EL LLANTO Y LA LLUVIA I.

1:::noviembre:::2013

I/IV

Afuera la ventisca arañaba las piedras con hambre de lobo, y la lluvia arreciaba contra los cristales de la rectoría.

El invierno alzaba sus cuarteles y desplegaba sus tropas de asalto.

Junto a la chimenea, el padre Patrick O’ Malley tomaba su Guinness de la tarde y se deleitaba con los reflejos dorados que el fuego trazaba en la espuma.

Releía viejos textos sobre aquellas banshees de la mitología irlandesa que anunciaban con su llanto la muerte de algún familiar, mujeres de cabello largo y obscuro, tez pálida y ojos rojos de tanto llorar, larvadas, solas, bellísimas de tanta tristeza.

Aquellas hadas célticas llenaron su infancia de temor; su adolescencia, de culpable deseo.

Al abrir un ajado cartapacio que perteneció a su padre, cayó en su regazo una hoja rota de lo que parecía ser un libro. El pasaje que era legible en una de sus páginas hablaba del Tiempo, ese ángel turbio y homicida.

Tuvo la extraña corazonada de haberlo leído antes, mucho antes, pero…, y esto era lo insólito, en forma de manuscrito…

Leyó también algunas cartas. Una de ellas se demoraba en comentarios cosmológicos, y aludía con insistencia a un ensayo sobre la naturaleza del Tiempo; allí donde parecían citarse autor y título, el padre O’ Malley advirtió una descuidada raspadura de la tinta.

La carta, no obstante, deploraba algo indeterminado en ese trabajo.

Volvió a la hoja rota y observó en la parte inferior de una de sus páginas unas letras borrosas: Limerick Printers. Esa vieja imprenta aún existe, junto al puente que cruza el Shannon -se dijo el padre O’ Malley-, sin poder evitar pensar que la hoja y la obra referida en la carta pudieran guardar alguna relación.

© CrisC