NOCHE DEL HOMBRE EN CHICHÉN ITZÁ 3.

19:::noviembre:::2012

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III/IV

La niña Lupe se miraba en los ojos de la hermosa nodriza, y los posos derramaban, en la mirada de ella, los amaneceres que habrían de ser, lo que acalla el palimpsesto, los versos prescindibles y la cifra última de todos los crepúsculos.

En el humano empeño de ser, que tanto tiene de puro impulso biológico, de cálida inmovilidad, de conservación de las cosas y seres, se nos va la vida sin darnos cuenta de que su tren es el nuestro y las estaciones un accidente, no más, del viaje.

“Todo vuelve a mí, como si un tren antiguo pasara silbando”, escribió el poeta de la lluvia interior, una vez que pudo liberar de su ágil muñeca las humildes ajorcas de muchos colores.

Regresar es una tarea imposible, ocioso es decirlo, pues si todo fluye nada permanece en lo que fue: tampoco quien aguarda, ni el hombre o mujer que dicen volver.

A Borges le hubiera gustado añadir que frecuentaba esta tentación del regreso, pero que se trata de una tarea ontológicamente improbable. Borges fue así. Y así los poetas…, ávidos y descarnados, altos, felinos, ajenos a todo decoro, intimidantes pero delicados. Veraces, sobre todo.

Todo está escrito en las piedras del Cielo, menos los caminos…

© CrisC