MEDITACIÓN DE LA VIOLENCIA

24:::octubre:::2014

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No me veo capaz de una reflexión profunda sobre la violencia.

Forma parte de la naturaleza humana y tiene tantas raíces, aristas y complejidades que algunos no dicen más que banalidades para orejas autosatisfechas. Los meapilas de siempre.

También es cultural, esto es, atizada por conspicuos buitres interesados.

Quienes me conocen bien saben que no negocio con ésa…, la corrección política. Y menos aún con lo que llamo, no sin retranca, left political right. Qué triste derrota del pensamiento.

Y también saben que me ha traído, trae y traerá algunas soledades.

Hay violencias que no pueden ser juzgadas desde fuera, eso es fácil, ful y maniqueo… Hay que estar en el ajo para saber por qué a veces se recurre a ese terrible demonio.

Lo que digo tampoco es una patente de corso, faltaría más.

Me sospecho capaz de violencia y, sin contradicción, digo que me repugna hasta el punto de que ni siquiera soporto una discusión a tono alzado en una tertulia radiofónica.

Acabo de pasar algunos días malos por culpa… digamos del sistema.

Y como haya un universo paralelo y los pille en alguna esquina les voy a reventar la cabeza como a una granada madura…, bueno, en realidad nunca lo haría, nunca, pero fantasear con ello me arregla el cuerpo un poco.

Esa dulce y espantosa tentación.

http://youtu.be/0KaWSOlASWc

© Six Roy

12 Responses to “MEDITACIÓN DE LA VIOLENCIA”

  1. davsanmi Says:

    Es repugnante y siempre será para mí injustificada, pero como dices, “hay que estar en el ajo” para juzgar críticamente. Considero que hay un impulso detrás de un gesto violento, una mezcla entre personalidad y experiencias que se encuentran en una determinada situación, y como quién echa los caramelos de “Mentos” en un vaso de Cocacola, de repente ocurre. Repito, nunca, sea el motivo que sea, éste tendrá poder de justificar, pero al menos sí el de llevar a la comprensión de por qué ese comportamiento contra el respeto y la vida.

    Somos humanos. Ninguno escapamos al “Efecto Lucifer”…

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  2. Krizstin Says:

    Intento identificar lo que te lleva a esa tentación y lo que la evita, e imagino una situación dolorosa.

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  3. L u z Says:

    Al ver este post evoqué algunos de los versos de Vicente Aleixandre: “… / pasa borrando apenas las huellas de los carros, / de los hierros violentos que fueron dientes siempre,/que fueron boca para morder el polvo. / … / pero su sangre gime / (caliente término de la memoria muerta) / encerrada en un pecho con no forma de olvido, / descendiendo a unos brazos que un diminuto mundo / o(b)scuro crean.”

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  4. CrisC Says:

    Nunca es quizás demasiado nunca…, pienso en el dilema clásico de si es lícito matar al tirano, no obstante evito hasta la más mínima violencia, eso sí, Dav, el efecto ése acecha sin excusas.

    Dolorosa y controlada, Krizs. Volverá y procuraré gestionarla bien.

    En el primer poema de En un vasto dominio (1962) Aleixandre escribe: “Pero escribo también para el asesino. Para el que/ con los ojos cerrados se arrojó sobre un pecho/ y comió muerte y se alimentó, y se levantó/ enloquecido”.

    El poema se intitula Para quién escribo y siempre me impresionaron estos versos llenos de compasión por quien enloquece urgido por los demonios de la condición humana.

    Aleixandre siempre. Gracias, Luz, por traerlo.

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  5. Atticus Says:

    Por mucho que se estudie, la complejidad humana, unida a la irreductible libertad, nos hace imprevisibles. Eso de que yo no mataría nunca, yo no utilizaría jamás la violencia, etc., no son más que frases teórica. Lo haríamos, desde luego, en situaciones en las que no fuera algo importante, o lo creyésemos. Nos sorprendemos a veces con una palabra más alta que otra, y a punto a veces de esa agresión no prevista.

    No obstante, decir, creer, afirmar a priori que no nos conduciríamos violentamente es un avance moral. Contra la naturaleza y tal vez contra la realidad, pero que ha merecido la pena.

    Esta mañana he leído un artículo de Muñoz Molina que creo que interesará:

    http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/23/babelia/1414060239_803516.html

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  6. konnichi Wa Says:

    El finde pasado fui al cine a ver Relatos Salvajes. Seis historias de violencia que nos podrían pasar a cualquiera, y en las que seguro, a diferencia de los protagonistas, mantendríamos a la bestia sujeta. Nos quedaríamos con esas ganas de “arrancarle la cabeza a alguien” que tanto acuerdo contigo, CCT. Pero hemos aprendido a gestionar la ira (o en ello estamos), por nuestra salud mental más que nada, y por las cabezas de los demás, también. Aunque imagino que darse una vuelta por el lado salvaje debe ser una dulce y espantosa tentación.
    El director de la peli, Damián Szifrón, lo explica magníficamente con estas palabras: “Esta es una película sobre los que explotan, pero es que todos entendemos a los que explotan”.
    Feliz finde, CCT, que descanses.

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  7. CrisC Says:

    Paradójicamente la violencia es un recurso de fuerza pero también de la debilidad, quizás por ello esté a la mano de cualquiera. Acuerdo, Atticus, en la idea de que, pese a todo, negarnos a su posibilidad es un “avance moral”.

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  8. CrisC Says:

    Esa bestia que mencionas, KonniW, siempre tienta.

    Y, como escribes, “en ello estamos” para no darle bola si no es menester, pero imagina que alguien se pasase un pelo, un solo pelo, con alguna de nuestras criaturas…, vamos, ni los huesos les iban a quedar.

    Me ha gustado eso de “por las cabezas de los demás”. Feliz finde.

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  9. Ψάρια Says:

    La violencia siempre ha sido un lujo impune del poder, como tantos otros. La ejerce explícitamente, calentándonos a palos por salir a la calle exigiendo dignidad, o en sus formas más indirectas y mezquinas, escondida bajo entramados burocráticos que matan de hambre o de frío.

    Y es bien sabido que la violencia engendra más violencia, por lo que las expectativas no son muy consoladoras. Hessel decía que la hemos de comprender, nunca justificar. Me gustaría hoy hablar con él y que soltase algo más.

    En el camino por conseguirlo, el comprender, me surge la gran duda de si el asunto cambiará junto al sistema o por contra “somos así”, y estamos condenados a vivir en un continuo ciclo de autodestrucción que nos llevará de la manita hasta el final. Quiero creer en la primera opción, pero eso no va a condicionar la verdad.

    Y como te tengo aprecio, te aconsejo que seas discreto si algun día confundes alguna cabeza con una de esas granadas maduras…

    Gran post, CrisC.

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  10. CrisC Says:

    Violencia y Poder, qué parejita.

    El Estado monopoliza la violencia. La cuestión es paralela a la clásica sobre la guerra justa. ¿Cuándo es legítima la violencia?

    Ell simple sonido de esas palabras, qué curioso, me violenta.

    A la duda que te surge no sé qué decir, Ψάρια, pero puesto en la duda, si lo estás, confía y lucha, eso sí, te anoto unos versos de Gabriel Celaya mientras visualizo, jajajja, cabezas y granadas:

    Levanta tu edificio. Planta un árbol.
    Combate si eres joven. Y haz el amor, ¡ah, siempre!
    Mas no olvides al fin construir con tus triunfos
    lo que más necesitas: Una tumba, un refugio…

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  11. Dawn Says:

    No me gusta el alarmismo y el rechazo sin “meditación” previa a la violencia.

    Es un tema complejo. No soy violenta, ni predico que la violencia sea el único camino.

    No la considero necesaria, pero sí inevitable.

    Odio el alarmismo ese, porque creo a nivel social no tenemos ni puta idea de lo que es la violencia. Nos parece violento que alguien se cargue un cristal a una pedrada, y no nos parece violento un desahucio por ejemplo.
    Lo que decía, ni puta idea. No hay una jerarquía de valores por así llamarlo.

    Luego está el… Es legítima la violencia en ciertos casos como por ejemplo la resistencia o la auto-defensa de una persona o una nación?

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  12. CrisC Says:

    Parafraseando (o mejor, manipulando) a Aristóteles diré que la violencia se dice de muchas maneras. Hay una violencia repugnante y hay violencias legítimas, claro, Dawn. Nada nuevo bajo el Sol.

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