POÉTICA ELEMENTAL

24:::octubre:::2012

“hay días en los que el mejor poema es una eyaculación” :::

© Six Roy

LOCUM CASTRIS CAPERE

17:::octubre:::2012

Comenzó a tomar cuerpo en los primeros ochenta.

Miles de jóvenes parejas, por lo común profesionales liberales, fueron trasladando sus residencias desde la ciudad a las urbanizaciones periféricas. Como si un flautista de Hamelín los hubiera convocado.

Y así muchos de ellos adquirieron sui iuris et quibusdam talibus argumentis sus nuevas casas de una o dos plantas, jardín y piscina. Otros las construyeron ellos mismos.

Se hicieron peritos en lunas, maderas, azulejos exóticos y muebles de retrodiseño, todo ello antes de los tiempos del prêt-à-porter de Ikea. Se abrió paso un cierto gusto por el mueble clásico (significativo dato) y todo lo que después fue vintage. Era lo chic.

Llenaron sus paredes de obras pictóricas, grabados o litografías, cerámica
y escultura en muchos casos. Cuidaron por vez primera de árboles frutales, pinos, plantas de interior, exterior y, a veces, huertecillos de orégano, tomillo y maría fontaneda.

Y tuvieron hijos mientras elaboraban frascos de conservas y patchwork.

Antes de todo esto habían luchado contra la dictadura en las calles de la ciudad, en la Universidad, en los barrios donde habitaron su primer piso y donde transcurrieron mil noches de ducados, brandy barato y digresiones sobre la revolución pendiente. Siempre había algún trotskista astroso.

Lo intentaron. Algo consiguieron.

Al final de los setenta la realidad se les echó encima como a ese albañil del poema de Hernández en el que “la piedra cobra su torva densidad brutal en un momento (…) Y en su obra fueron precipitados él y el viento”.

Supieron que la Revolución fue una quimera traicionada.

Algo me ha enseñado la escasa antropología que sé: los pueblos, como los individuos, no tienen consciencia de los vectores profundos que rigen sus comportamientos, ritos e instituciones. Toda iniciativa es siempre una respuesta adaptativa, sea natural, cultural o ambas. Y es un disfraz.

Ellos no tuvieron consciencia de su romano retiro al campo…

El mazazo del desencanto que trajo la denominada transición española, una transición a la democracia formal y burguesa de la que su noble izquierdismo tanto había abominado, no sin razón, los llevó a reformular -insisto, siempre en términos inconscientes- sus anteriores anhelos de transformación social.

E intentaron construir en sus retiros el paraíso que les negó la Historia.

Hoy están volviendo a la ciudad, donde hay mucho de lo que siempre hubo… Y casi nada de lo que fue soñado.

Acaso intramuros hallen alguna de las esperanzas que invocaron.

© PM476

GIRL RUNNER

10:::octubre:::2012

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“yo, señor, no soy malo”, sólo la quería devolver su bikini top

© Vil Korea

ALTERIDAD

3:::octubre:::2012

“Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo”. Julio Cortázar.

Francis Bacon. “Estudio de George Dyer frente al espejo” (1968).

En El malestar de la cultura Freud dice que el trato con los demás es causa muy notable de nuestra infelicidad.

Rüdiger Safranski sostiene en El Mal que el psiquismo humano es de tal magnitud que si no se dedica al completo a las necesidades de la subsistencia, da lugar a un excedente que, al no gastarse en la acción, genera infelicidad.

Y Jung que una vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir.

Supo Nietzsche que hay una crueldad que el individuo lanza sobre sí mismo.

Fue a partir de los felices 60 cuando el hombre urbano empezó a sentir, en medio de la opulenta sociedad del bienestar, infelicidad.

Lo precedió aquella bohemia del spleen parisino, antes los románticos y no
sé si los existencialistas después. Los beatniks expresaron y escenificaron esa insatisfacción on the road. Y los hippies quisieron ser petafelices.

¿Qué causa infelicidad en las sociedades del primer mundo?

No sé, acaso querríamos cambiar de trabajo, pareja, casa, teléfono móvil, amante, amigos o ciudad. No siempre es fácil, por eso causa infelicidad. Un cambio así exige pasos que, puestos en la ocasión, no daríamos nunca.

Nos hemos acomodado al burgo y a sus atributos. Miedo a la libertad.

Decía difícil, no más, porque hay miles de personas que dan esos saltos de vida, muchas veces en el vacío, sin red, algo locos. Admirables. Cambian uno o varios parámetros en su vida. Y vuelan. No es imposible.

Lo imposible es cuando uno querría ser otro.

© Vil Korea