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I

Esta noche la alegría y la palabra me niegan sus dones y no sé qué decir.

Mi alma atlética tiene algo de licantropía y tan pronto es un alto lobo que atraviesa la noche de hielo, como un niño que se derrama y añora a su padre. Yo soy ese niño y a él se la debo.

Soy quien fui y lo seré siempre, el destino no negocia.

Escribí un día que la infancia era el paraíso… Llovía entonces y la lluvia resbalaba de mi pelo a mis ojos, de mis ojos a mis labios y a la llama viva que habitaba mi boca.

Hoy son lágrimas las que al descuido se allegan a ella.

A veces eso que decimos justicia poética juega en un campo de fútbol y el balón cae del lado de los lobos, indios lobo, por eso danzamos junto al fuego y amamos bajo las estrellas.

Esta noche el azar y la tristeza prevarican de nuevo. Basta, ya basta.

II

Anoche escribí las palabras que preceden a éstas. Añado otras.

Siempre he defendido la feliz inocencia del fútbol. Y de igual modo he sido consciente de la etiología visceralmente emocional de un apasionamiento que a ojos extraños podría parecer ridículo.

Elegí deliberadamente vivir lo mejor de esa pasión.

Y elegí, del mismo modo, entender lo peor como parte del juego. Esto lo he sabido siempre, siempre lo asumí y lo he asumido así. Fui como muchos. Pero basta, basta ya. Ya no juego.

Poner en manos del azar tu alegría es alienación.

Que tu tristeza dependa de ese azar y de las acciones de otros es absurdo. Hasta anoche me dejé abrazar por una pasión controlada racionalmente, no hay contradicción en ello, no la hubo en mí.

Se acabó. Me descabalgo hoy de mi pasión atlética.

No veré más fútbol. De nadie. Ni deporte alguno. Empiezo ya a sentir ridículas mis pasadas alegrías o tristezas debidas a cosas ajenas a mí. Basta. Fin de la cita.

Hoy soy más libre que ayer.

© CrisC

DEFENSA PERSONAL

19:::mayo:::2016

Quien guarda su boca, guarda su alma.
Proverbios. 13:3

Hay una secuencia en El Padrino que me impresiona vivamente.

Corleone recibe de Sollozzo la oferta de entrar en el negocio de las drogas. Sonny, su hijo mayor, interviene imprudentemente (3’40’’) y su padre lo ataja de inmediato pero con mesura.

Al fin y al cabo también las alimañas tienen pulsiones filiales.

Al acabar la reunión e irse Sollozzo, Vito Corleone llama a su hijo (4’30’’): “¡Santino! ¡Ven aquí! (…) Cuando hablemos de negocios delante de extraños no vuelvas a decir lo que estás pensando”.

Callar lo que se piensa…, oh, what a Beauty!

Yo no soy capaz de una elevación estética tan deslumbrante. Y aunque practico con denuedo, no es fácil… Y tiendo en mis relaciones personales a la confidencia veraz, más, a una ingenua, estéril e ilusa generosidad.

Creo haber dicho lo que pienso pero no lo he dicho todo.

Secuencia de El Padrino (USA, 1972). Francis Ford Coppola.

© Vil Korea

LICANTROPÍA II

9:::mayo:::2016

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Me asedia un lobo deseo de tus pechos que no prescribe.

Y un temor, casi de niño, a que los hiera esta desmesura
de fiera urgida por la soledad, el hambre obscura y la licantropía.
Lo puse por escrito una espantosa madrugada.

Miedo a mi propia bestia boca y sus defensas.

Miedo a la agonía si los hurtases a mis labios, qué rotura
si los alejaras de mis manos delictivas, de estos ojos sin vergüenza.
Si los negases a mis derechos de victoria.

No oculto ni disfrazo mi destino monstruoso: vivo de hacer sangre.

Mi corazón te advierte ahora de sus lúbricos instintos
y mi sexo te desflora, rinde e ilumina. Lo dije sin excusas en voz alta.
Lo hinco en tu garganta…

“Si vas a desnudarte para mí has de saber que puedes morir”.

Licantropía I

© Six Roy