PENA DE MUERTE

3:::diciembre:::2011

Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre“.
Sebastian Castellio

Estoy contra la pena de muerte. Quizás.

No porque sea nieto de un hombre a quien no pude conocer porque le fue aplicada vilmente.

Tampoco porque crea que nadie la merece, qué va, creo que son legión los que merecen la muerte no una sino mil veces mil.

La lista sería interminable pero sólo referiré un caso: esas alimañas que prostituyen a niñas de 20 años, o menos, las amenazan, las explotan, las torturan a ellas y a sus familias.

A estos puercos yo sería capaz.

Gustavo Bueno largó una vez esta piña: se debería aplicar la pena de muerte en algunos casos por compasión… Si un hombre asesina a otro, debería sentir esa atrocidad tan insoportablemente que tendría que suicidarse o bien la sociedad debería procurarle la caridad de su muerte.

Naturalmente, el filósofo no se ha caído de un guindo y sabía que lo cuestionable es la premisa inicial: que el asesino debería sentir el horror
de su abyección. Aún así, el argumento, que está lleno de mordacidad, es nítidamente riguroso. Porque presupone que la Vida es sagrada, porque presupone que transgredirla es una afrenta imperdonable.

Estoy contra la pena de muerte, quizás lo esté, porque asumo esos dos presupuestos y porque haría indignos a quienes la ejecutasen. Y por esa mínima posibilidad de que, finalmente, el asesino pudiera comprender la naturaleza hórrida de su acto.

Por algo más, un poema de Brecht: “Canción de una madre alemana”.

A lo largo de las estrofas del poema, una madre se duele de la muerte de su hijo. ¿Hay, acaso, alguna madre en el espacio de la rosa de los vientos que no sienta ese desgarro cruel?

¿No nos iguala a todos el dolor de ellas?

Cuando muere alguien, muere una parte de quienes los alumbraron, los quisieron o quieren, los esperan o los lamentan. Y son inocentes. Incluso cuando discuto con alguien, me enfado o me encabrono, cargado o no de razón, procuro no olvidar que a mi rival los suyos lo esperan, quieren y sufren igual que a mí.

Y arrío entonces mis estandartes, borro mis pinturas de guerra.

Por eso estoy contra la pena de muerte. Éstos no son, bien lo sé, argumentos poderosos, pero me valen. De momento.

© Six Roy

18 Responses to “PENA DE MUERTE”

  1. clothbbi Says:

    De nuevo un post potente, directo, brillante.

    Cuando pienso en la pena de muerte también me vienen a la cabeza los seres queridos del agresor. Creo que deben sentir una profunda decepción y tristeza. Supongo que también albergarán una pequeña esperanza de que no sea cierto.

    También pienso en los errores judiciales y en palabras como caridad, en su acepción de limosna, cuando lo que NO tendría que haber son necesitados. Ayer hubo una frase que me golpeó: “la epidemia de este siglo es el sobrepeso”. ¿Seguro? ¿Y la pena de muerte aceptada por el sistema?

    Vuelvo a la pena de muerte aplicada a alguien que ha hecho algo atroz. Su víctima también tiene familia. En tus palabras no hay venganza, no existe el “ojo por ojo y diente por diente”. No privarías de vida a alguien que sí ha privado de vida a otra. Sin embargo, aparece un deseo de justicia. Es una cuestión compleja. Lo dices muy bien. ¿En qué se convierte una persona que ejecuta a otra por una orden, o cualquier persona que mata a otra? Les haría indignos. Lo comparto. ¿Cómo tratar la cuestión entonces? Es un tema complejo.

    Gracias, CrisC.

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  2. CrisC Says:

    en este post procuro ser leal a mis sentimientos y, como en tantos otros, la mayoría, dar voz a los distintos demonios que me habitan y a su inveterada lid

    al final, opto por una especie de singular in dubio pro reo

    no soy políticamente correcto (ni mérito ni demérito tiene, brota como reflujo esofágico), así que ni me jacto de ello ni me quejo: eso sí, se me ceba ora en las magras ora en el cardio

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  3. coeliquore Says:

    Difícil, también. Refleja una lucha entre corazón y razón.

    He escrito dos o tres respuestas aquí, borrándolas todas después. Me asusta lo que he leído y de lo que sería capaz si acabasen con la vida de mi hijo. O si él mismo fuese un asesino.

    Todo esto me supera. Lo siento.

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  4. CrisC Says:

    acuerdo contigo, coeliq, difícil y nos supera

    cuando lo redacté (de esto ya hace un pila), tuve presente en todo momento varias cosas, una de ellas fue al viejo nietzsche cuando habla de que somos nosotros los que hemos de ir a esos lugares fríos y profundos

    donde habitan las verdades que dan que pensar

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  5. Atticus Says:

    Hay alguna película que no he conseguido acabar. Una de ellas, “Te doy mis ojos” habla de esos tipos que justificarían en olvido momentáneo de todo rastro de civilización para aplicarles eso que llamamos venganza porque no queremos llamarlo justicia. Bien es cierto que la judicialización es positiva porque evita esa implicación emocional que hace imposible la claridad.. Pero esa benevolencia, esas garantías judiciales, son un regalo que estos sujetos no merecen, aunque se aprovechen de ella. En realidad son un regalo para los otros, un “por si acaso”. El derecho es, por definición, garantista (si no, no es derecho); pero si es garantista en exceso, se transmuta en blindaje del delincuente y en injusticia hacia la víctima, que ve como el derecho ampara en tiempo y forma al infractor. Hay que buscar el (¿imposible?) equilibrio.

    Quería hacer una precisión que escuché a José Antonio Marina: la ley del talión (ojo por ojo, diente por diente) es un progreso moral que proviene del judaísmo. Y es un progreso moral porque tasa proporcionalmente el daño, impidiendo devolver más del daño infligido. Ahora nos resulta extraño, pero fue un progreso moral en un tiempo en que una mirada o una palabra podían acarrear la estancia definitiva en el más allá. Decía también Marina que algunas tribus bereberes han puesto en cuestión la validez absoluta del principio de proporcionalidad, pues cobrar a un tuerto su único ojo no es lo mismo que sacárselo al que posee los dos: aquí sólo parece proporcional, pero no lo es.

    Coincido con las que antes han comentado: un hermoso post. Que salga de las entrañas no le resta valor. Hablar con la mano en el corazón no es lo mismo que hablar con el corazón en la mano.

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  6. JoseV Says:

    Estoy contra la pena de muerte, como bien dices, la vida es sagrada (prestada durante un tiempo) y transgredirla es una afrenta imperdonable. Por lo menos es lo que creo, ¿ O creo que creo?, ¿o es lo que me gustaría creer que creo y siento? Vamos, que en línea con el comentario de Coeliquore, no quiero ni pensar en algo directo porque no se, si me superaría también. Pero en frio, intelectual y anímicamente estoy contra la pena de muerte.

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  7. Mariel Says:

    El tema alude a una pregunta que yo jamás sería capaz de responder, al menos con la seguridad de no renegar de ella llegado el momento. Porque no sé si estoy en contra de la pena de muerte, aunque sí de cualquiera de las acciones que pudieran llevar a una persona a ella. Si alguien fuera capaz de arrebatarme a los que siento como míos no dudaría ni el más mínimo instante en ser yo misma la ejecutora. Sin ponerle nombres, ni “venganza”, ni “justicia”, ni siquiera trataría de eufemizarlo como “equilibrio”…
    No sé si es crianza de barrio, una necesidad humana inexorable o es que yo soy muy borrica, pero creo que la ley del Talión tendría su lugar en alguna ocasión, sobre todo cuando pienso en la gente (bueno no sé si llamarla así) que hace daño a los niños.

    Hay muchas responsabilidades del ser y por ser humano que éste parece haber obviado: el poder que podemos ejercer sobre esas tábulas (casi) rasas que son los niños, la búsqueda de la felicidad, el respeto para con los demás… demasiado poder (a mi parecer) para un ser tan imperfecto. Se me ocurre que debería haber valores que no permitieran la opción de ser interiorizados o no, sino que vinieran “de serie”, y supongo que ahí estaría lo de no hacer daño a los demás (a los demás seres vivos), pero entonces sería todo muy distinto porque… bufff..me he cansado incluso de pensarlo….dejémoslo ahí.

    Desde que entré en psicología todo esto es un dilema moral que me atormenta. Porque se supone que debería pensar que hay retorno, debería tener fe en que hay cosas que escapan a la voluntad, en que la solución puede venir de distintos frentes, pero me temo que utilizo demasiado el hemisferio derecho.
    Eso sí, en mi utopic world mental (al que acudo más de lo que me gusta admitir) ni siquiera existiría, pues la veo totalmente una consecuencia.
    (Siento no ser más breve, en realidad no lo he sido nunca).

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  8. CrisC Says:

    ni la venganza contradice siempre la Justicia ni ésta es siempre ajena a la venganza: la delgada línea roja

    la Justicia es un ideal, así que la venganza puede prestar cobertura a
    sus más que vulnerables ijares: la venganza aplica en ocasiones un cierto quantum de Justicia

    no siempre me pronunciaré en favor de la venganza, no siempre cacarearé contra ella

    muy interesante, atticus, lo que dices de la regalía que suponen algunas garantías judiciales, como también es cierto que sin ellas el poder, todo poder, tiene las manos libres para sus tropelías: cierto: el derecho “es, por definición, garantista”, aunque sería deseable que ma non troppo

    algo tiene la vida que la hace sagrada, aunque quizás ese algo no sea
    ningún fundamento anterior o ajeno a ella, porque la vida misma es el límite último, el fundamento (de ahí que la veneremos, hasta el punto de que vivimos porque nos alimentamos de ella)

    lo que dices, josevi, que dice coeliq es algo que todos hemos pensado muchas veces: como imaginarios legisladores de una ciudad ideal nunca prescribiríamos la pena de muerte, como hombres seríamos capaces de matar

    cierto, mariel, cómo decir algo con la seguridad de que un pronto, o una meditación, no nos va a hacer renegar de lo dicho y armar un brazo ejecutor en la dirección opuesta

    ay, los niños, que no son sino una de las aristas de ese poliedro compuesto por tanto desvalido, pero arista que tanto puede herir

    déjame sugerirte algo, descuida un poco ese dilema moral que te atormenta, permítete un cuartillo de egoísmo bien entendido y date un respiro, o dos (uno por cada hemisferio), y no jodas con lo de la crianza, que tú eres un gran reserva

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  9. Aliénor Says:

    Estoy en contra de la pena de muerte. Siempre.

    A pesar de ello, en un tiempo pasado que me gustaría borrar, deseé la muerte de una persona, invoqué ferozmente a la Naturaleza para que la esperada víctima desapareciera de mi horizonte por causas naturales.

    Regodearme en ese pensamiento era una válvula de escape, una especie de premio de consolación, una salida desesperada.

    ¿Hubiera sido capaz?

    Me avergüenza recordarlo, me espanta, me seca la garganta.

    Estoy en contra de la pena de muerte. Siempre.

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  10. CrisC Says:

    :::

    Yo no me veo capaz de decir siempre en casi nada.

    Desear la muerte de alguien, ser capaz de traicionar, delatar, torturar, matar o de firmar una pena de muerte son sentimientos o experiencias inconmensurables, no juegan en la misma cancha.

    No es éste lugar para teorizar al respecto, pero largo lo fía el tema.

    La Naturaleza, Ali, es ciega e invocable (va a su bola), pero entiendo lo que dices. Y creo que todos hemos albergado deseos pecaminosos de ese jaez. La venganza y afines te dejan el cuerpo suave como el culo de una novicia, y el espíritu asedado como si el nirvana te diese una pista de por dónde. Y no voy a culpabilizarme por ello.

    No sé si la tipa en cuestión, Ali, o el tipo, se lo merecía. Yo creo que sí.

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  11. Aliénor Says:

    Pues mira, en esto sí creo que hay que partir de un siempre, siempre. Después llegarán los matices, los atenuantes, los agravantes o lo que proceda.

    El tema da mucho juego, ya lo creo. Yo me he quedado en la anécdota, por llamarlo de alguna manera, he contado algo pero no lo quiero analizar, aunque sigo dando vueltas al asunto.

    ¿Si tuviera la certeza de la impunidad? ¿Si con ello consiguiera algo bueno, buenísimo para mí o para otros? ¿Si el tipo fuera una inmundicia absoluta? Me asusta pensarlo porque podría llegar a concluir que sí sería capaz. Por eso, y porque me abrocho a la sensatez, la poca o mucha que gaste, mantengo el siempre.

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  12. CrisC Says:

    un dilema moral clásico: ¿qué harías, tú o cualquier otro leyente de este blog, si un viaje en el tiempo te permitiera tener en tus manos a un bebé llamado adolf hitler (o cualquier otra inmundicia parecida) y tener la ocasión de matarlo?

    suelo añadir dos cosas: una, se aceptan todas las circunstancias ficticias del viaje en el tiempo, si no, no hay dilema; dos, hay que matar al bebé con la absoluta certeza de quien es y a sabiendas de sus actos futuros, si no, no hay dilema…, y hacerlo con las propias manos

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  13. coeliquore Says:

    Yo no lo mataría. Creo. Le daría una infancia distinta a la que tuvo, sustituyendo las humillaciones que sufrió por cariño y cuidados.
    Recomiendo la lectura de Alice Miller, “Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño” ed. Tusquest
    Ningún niño que ha sido amado es luego un asesino.

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  14. Aliénor Says:

    ¡qué angustia!

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  15. Romi Says:

    ¿Evitaría la muerte de ese bebé el nazismo?

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  16. CrisC Says:

    lamento haberme explicado torpemente

    he insistido en la imprescindibilidad de asumir los términos del dilema propuesto porque si se redefinen al antojo, no hay discusión fértil de ningún tipo sino fuga

    cuando se plantea este dilema en cualquier círculo, invariablemente la mayoría de los intervinientes acomoda lo que no es más que un ejercicio de ética ficción a concreciones psicológicas, políticas o a angélicas intenciones de las que el infierno está pavimentado a tutiplén: es lo habitual, nos pasa a todos

    por supuesto que la cuestión genera angustia, repeluzno y pavor, de eso
    se trata, y además se trata de darle matarile a un bebé, a palo seco y sin delicadezas, more herodes style

    por supuesto que si hubiese tenido una infancia amorosa, no hubiese sido cabo chusquero, bajito, cejijunto y moreno, hitler no sería hitler sino la santísima abadesa del belvedere haciendo mazapán

    y por supuesto que si no hubiese sido hitler, el nazismo lo hubiese llevado adelante cualquier otro de entre los miles de mal nacidos de la época

    el dilema es una versión, con bebé, del clásico “¿es lícito matar al tirano?”

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  17. arenaisal Says:

    Al igual que Aliénor yo también he deseado la muerte de una persona, y lo he deseado con vehemencia, pero teniéndole delante lo único que podía sentir era una mezcla de repulsión, rabia, impotencia y miedo. No es suficiente desearlo para que ocurra, alguien tiene que hacerlo, y si debe ser condenado legalmente debe haber un juez que lo sentencie y un verdugo que lo ejecute. A ambos los convertiríamos en asesinos. Ambos también tienen madre y conciencia. Para que los actos que cometen algunos individuos nos sigan horrorizando no podemos convertir la ejecución en algo cotidiano, legistado y pagado en nómina a final de mes… lamentablemente.

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  18. CrisC Says:

    No he personalizado nunca un calentón tanático.

    Creo que todos distinguimos bien entre ese subidón que podría llevarnos con sobrecogedora facilidad a desear la muerte de alguien, o liquidarlo, y el estar en favor de institucionalizar la pena.

    No quiero imaginar la situación en la que yo avalaría la ejecución legal de un mal nacido, porque para no hacerlo tendría que echar mano de fuerzas que no sé si tengo, quiero y que esas alimañas no merecen.

    Y podría hacer una larga lista y relatos para el espanto.

    Dos mil añazos de evangelio, más los melifluos Dickens, Disney, Capra,
    el be water my friend, hippies y la regalada vida civilizada nos han tornado criaturas encantadoras, amables flux, mollerusas y qué ricas…

    ¿Que si es lícito dar visa a un tirano? “Delenda est Carthago”.

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