ESTA MUJER

1:::noviembre:::2012

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo (…)

Dámaso Alonso. Del poema “Mujer con alcuza”. En el libro “Hijos de la ira”.


Ella mantiene una vela encendida permanentemente en su casa.

Una de esas velas rojas. Ella no es muy de iglesia, poco, pero tiene algunas fidelidades ligadas a figuras de la ciudad donde creció, a su infancia y, sobre todo, a la veneración por sus hermanas mayores y la fe transmitida.

Ella es la pequeña e inevitablemente la última viva.

Decía que no es muy de iglesia, lo justo, lo decoroso para su edad… Y esa vela -no es difícil colegirlo- pide por sus hijos y nietos. Pero estoy seguro de que no pide a santo, santa o persona sagrada alguna. Ni a Dios siquiera.

Esa vela pide a su madre, muerta cuando ella tenía poco más de veinte años.

Me pregunto a qué tanta religión institucionalizada si ya en el siglo veintiuno hay alguien que no ruega a panteón alguno, pero sí a la propia madre muerta. A santo de qué tanta improductiva y abyecta clerigalla cuya genealogía lleva a delirios de catacumba, preduscos y desiertos.

Acaso un resto de naturalísimo animismo alienta en ella y no sólo en ella.

Sé que siente aún un infinito amor por su madre, de ahí su fe, y por eso ella pide a quien concede no sólo poder sino una gran bondad.

No sé por qué la literatura romántica y el cine se empeñaron en hacer de los muertos seres terroríficos. Algún estúpido temor ancestral querrán conjurar. En modo alguno aquella mujer podría ser nada malo.

Esta mujer yo la conozco, oh sí, la conozco.

© Six Roy

14 Responses to “ESTA MUJER”

  1. coeliquore Says:

    La mujer de tu post me recuerda a una de mis abuelas, una canario-cubana que siempre tenía una vela de ese tipo en la cocina y hablaba a sus seres queridos que se fueron como si estuvieran a su lado, llena de respeto y amor, haciendo de ellos sus confidentes.

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  2. CrisC Says:

    ambas me llevan a la Úrsula de los Cien años de soledad

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  3. Daiquiri Says:

    Los muertos. Toda esa risa y ese llanto, toda esa luz en los ojos y esa calidez en las manos, todo ese amor, todo ese ruido… se desvanecen. Parece imposible, qué raro. Y queda sólo una estela de añoranza en los vivos, que se acogen a ellos y les ruegan, y les echan de menos. Frío en el alma y miedo, los muertos te recuerdan que la vida se escapa entre tus dedos. De ahí la asociación muertos-terror en el cine, que plasma -sí- ese ancestral temor. Que por supuesto no es a los muertos, sino a la muerte.

    También mi abuela enciende velas a sus muertos. Pero no por más que vea en ellos a seres protectores deja de temer a la muerte, que la obsesiona hasta carcomerle el alma, a sus lúcidos 94 años.

    Y te refugias en la belleza, y comprendes cuánto amas la vida, y la disfrutas. No vaya a ser que se acabe mañana, y hayas desperdiciado cualquiera de sus preciosos instantes con lamentos (ojo! La tristeza forma parte de la vida, tiene su cabida. Pero en su justa medida).

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  4. CrisC Says:

    Dije alguna vez que tememos menos a la Muerte que a lo muerto.

    Me dejan frío esos julays, los muertos. Y tal desde que en mi adolescencia leí una novelilla de quiosco en la que un pasaje muestra a un vigilante en una morgue que, mientras pasea entre fiambres, se alza de súbito uno de ellos y lo empuja contra el mármol diciendo: “vaya, estos movimientos debidos a los gases”…

    Por cierto, lo liquida uno que andaba por allí. Un vivo. Suele y es lo que tienen, los vivos, que te fríen si les das dos metros; y te jincan el cardio si, al cambio, pueden asearte el forro de los bolsillos y el del mismo body-pump. A éstos si hay que tenerles jindama.

    Me la pela ésa, la Muerte; y no la encaro por obligaciones, que si no…

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  5. Josevi Says:

    La muerte es un continuo… cada segundo vamos muriendo. Hay que aprender a deslizarnos por ese “continuo” Cuando definitivamente abandonamos todo (incluso el cuerpo) pasamos a ese “lugar” que muchos temen (la nada o el todo, o simplemente lo desconocido para nuestra mente racional). Está bien eso de pensar que los que traspasan el umbral de la Muerte (“los sin cuerpo”) están ahí…

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  6. CrisC Says:

    No sé, socio, si lo recordarás, pero ese pasaje que refiero en mi último comentario lo hablamos tú y yo hace… una megapila de years, porque ambos leímos esa novelilla.

    En cuanto a aprender a morir, bueno, en el budismo hay mucho de eso pero yo casi prefiero darme de bruces con ella en su momento.

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  7. … me temo que sí, que los verdaderos monstruos están vivos…
    Un post muy bello, al igual que la imagen elegida.

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  8. Silvia Says:

    Los muertos teorroríficos venden más… sin lugar a dudas algo se ha pervertido en la muerte para que se pierdan esos ‘sin cuerpo’ (papi, aunque reconozco lo poético, tu apelativo es tétrico que te cagas, que lo sepas) dulces como la mujer de tu post.

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  9. Josevi Says:

    Me acuerdo perfectamente socio del pasaje… y de las novelillas… ¡qué tiempos! … Te acuerdas que nos aprendimos hasta el “Todos los personajes y entidades que aparecen en esta novela, así como las situaciones de la misma son…” je,je…

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  10. CrisC Says:

    Es también una monstruosidad el poeta, Clothbbi, el de verdad.

    Lo son, Silvia, dulces: esas mujeres del post. El apelativo es tétrico que te cagas, papisocio, ha dicho la niña. ¿Qué la ponías en el bibe?

    Había quienes leían a Balzac, otros a Dickens o a Galdós…, y nosotros novelillas gore avant la lettreAsín hemos salido, socio, raros, raros, raros del carayo.

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  11. Lo es, no tengo ninguna duda, me experimento en mi propia carne y sé de lo que hablas.

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  12. CrisC Says:

    Lo es. Fale.

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  13. Teresa Says:

    Es un poema hermoso el de Dámaso; para mí su mejor poema. Esa mujer, ya mayor, encorvada (¿es que la tierra tira ya de ella o que la dobla la dulce cargazón de sus frutos?), que recorre en un tren de pesadilla la vida, que va dejando atrás estaciones y personas,que semilumina con su alcuza unos leves montones de tierra de tamaño humano, que … Todo esto ha quedado grabado en mi memoria. Y ese ritmo. ¡Qué ritmo!
    Vale la pena vivir para leer cosas así.
    (Y a ti, CrisC, y a ti; no te pongas celosete)

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  14. CrisC Says:

    Es verdad, Teresa, Mujer con alcuza es un poema soberbio.

    Como hermoso y desgarrador ese Insomnio del libro “Hijos de la Ira” (1945, creo)…, con versos como

    “Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas) (…)
    y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna (…)
    Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
    por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid”…

    Yo soy celoso porque el mundo me hizo asín (© Jeanette)…

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