UNA OBSCURA DEBILIDAD I

19:::marzo:::2013

A estas noctívagas horas, al fin, me atrevo a dar cuenta del hecho.

Animan la osadía del relato una botella de ron y cuarenta cigarrillos rubios que he apurado hasta envenenarme la sangre.

Esta intimidad incorpora en su muro de carga una esperanza: que su revelación otorgue lenitivo a mi alma torturada. Que ponga cauterio a un sufrimiento que ya es insoportable.

¿Podré informar las justas palabras sin que ellas me traicionen?

He cometido un acto irreparable que me avergüenza, una acción ominosa, una vileza, una maniobra que no esperaba tuviera ya lugar en mi corazón.

He dado cuartel a una obscura debilidad, no he reprimido el impulso.

He desoído los avisos, hecho caso omiso a la experiencia, a los muchos datos que en otro tiempo desaconsejaron la reincidencia. Sin perdón. Soy culpable. Y acepto sin reservas el deletéreo martillo de las consecuencias.

Ahora siento como un ahogo intenso…, y no puedo seguir.

… algo terrible diré en próxima entrega.

© Hanníbal Léctor