LA VIDA, SUPONGO.

21:::octubre:::2011

Hoy no es un día más. Ni ayer.

Llevo tres días en cama, aquejado de una faringitis monstruosa: leo, toso, duermo, tomo medicamentos, bebo agua, hago pises, estornudo, me sueno los mocos, me pongo el termómetro (puta febrícula), escribo en el pc que tengo
al lado, oigo la radio…

Ayer fue ejecutado, sin miramientos, un hórrido sátrapa: Gadafi. No me fío un pelo de sus ejecutores.

Oigo el deambular de la vecina con sus zapatos de tacón.

Ayer la banda terrorista ETA anunció que dejaba las armas. O algo así.
Aún me fío menos. En las distintas emisoras se recuerda a las víctimas de todos estos años. Yo recuerdo muy bien algunas: los niños de Vic, los niños
de Zaragoza; recuerdo, transido de dolor, al matrimonio Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García (tenían tres hijos: de cuatro, siete y ocho años). Recuerdo a Miguel Ángel Blanco.

Yo soy muy primario, así que voy a contenerme.

El periodista Carles Francino acaba de venirse abajo y, en directo, se ha deshecho en llanto en la Cadena Ser.

http://www.cadenaser.com/espana/audios/lagrimas-emocion-carles-francino-programa-especial-bilbao/csrcsrpor/20111021csrcsrnac_8/Aes/

“Hay días -escribí una vez- en los que la Belleza nos pertenece enteramente,
a nosotros, días en los que desnuda sus pechos sólo para nuestra sed, porque la sabe infinita aunque no alcance a comprenderla”…, y hay días de dolor que también son nuestros: días en los que el poeta llora como llora una mujer, que es el modo en que lloramos los hombres.

Siento hambre, me voy a levantar. Me apetece algo dulce.

En RNE el periodista Juan Ramón Lucas habla del gran Leonard Cohen.
Y de los Héroes de Fukushima.

Recuerdo un poema de Bertolt Brecht, aquél que decía haber hombres
que luchaban un día y eran buenos; o un año y eran muy buenos; que había quienes luchaban largos años y eran los mejores; y que hay quienes luchan toda su vida…, y éstos son lo imprescindibles.

Supongo que todo esto es la Vida.

“Somos muñecos que la rueda del cielo agita.
Esto es una verdad y no metáfora.
Somos, en efecto, juguetes sobre el tablero de ajedrez de la vida,
que dejamos para entrar uno a uno en la Nada”.

Omar Jayyam. Rubaiyyat.

http://youtu.be/l_mseuOctZI

© Six Roy

CELOS

15:::octubre:::2011

“estás durmiendo, has dormido/ con alguno de mis amigos./ No es simplemente algo
que querría saber,/ es lo único que quiero saber/ no me interesa el misterio de Dios,/ ni quiero saber nada sobre mí mismo,/ ni si yo soy el de verdad./ La única sabiduría que quiero poseer/ es la de saber si/ estoy o no solo en tu amor”

Leonard Cohen. Fragmento del “Poema 19”, en el libro “La energía de los esclavos”.

De todas las pasiones que Shakespeare trata en sus obras, la más tóxica para el individuo que la vive es, con mucho, la de los celos. Ni siquiera el odio. Hay quien dirá que la ambición…, todas ellas obedecen a la misma pulsión.

Es un tropismo primario, esto es, puramente orgánico: es el instinto de conservación, la persistencia del propio ser, la cruda supervivencia. Cuando amamos a una persona, ésta se convierte en el principal sillar de nuestra existencia y la mera sospecha en la carga de la prueba.

Los celos son el agrio barrunto de que alguien socava ese pilar y, por tanto, nuestra propia vida. Los celos matan porque nos mata lo que/quien zapa la cimentación en la que nos apoyamos para vivir. Los celos te restan hasta el aliento, te desuellan el corazón con uñas ponzoñosas.

Y entonces es la muerte quien te echa los tejos.

Lo que desde luego no sé, y entro ahora en un bucle paradójico, es el porqué de ese ansia de saber que desata la tragedia. Queremos saber aquello que nos va a destruir. ¿Por qué? No lo sé. Tampoco lo supo Sófocles.

La única defensa contra ese corrosivo hurón es el desamor.

http://youtu.be/IxZWyfIGqVg

© PM476

“PLATERO Y YO” Y YO.

4:::octubre:::2011

“Entre los niños, Platero es de juguete.”
Juan Ramón Jiménez

Lo leí a una edad inusual. Adulto ya.

Me sabía de memoria, como toda mi generación, aquellas palabras iniciales: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos”…

Tuve magníficos libros de texto, también buenos profesores.

Me fue convenciendo de a poco, porque al principio lo percibí algo insulso
y pueril. Pero fui conmoviéndome día a día con el burrillo. Como un niño.

Cuando llegué al punto en que Platero muere, sentí un mazazo brutal. Me pareció injusto, innecesario. Como toda muerte de seres inocentes. Me ha pasado mucho.

No podría tener animales en casa, me encariño hasta con mis peluches.
Y no lo soportaría. Debe de ser ese trasfondo animista que expresan bien los cuentos infantiles y anida en la naturaleza humana. Y una sentimentalidad herida.

Para bien y para mal aún advierto en mí al infante que fui.

© Six Roy