FORREST GUMP

23:::noviembre:::2011

Es una película que lo tiene todo.

Cada vez que la veo, me abduce hasta el final. Lo he dicho mucho: de mayor quiero ser como Forrest Gump. Habrá quien crea que lo digo de coña. Qué va. Que no. De mayor, Forrest Gump.

Los actores, de cine. La B.S.O. es emotiva, eficaz, plural, deliciosa.

Para hacer valer los ideales de bondad, verdad y belleza Cervantes no tuvo más remedio que ubicarlos en la mente trastocada de un viejo hidalgo. Igual ocurre con Forrest Gump.

Hay una secuencia -desde el minuto 2’03 hasta el final del link- que invariablemente me liquida. Jenny le dice a Forrest que el niño es su hijo.
Y Forrest (descomunal, sublime, soberbio Tom Hanks) se pregunta, angustiado, si el niño “es listo, o es”… Y se señala a sí mismo. ¿Yerro si digo que esa angustia del hombre simple es verdadero amor?

Algo tiene Forrest que yo no y que envidio absolutamente.

http://youtu.be/LmS48GNrLAs

© Six Roy

ENVEJECER

12:::noviembre:::2011

“Al igual que todos los jóvenes, me proponía ser un genio, pero afortunadamente intervino la risa”. Lawrence Durrell

envejecer es, supongo, un arte difícil

y si se triunfa en ese trance, supongo de nuevo, debe de ser porque equilibra vectores dispares, o no tanto, como un cierto estoicismo, una suerte de salud mínima y algo, también, de afirmación vital

que la vida iba en serio, escribe Gil de Biedma, es algo que comprendemos tarde, cuando llega el momento en que envejecer y morir son los límites del teatro que es la vida y el argumento único de la obra

yo creo que morir importa menos si a la vida se le han sorbido hasta los últimos grumos de su tuétano, si se ha gozado, luchado, amado y reído: si se le mamaron las chiches hasta que ella dijo basta, vale, para y no…, amor

y ven, gime, besa, mancha, duerme, muere, fin

© Six Roy

SARA MONTIEL

2:::noviembre:::2011

Mi primer recuerdo
de Sara Montiel es la discusión relativamente amistosa entre mis tíos y padre, de un lado, y mis tías y madre, del otro.

Que a ver quién era más guapa, si no sé quién o ella.

Mis tíos y progenitor, que la Montiel; mis tías y madre, la otra (seguro que pensaban que era más guapa la manchega, pero también que era una fresca de mucho cuidado).

Mi siguiente recuerdo de Sara Montiel ya es el de la parodia de sí misma. Pero no sólo ése.

A esta mujer había que verla
en Veracruz (1954), el film de Robert Aldrich en el que volvió loco a Gary Cooper, como después a Anthony Mann (posteriormente su primer marido) y a tantos otros, entre ellos al viejo León Felipe, que, según contaba ella, la sentaba en sus piernas (viejo zorro) para enseñarla casi a leer (algo se cuenta, también, de don Severo Ochoa y ella, y me parece que se trataba menos de lecturas que de adn).

Cuando muchos años después la vi en ese film, no sé si fue un subidón
de testosterona o, sin más, mi genérico aprecio a la Belleza…, pero quedéme boquiabierto y sin cuidado. Así de bella era.

Cuando la Montiel llegó a Hollywood, tenía que aprenderse, con todas las enormes limitaciones que arrastraba, sus papeles de memoria: y supongo que en inglés.

Imagino a esa mujer, poco más que una niña, en aquella vorágine tan lejana a sus raíces manchegas…, y gana absolutamente mi respeto y mi afecto. Y, sobre todo, cuando contó que a los catorce años vivía en una especie de sanatorio para tuberculosos y veía cómo, algunas noches, bajaban en secreto a los que morían de esa enfermedad.

Desde esa terrorífica miseria inimaginable, llegó a la meca del cine.

Se llama María Antonia Abad Fernández, nació en Campo de Criptana, Ciudad Real, en 1928. Y era guapa a rabiar. Y lo es.

http://www.youtube.com/watch?v=U5kxAAofpJs

… dedicado a ambas
© Six Roy