz”

    ahora le debo “matar (a) un ruiseñor” , que leí porque me regaló la novela y que he visto ha poco, por lo mismo, me regaló el dvd

    atticus finch, protagonista de libro y del film, es un paradigma de la elegancia: atticus también

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  12. JoseV Says:

    Resumiría la verdadera elegancia, como la capacidad para: “aceptar”, “perdonar” y “respetar” con humildad (entiéndase humildad como sin orgullo). Por supuesto, esta elegancia mana de dentro hacia fuera y suele incluir a la “otra elegancia estética”. Esta última, la estética o la de los “buenos modales” no tiene porqué incluir a la primera.
    Salud

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  13. CrisC Says:

    :::
    vectores muy diversos confluyen y parecen emulsionarse en esta categoría híbrida de la elegancia: en algún lugar leí, u oí, que el término griego kalós concita bondad y belleza, o algo así

    quizás la elegancia sea una traducción, o mejor, la encarnación de una interioridad informe en una forma visible: una emanación

    esto supondría, claro está, que la elegancia no sería algo substante, sino la expresión de otra cosa de rango más esencial, más originario, primigenio, fuente…, pero esto ya es metafísica

    la elegancia sería la presentación en sociedad de un carácter, de un corazón, del alma misma: un alma bella, un gesto noble: ¿hablo acaso del héroe trágico?, ¿no lo es todo héroe?: cuando tenía veinte años escribí un verso que decía, más o menos, “y tuve en mi cuerpo la edad de los héroes”

    recuerdo pensar que ésa era la edad de los héroes, entonces, cuando la épica nada significaba para mí

    :::

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  14. Mariel Says:

    Percibo de casi todo lo escrito que subrogáis la elegancia a la humanidad, un término que, por otra parte, le viene grande a la misma en demasiadas ocasiones. Quizá debiera ser así. Ya ni siquiera quizá, más bien ojalá fuera así. Pero temo no estar de acuerdo (o sí) con algo de lo dicho. Aunque sí lo estoy en cuanto a que la elegancia no es algo que se cultiva, lo son las buenas formas.
    Veo personas elegantes constantemente. Personas que no se lo merecen, pues ni siquiera atisban lo que son, y ya ni mucho menos por qué lo son. Personas que visten, se peinan o lucen un desmadrado moño con tal gracia que te gustaría tenerlas al lado solo por el mero hecho de que esa luz alumbre aunque sea al roce tu grácil figura.
    Pero también hay personas elegantes en cuanto a su personalidad. Son esas personas que te alegran el día por devolverte el saludo cuando te los cruzas, que siguen empatizando aunque eso sea una habilidad totalmente demodé, personas que no se dejan hundir en el lodo de la ignorancia y saben sacar partido al ostracismo.
    No creo que sea una cualidad exclusivamente humana, los animales, como bien se ha dicho, también poseen elegancia en sus formas, de lo que deduzco que la elegancia va más allá del razonamiento, aunque probablemente no lo sea del todo sin él.
    He de reconocer que nunca sabré definir ningún concepto, al menos tan abstracto como los que aquí se proponen (la ternura, la elegancia…), y con gran tristeza igual he de decir que cada día tengo menos ejemplos en los que basarme para hacerlo. Me da miedo que algún día las cualidades que marcaron una época (el honor, la elegancia, el respeto, la honra…), sólo sean conceptos sobre los que divagar al intentar explicarlos, frases breves y analfabetas dentro de un cuadro al igual que hoy en día se definen las características del Paleolítico. Me da miedo que todo aquello en lo que creo y pienso que hace hombre al hombre quede en desuso y pase a imperar el lamarckismo más absoluto.
    No es difícil ser elegante. No es una cualidad atribuída solo a unos pocos. No tiene por qué pasar de moda. O al menos eso me consuela. Me niego a vivir en un mundo en el que las definiciones cobraron sentido en el momento en que se hicieron y después fueron relegadas por justicia a palabras.
    Me pregunto qué vió y en qué o dónde, la primera persona que utilizó este término. Me gustaría saber cuál fue el significado original, fuera de acuerdos, fuera de catedráticohistóricofrikis.
    Sobre la elegancia he de decir poco, al menos interesante, solo que alguna vez lo fui incluso devolviendo el golpe (algunos “golpes” lo son), por eso sé que todo el mundo puede serlo, todos podemos sentir en nuestro cuerpo la edad de los héroes.
    Tengo suerte de no ser gata, 7 vidas serían demasiado…

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  15. Mariel Says:

    Jo, lo siento, es mucho más largo de lo que pensaba…

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  16. CrisC Says:

    quizás sea como dices, mariel, pero no hay elegancia en el indiferente ante la catástrofe humana sino una suerte de doriangraysmo: aunque no le restaría yo elegancia a una cierta estética del deshaucio

    por otro lado, hay filantropías poco creíbles por figuronas o, sin más, terapéuticas y, en algún caso, directamente miserables: ahí no hay elegancia sino sociopatías e incluso delito

    lo que dices de esos elegantes que te alegran el día porque, al pasar, te sonríen como si les importases, y seguro que es así, me ha recordado algo que cantaba el uruguayo daniel viglietti; son versos de silvio rodíguez: menos mal que existen

    lo del lamarckismo se me escapa, pero no la posible quimera de todo esto: suelo decir de mí que a veces soy el doctor jekyll y otras mr. hyde: como todos, supongo

    y es una quimera porque inexorablemente uno mismo y todo te abocan a ser, demasiadas veces, el monstruo

    si vivir me doliese menos, quizás podría ser elegante, altruista e incluso bello: como eso no es posible, afortunadamente la risa viene en ocasiones a descargarme de la gravedad del mundo

    recuerdo un episodio de no sé qué serie en el que hicieron una competición de regüeldos: acabé rodando por el suelo, muerto de la risa, sin respiración casi, dolorido, uff, qué a gusto me quedé

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  17. CrisC Says:

    :::
    El tío perejil

    Yo era un niño de apenas once cuando lo conocí.

    Trabajó con mi padre, que así lo motejó -me consta que cariñosamente-, pues también lo refería por su nombre de pila, precedido de “sr”. Y con respeto.

    Era ingeniero, o algo similar. A las mujeres de los trabajadores que dirigía, las saludaba como sólo en las películas y protocolos he visto: les cogía la mano, la alzaba suavemente y, sin llegar a besarla, hacía una ligera, correcta, mesurada y conmovedora reverencia.

    Lo recuerdo delgado, enjuto casi, pelo y quizás ojos claros, mediana estatura, gafas, unos casi sesenta años, sonriente, con clase.

    Recuerdo una postal que nos envió, el nervio perfecto de su letra, el trazo claro, el dibujo sencillo de su nombre: se llamaba Ángel.

    :::

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