FULANA DE TAL

29:::febrero:::2016

“El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre,
y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Gabriel García Márquez

desayuno

I

Yo soy fulana de tal.

Es una novela (1963) de Álvaro de Laiglesia, que no he leído, y después fue una película (1975) de Pedro Lazaga y protagonizada por Concha Velasco, que tampoco he visto.

Justifican el título del post.

II

Fulana.

Una acepción aséptica de este vocablo dicta que es un modo genérico de referirse a una mujer indeterminada. Sin más.

Así una fulana sería cualquier mujer. Otra acepción: prostituta.

¿Qué salto semántico ha ocurrido aquí? Se entenderá mejor si decimos que una fulana ya no es tanto cualquier mujer cuanto una cualquiera, locución ya anacrónica por brutal.

Una cualquiera es un modo extremadamente cruel para referir a una mujer que ejerce la prostitución, porque al omitir su nombre niega su singularidad y la identidad personal que expresa todo nombre propio.

Nombrar las cosas es realizarlas. Así en el Génesis. Y así las reflexiones filosóficas sobre el lenguaje. Cuanto tiene nombre es real y existe…, tiene entidad. Y la dignidad que se colige de ello.

III

Aviso, voy a zurrar.

IV

Una cualquiera no tiene nombre y no es. Imposible mayor desprecio.

Y abre así la espita de la indignidad, pues lo que carece de nombre no es sujeto de derechos. A ello contribuyen el lenguaje, la doble moral de tirios y troyanas o el proxenetismo de gorilas y madames.

Y las cansinas meapileces de las violetontas lo enreda más. Pavas.

No he estado con mujeres que ejerzan la prostitución y cuanto digo sólo es una reflexión semántica y su corolario moral, no sé más, y desde luego no voy a espetar progresías para quedar bien.

No soy de esa pasta ni de presentar al imperante bocachanclerío.

En cuanto a la salvaguarda de su dignidad, ojalá sean ellas y sólo ellas las primeras en decir y ser oídas. Y todos los demás a cerrar esas bocazas, sobre todo esa puritana troupe de izquierdobeatas y huelebragas sin sexo ni seso.

Su nombre es el que tuvieron de niñas o el que les dé la gana a ellas.

V

Y me he mordido la lengua (a las violetontas las pone).

https://youtu.be/sMSnb9oNiuo

© Vil Korea

13 Responses to “FULANA DE TAL”

  1. In progress Says:

    No es tan despectiva la palabra “fulana” como el “de tal” que le sigue.
    No tener nombre en una cultura de etiquetas es hasta bueno.
    Tener que identificar a alguien por quién la acompaña es bastante peor, es transformarla en una propiedad.
    He leído en algún sitio (qué malo es leer) que los romanos tomaron a las griegas como esclavas y aplicaron el verbo latino puto, putas, putare, putavi, putatum (pensar) a estas mujeres por su capacidad pensante, no tan común entre las romanas.
    ¿La palabra crea el concepto? Yo diría que no.
    El ser humano, en su vileza más profunda, puede arrebatar la dignidad con palabras de oro, o de hojalata, pero al final son sólo eso, palabras.

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  2. CrisC Says:

    Nunca las palabras ciertas son sólo palabras. O casi nunca.

    Han designado ideales que han informado el destino de los hombres o, por el contrario, han deslucido sus vidas proferidas por entrañas muy sucias.

    Quizás por ello he soslayado el vocablo puta. Y por respeto.

    No sabía cuanto dices de su etimología y la he navegado por Google. Muy interesante, Ip, gracias.

    “Quizás del otro lado de la muerte -escribe Borges- sabré si he sido una palabra o alguien”.

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  3. @mSIRP Says:

    Leo el post y la interesante aportación de In Progress. En mi caso, no puedo evitar mirar las palabras desde otros lenguajes expresivos como el de la imagen. Reflexiono sobre la deriva de distintos vocablos, concretamente los que citáis ambos (además de si se puede calificar a una palabra como cierta), mientras releo un libro de pintura en el que aparece el siguiente fragmento: “el problema no reside en evaluar el carácter falso o real, positivo o negativo de la iconografía femenina, sino en reconocer que cualquier tipo de imagen (ya sea denigrante o laudatoria) genera significados para el término mujer.”

    Medito: pensante y esclava, pensante y esclava… Comparto con In Progress que la palabra no crea el concepo.

    Fabulosa Audrey, siempre.

    Abrazos Criscractaleros.

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  4. CrisC Says:

    La distinción entre palabra y concepto no la pillo. Sorry.

    Estoy muy poco sutil en estos días de trabajo esclavo, pero podría soltar contra las administraciones, gobiernos y demás incompetencorruptos una de insultos que ni Quevedo con síndrome de Tourette.

    En fin…, que llamar cualquiera a una mujer que se prostituye o a la que prostituyen (ahora sí que no entro en esa capital distinción, otro día) es una crueldad.

    Negarle el nombre propio a alguien (como en los campos de concentración) es negarle la realidad y su derivada dignidad.

    En cuanto a las violetontas (aprovecho para decir que he cambiado el nombre porque me advierte un amigo de que en algún momento se llamó -o confundió por parte de la gente bienpensante, es decir, los de doble moral- violeteras a algunas mujeres que ejercían la prostitución), … en cuanto a aquéllas -decía- creo que su estructura psicomoral es la misma que la de las beatorras de misa diaria de toda la vida de Dios.

    Y lo que de ello se colige.

    Cualquier imagen, cierto, @P, genera significados. A mí me encantan las imágenes, incluso me ponen. Y lo de los significados, bueno, eso es cosa de poetas, filósofos y blogueros.

    Gente desenfrenada de vivir golfo, hampón y malo. Les den.

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  5. In progress Says:

    Palabra=cemento.
    Concepto=dícese del viento cambiante, sin rumbo ni destino, que hace de su linaje un sayo y que su único contenedor es un plato grandón.
    Y a mí los poetas, filósofos grafiteros y antinormales me encantan, y si no tienen nombre y están algo idos a lo Bukowski, Cobain and company… mejorrrrr
    Y mis favoritos, los blogueros criscractálicos.
    Capaces de formar una “familia de leer” sin saberse.

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  6. CrisC Says:

    Esteeeee…, vale, a lo Bukowski.

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  7. Josevi Says:

    Teniendo en cuenta la máxima que dice: “ofende quien puede y no quien quiere”. Esto apunta a que el ‘efecto dañino’ de esa ofensa está en el sujeto destino al que se dirige la misma. Si el sujeto la acepta, ofendido queda, pero si no la acepta, la intención de ofensa queda ‘neutralizada’. Luego siempre tenemos la opción de no ser ofendidos por las palabras emitidas por terceros. Pero esto no es óbice para que muchas personas sigan utilizando las palabras torticeramente, y con intención de ofender, y/o desprestigiar. Sin embargo, también digo, que cada cual es preso de sus palabras e intenciones… No quiereo profundizar más, porque si no crearé un ‘black hole’ que te jiñas.

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  8. Atticus Says:

    Vaya, yo pensaba que era el único que no había puesto los pies en lupanar alguno… Claro que sí he estado en cuarteles, facultades de filosofía y algún que otro tempo… (Que no se me enfade nadie).

    No sólo no tenían nombre en los campos de exterminio, es que además debían saber su número en perfecto alemán. Por eso el nombre es tan importante. Y por eso, creo, que das en el clavo, “fulana” designa a cualquiera, y más aún: a una cualquiera.

    Maravilloso post.

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  9. CrisC Says:

    Las palabras significan intersubjetivamente y son funcionales por ello.

    Las hay que atentan contra la dignidad humana, aunque hay desde luego personas que en alguna circunstancia no se sienten zaheridas por ellas.

    Black hole, uff, socio, quita, quita…

    ***

    “Me llamo 174517”. Esto escribe Primo Levi en los inicios de su novela Si esto es un hombre.

    Numerar a alguien era el comienzo de un proceso de deshumanización, por eso, como dices, “el nombre es tan importante”.

    Atticus, ¿tú no fuiste a no sé que de la miel…? 😀

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  10. Atticus Says:

    En primer lugar, fe de erratas: escribí “tempo” en vez de “templo”. En ambos he estado, pero quería decir lo segundo.

    “La miel”, para los que no lo sepan es una casa de lenocinio que está a las afueras de la ciudad en que vivo. Tardé en saberlo. Por eso, cuando decía que iba a por bien, donde la miel y expresiones similares, había cachondeo al respecto,. Y nadie me lo decía. Se lo comenté a una compañera y me dijo que ella había llamado a la puerta con su tarro; la que le abrió no era precisamente una mielera. O sí. El otro lugar de tolerancia se llama “Mileidy”, os lo juro. Va a tener razón CrisC con lo de los nombres…

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  11. CrisC Says:

    Queda subsanado el lapsus de tempo/templo, querido Atticus, pero no sé, me pregunto si, cuando te dirigiste a la tal La Miel, la cosa fue ingenuo desconocimiento, que tal vez sí, o que el inconsciente, de suyo perdidizo y falderil, you know, te condujo por el camino verde que va a la miel, o no, y ya imagino a esa compañera tuya con el tarro en la mano (de alta comedia) y la melosa chica mirándola -estoy seguro- entre divertida, cansada y envidiosa quizás de tal candor.

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  12. Vicky Says:

    “No soy el insensato que se deja seducir por el misterioso sonido de su nombre,
    pienso con esperanza en aquel hombre que no sabrá quien fui sobre la tierra”.

    Solía decir en un poema, aquel mito literario. Sin embargo, en este caso se les quita el nombre porque ya todos lo saben. Desde los sacerdotes que gritan intolerantes desde el púlpito mientras una de éstas le enseña de rodillas un salmo milenario, o el corrupto con corbata, motivado por las votantes frígidas y morrongas.

    En fin, merecen un nombre… Y en caso tal que deseen no tenerlo que sea por budismo y no por negaciones torpes y anacrónicas.

    (Amé el adjetivo “izquierdobeatas”)

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  13. CrisC Says:

    A veces pienso en ti cuando escribo, Vicky.

    Lo hago -sobre todo cuando ironizo, que son muchas veces- porque me gusta usar argots diversos, inventar palabras, jugar pim pam con otras, asaltar significados y dar rienda suelta a disparatadas sintaxis.

    Pienso en que tu español de otro lugar tiene otros vocablos y no sé si te confundo y cuánto.

    Quizás yo sí sea un insensato seducido por el sonido mágico de los nombres y aun por sus formas sobre el fondo blanco de esta pantalla.

    Celebro que te haya gustado mi afilado neologismo.

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