GOLPES BAJOS

27:::febrero:::2013

Me lloran los ojos al abrirlos a la claridad.
Golpes Bajos. “Tendré que salir de aquí”

Golpes+Bajos

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Suyas son algunas de las canciones emblema de La Movida.

Interpretaron la que, a mi juicio, es la canción de la movida: “Malos tiempos para la lírica”.

Paradójicamente, su letra escéptica, sosa y desencantada no parece representar aquellos aires de libertad, juego y simple ansia de vivir sin finalidad.

Y fueron los autores de otra de sus ocho o diez canciones principales: “Fiesta de los maniquíes”. Gozaron de una excelente producción en sus álbumes, con elaborados arreglos que supongo fueron hechos por músicos profesionales.

Diría que a sus letras -muy maduras algunas- se asoma la mano de escritores que no fueron ellos o sólo ellos.

Madrid fue la capital de esta movida, también Valencia y Vigo.

German Coppini era el vocalista y su alma mater, también los estupendos teclados de Teo Cardalda. Y la percusión.

Yo estudiaba y trabajaba entonces: dieci6 ó dieci8 horas al día algunos (muchos) de aquellos días. Y aun así tuve tiempo: salí (poco), bebí (menos), leí (bastante), escribí poemas (una pila) e hice el amor (esteee)…

Fueron efímeros. Como cuanto participa de la Esperanza.

http://www.youtube.com/watch?v=0fNLbsTMLl8
http://www.youtube.com/watch?v=XrSdlUwYGMk

© Six Roy

SANTOS LUGARES

20:::febrero:::2013

huir de la dicción conspicua,
de la medida: no medrar, no ver la tele,
no hacer poemas, zzz…

no sabría decir de qué va, la foto

no sabría decir si se trata de un novedoso tratamiento de air-spa, de una parafilia, de un ajuste de cuentas por celos, de una performance postpop, o de una terapia electroflux por cuca chica

no sabría pero me da cosa en los santos lugares

http://youtu.be/4ZhhJOXpYU4

© VilBill

DEMONIOS EN LA LLUVIA

13:::febrero:::2013

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Esta noche los demonios -los míos– celebran un festín. Uno más.

A plato único: yo. Muerden a placer. Aliñan mis ojos con mala sangre, al corazón le ponen su porción de beleño -que lo encoge- y en cada una de mis inspiraciones insuflan azufre recién cosechado en sus entrañas.

Vienen de antiguo y, por eso, lucen gordos como cebones.

Como los he visto venir, esta tarde he ido a una pitonisa de aconseje, pero tenía unos ojos obscuros como la brea y el santo se me ha ido al cielo por el túrgido coladero de sus pitones (de pitonisa).

Me ha hecho una rebaja y dado un vale para la próxima. Y un beso.

Luego he ido a un acupuntor coreano, por aquello de reequilibrar las energías. En el intento, el chino se ha metido un guarrazo contra el marco de una ventana. Y las agujas se las ha puesto él.

Parecía un cereus peruvianus pero jurando en hebreo de kibutz.

En la rúe una argentina me ha echado las cartas lunfardas del Tarot. Y las ha levantado el anticiclón de las Azores (es muy suyo). Al final…, coloquiando de fútbol resulta que ella era del Boca, yo del Ríver. Ni temita ha habido.

Al volver he puesto la mesa y les he dicho venga, puercos, acabad pronto.

Y se han largado entre regüeldos e himnos revolucionarios.

Mas mira cómo el alba a la ventana
Te convoca a vivir sin ganas otro día.

Del poema “Noche del Hombre y su Demonio”. Luis Cernuda.

© CrisC

JARDÍN INTERIOR III

5:::febrero:::2013

http://wp.me/p9gnZ-3wE

maktub

III/III

y en el espejo que anhela la luna no hallo el rostro de quien fui sino el de ahora: es alguien a quien conozco bien y de quien ya nada espero, pero a quien tampoco exijo

lo rompo con un golpe sordo, y busco tras los fragmentos que multiplican mis ojos un viejo trozo de papel que recuerdo y desdoblo ahora: y mientras me asalta un pellizco de frío, leo las palabras que siguen

“… en este lento atardecer me adentro, silencioso, en el añorado jardín de la casa de mis padres: vuelvo al fin de un largo viaje, casi de noche, cuando ya la luna”

ahmed de damasco
primavera de 1919

© CrisC

JARDÍN INTERIOR II

2:::febrero:::2013

http://wp.me/p9gnZ-3wy

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II/III

del fondo me llega la magia del agua entre las piedras

viene a mí el rumor de la fuente de mi niñez; y, al lado, tan obscuro que se diría amenazador, se yergue infinito, poderoso como el profeta, el árbol que al principio sólo fue una brizna de hierba, luego arbusto bajo, vara de apenas unas hojas de verde plata

al pie del hoy imponente ciprés hay oculta, bien lo sé, una caja de metal que ahora desentierro con mis manos: llegan a mis oídos las dulces sonoridades de otro tiempo: los queridos rumores de la cocina

la quejumbre baja de los animales de la casa: las cálidas voces de mi familia…, ellos aún ignoran mi vuelta, mis lágrimas, mi nostalgia y mi impaciencia, mi desbordado corazón

dentro de la caja hay un pañuelo de hilo, un puñado de hojas secas y un espejo

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