UNA OBSCURA DEBILIDAD II

23:::marzo:::2013

http://wp.me/p9gnZ-3jQ

Cuanto sigue es la narración de mi vergüenza:

… he comprado un libro. En papel. Sí, yo.

Desagradecido y por ende mal nacido, he defenestrado el e.book que me regaló mi tutora de prácticas sicalípticas (nivel básico de autosatisfacción mode slow hand) poco antes de su óbito bajo las fauces de una colonia de ladillas inguinokosovares puestas de tofu hasta las cejas.

Murió de la misma picor y tumefacciones al nueve por ciento.

Se añade al delito de soberbia que es libro de Filosofía (oh, dios, su sólo nombre abrasa mis labios), más, es sobre sexualidad. Sobre ello, callo yo. Ya. Oh silencio impostergable, desgarro íntimo, crudelísima soledad…

Es triste tener que pedir para leer, amigos y próvidos habilitados, aún más triste tener que robar. Y yo no valgo. Sólo de pensarlo el pulso se me repipola en las bubas del somontano, y el perineo -de suyo grácil- se me torna múfido, pichorrescente y gatuso.

Como lo oís, gatuso. You know

Soy débil, lo sé, pero…, ¿es que yo no tengo ojos? ¿No tengo manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? Si me pincháis, ¿no sangro? Si me hacéis cosquillas, ¿no me río? Si me envenenáis, ¿no muero? Y si me ultrajáis, ¿no me vengaré?

http://youtu.be/VydfEXZYmyU

¿Acaso no os dais vosotros a la molicie papirofílica en vuestros tronos?

http://vimeo.com/61275290

PATÁN¿Es que no? ¿Ein? Jisjisjishijisjisjishijis…

© Hanníbal Léctor

UNA OBSCURA DEBILIDAD I

19:::marzo:::2013

A estas noctívagas horas, al fin, me atrevo a dar cuenta del hecho.

Animan la osadía del relato una botella de ron y cuarenta cigarrillos rubios que he apurado hasta envenenarme la sangre.

Esta intimidad incorpora en su muro de carga una esperanza: que su revelación otorgue lenitivo a mi alma torturada. Que ponga cauterio a un sufrimiento que ya es insoportable.

¿Podré informar las justas palabras sin que ellas me traicionen?

He cometido un acto irreparable que me avergüenza, una acción ominosa, una vileza, una maniobra que no esperaba tuviera ya lugar en mi corazón.

He dado cuartel a una obscura debilidad, no he reprimido el impulso.

He desoído los avisos, hecho caso omiso a la experiencia, a los muchos datos que en otro tiempo desaconsejaron la reincidencia. Sin perdón. Soy culpable. Y acepto sin reservas el deletéreo martillo de las consecuencias.

Ahora siento como un ahogo intenso…, y no puedo seguir.

… algo terrible diré en próxima entrega.

© Hanníbal Léctor

SABER ESCUCHAR

9:::marzo:::2013

Brasserie at Alderley Edge Hotel

Es un valor reconocido por todos.

Quien sabe escuchar envía el mensaje más o menos subliminal de que respeta a su interlocutor: le interesan sus cosas, le tiene afecto, cariño o amor.

Sabe que quien habla lo necesita, y se dispone al efecto. Es lo debido.

Sin embargo suele el que habla, hablar mucho. Y no es infrecuente que tenga un tema principal: Yo (el suyo). Y uno subsidiario (soy genial, o geniala).

Y ni escucha ni pregunta (pura aritmética). O cambia de tema (al suyo).

Me estupefacta que el brasero (quien da la brasa) no advierta que su interlocutor ya lo sabe todo de sus cosas, cositas y cuitas de todo pelaje… Sin reciprocidad.

Su atroz y enceguecido autismo es sobrecogedor. Me superan su etiología y su patología, que niegan la humanidad del otro.

Yo sé escuchar, lo practico (me lo practican) mucho.

Y también sé que no soy un brasero oral (no tengo mérito alguno: ni soy locuaz ni tengo problemas fácilmente formulables ni, por lo común, necesito hacerlo aunque me estén sajando -que lo hacen- el alma).

¿Pero y si lo seriese en este blog? Se acabó la brasa. Stop.

http://www.youtube.com/watch?v=g6t8g6ka4W0

© Vil Korea