NAVIDAD DE CÁDIZ

25:::diciembre:::2011

“Buscadme en la ola.”
Rafael Alberti. Sobre los ángeles.

Hablo de una Navidad infantil. De una memoria, la mía.

Y de otra memoria relatada. Yo debía de tener tres años…, cuatro puede. Veintipocos mi madre, una criatura, algunos más mi padre. Mi hermano aún tardaría un poco más.

Algo exigía premura en la empresa en que trabajaba mi padre, esa obscena prisa de despachos que no mira más allá de sus balances, porque llegamos a Cádiz en el atardecer de Nochebuena.

Estábamos solos. Y nuestra familia en Madrid.

Yo aún no sabía que en Cádiz me aguardaba el Mar. Y que el Sol, su playa
y el demoledor levante de los veranos por venir, quemarían mi primera piel y derramarían una acuarela de espumas en mi pelo que, según dice mi madre, eclosionó en brillante rubio.

Y no sabía que me esperaban muchas aventuras en un bosquecillo cercano, una operación de anginas y la muerte de Marichina, una niña pálida y clara, de ensortijado pelo y risa, que murió de difteria.

Me asombra la viveza con la que recuerdo su pequeñísimo féretro blanco.

Tampoco yo perdono esa muerte a la vida desatenta.

Y aún no sabía que María José y José Luis serían mis primeros amigos. Aquella primera Navidad de Cádiz yo no sabía nada de todo esto. Hoy no sé, como entonces, casi nada, pero sí que fui feliz.

Feliz Navidad.

https://criscractal.wordpress.com/2010/12/25/navidad-de-1914/

© CrisC

CORAZÓN PARTÍO

15:::diciembre:::2011

::: ::: ::: y en el centro del corazón, plops, eclosionó el poema ::: ::: :::

© Vil Korea

PENA DE MUERTE

3:::diciembre:::2011

Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre“.
Sebastian Castellio

Estoy contra la pena de muerte. Quizás.

No porque sea nieto de un hombre a quien no pude conocer porque le fue aplicada vilmente.

Tampoco porque crea que nadie la merece, qué va, creo que son legión los que merecen la muerte no una sino mil veces mil.

La lista sería interminable pero sólo referiré un caso: esas alimañas que prostituyen a niñas de 20 años, o menos, las amenazan, las explotan, las torturan a ellas y a sus familias.

A estos puercos yo sería capaz.

Gustavo Bueno largó una vez esta piña: se debería aplicar la pena de muerte en algunos casos por compasión… Si un hombre asesina a otro, debería sentir esa atrocidad tan insoportablemente que tendría que suicidarse o bien la sociedad debería procurarle la caridad de su muerte.

Naturalmente, el filósofo no se ha caído de un guindo y sabía que lo cuestionable es la premisa inicial: que el asesino debería sentir el horror
de su abyección. Aún así, el argumento, que está lleno de mordacidad, es nítidamente riguroso. Porque presupone que la Vida es sagrada, porque presupone que transgredirla es una afrenta imperdonable.

Estoy contra la pena de muerte, quizás lo esté, porque asumo esos dos presupuestos y porque haría indignos a quienes la ejecutasen. Y por esa mínima posibilidad de que, finalmente, el asesino pudiera comprender la naturaleza hórrida de su acto.

Por algo más, un poema de Brecht: “Canción de una madre alemana”.

A lo largo de las estrofas del poema, una madre se duele de la muerte de su hijo. ¿Hay, acaso, alguna madre en el espacio de la rosa de los vientos que no sienta ese desgarro cruel?

¿No nos iguala a todos el dolor de ellas?

Cuando muere alguien, muere una parte de quienes los alumbraron, los quisieron o quieren, los esperan o los lamentan. Y son inocentes. Incluso cuando discuto con alguien, me enfado o me encabrono, cargado o no de razón, procuro no olvidar que a mi rival los suyos lo esperan, quieren y sufren igual que a mí.

Y arrío entonces mis estandartes, borro mis pinturas de guerra.

Por eso estoy contra la pena de muerte. Éstos no son, bien lo sé, argumentos poderosos, pero me valen. De momento.

© Six Roy