1979 Alien el octavo pasajero (ing) (foto) 01
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I

Sigourney Weaver no era especialmente sexy.

¿Quién podría negar, sin embargo, que la penúltima secuencia de este film emana erotismo? Sus inevitables secuelas y precuela han ayudado poco, más, han desactivado el contexto que le da su carga erótica.

Y han hecho del bicho un juguete de tómbola.

El mayor acierto de la película es que al alien nunca se le acaba de ver claramente hasta el final. Y no demasiado. Su ocultación y desocultación continuas dan ocasión a un juego que desata terrores ancestrales.

Esto genera una tensión sostenida durante todo el metraje.

II

En la secuencia que justifica este post ocurre algo distinto.

El espectador cree que el alien ha quedado atrás. La teniente Ripley ha enfrentado a la Muerte…, y se dispone a escapar en una nave auxiliar. Todo transcurre con cierta placidez, es la del propio espectador.

Ella se desnuda. El alivio se palpa en la sala de cine. El erotismo no emana tanto de ella -que también- cuanto de ese alivio.

Y sobre el contraste, lo erótico muestra plenamente su ser.

Parafilias aparte, o quizás no, el erotismo que esplende la secuencia da cuenta de su naturaleza porque expresa la Vida, humana y rabiosamente la Vida. Es su afirmación frente a la Muerte.

III

Hay quien barrunta furor tanático en la pasión erótica. Yo mismo.

Pero eso son profundidades sobre las que mis neuronas tienen escasa jurisdicción. Soy menos de redes neuronales que de fluidos endocrinos y de hormonas desbocadas. Cuanto es destino no negocia.

Tampoco el erotismo.

The Passenger. Iggy Pop.

© Six Roy

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I

Quién no ha dicho alguna vez ráscame la espalda.

Y hemos dicho ahí, sí, un poco más abajo, no, más arriba, más fuerte, o no, hemos dicho no tan fuerte, más despacio, “despacito”, “pasito a pasito”, y sin más, con la voz desvaída, hemos dado las gracias.

Al cabo de poco, sin embargo, volvía a picarnos lo mismo. O más.

Porque sólo uno mismo sabe dónde, cómo y cuánto le pica. Y no es fácil que otro u otra, o el entero equipo de natación sincronizada de Uzbekistán, dé con el punto exacto, el tiempo y el ritmo, la extensión, la presión justa…

Nadie nos rascará como nosotros lo haríamos.

II

Rascar y pensar… Pensemos.

Esto de la picazón, anécdota de poca trascendencia si se quiere, pone de manifiesto la dificultad de salir de las fronteras de uno mismo para entender al otro. Cuán poco común resulta.

Rousseau lamentaba esa imposibilidad de saber acerca del otro.

De todo ello se coligen problemas filosóficos que vienen de antiguo y que a mí, a día de hoy, me ponen poco… Se trata del solipsismo y de otras lindezas gnoseológicas, ¿veis?, ya acabo de soltar unas palabrotas.

En su favor diré que la filosofía trata de la Vida.

Acabamos por lo general en las lindes de nuestros epitelios, y sólo algunas almas bonísimas se afanan por llegar a las necesidades de las otras criaturas. En el entretanto el vulgo mercadea con los muchos imperios del Mal.

Me pica la espalda, voy a coger un cuchillo de la cocina.

Amamos el pensamiento (…) porque amamos la vida. Aristóteles, “Protéptico”, B 73.

© Vil Korea

EL ARCA DE NOÉ

11:::mayo:::2018

Media el año y nos abruman demasiados discursos apocalípticos.

Que si el eunuco norcoreano ése la va a liar parda, que si el enemigo de la Humanidad es ahora el azúcar, que si el calentamiento gobal y que si la va a palmar hasta la mismísima abeja Maya.

Y no, mirusté, que yo al animalerío lo veo venturosamente fausto.

El pasado verano vi una araña en el techo de mi alcoba, me acerqué raudo y me miró implorante, me dijo, cada uno de su tabaco, ¿te parece? Le dije que vale. Y me libró de las moscas cojoneras en un pispás.

Y otra arañita en mi estudio (la hice el cangrejo ruso pero siguió a su tela).

Llamaron una tarde a la puerta, un lince ibérico que me quería vender un seguro, mira no, le dije al gato, pero lo invité a unas anchoítas y a un albariño. Le dio un jamacuco tras dos copas (llamé al 112 de los gatos).

Dos buitres me dijeron en la calle: payo, danos algo. Les bajé unas sobras.

También las tuve con una cucaracha roja a la que, seguro, no le faltaban las patitas de atrás. Noté un cosquilleo en el antebrazo, ella, y la lancé contra un árbol. Insultó gravemente a mis ancestros: perra, la dije yo.

Cuanto cuento -palabrita doy- está rigurosamente documentado.

Y así una babélica cohorte de variopintos animalejos tales como manatíes, grajos en el balcón, escolopendras con mochila, dos o tres lirones careto, un pangolín fumeta y algún que otro gecko con ínfulas baratarias.

Y las sanguijuelas en Soto del Real (queda sitio).

Fantasía (USA, 1940). Danza de los hipopótamos.

© Vil Bill

QUERIDA TUYA

4:::mayo:::2018

I

Querida digo apostado en las almenas de mi desprecio.

Que cuando se te ha vivido se advierte, tarde, tu esencial podredumbre; y también que nunca habrás de ser la criatura que se alce sobre sí misma hacia el futuro. Perecerás por tu propia viboricia.

Alimaña que lo fuiste desde la raíz y el principio. Mala.

II

Eres miserable a fuerza de elemental e incompleta.

Y así con cuantos multiversos especímenes te avalan, así eres, burda, poligonera y reinona que infundadamente cree que todas las criaturas le son debidas por no se sabe qué débitos.

Oblicua, torticera y taimada. Prescindible.

III

Tu bajío constitutivo exuda tu maldad.

Eres el nutriente básico de todos los totalitarismos, de todas las ignominias, de todos los fracasos. Eres la nodriza de todas las religiones, señora de todos los fraudes y la gran jinetera bíblica.

En la ínfima satrapía en la que reinas yo te acecharé desde las sombras.

IV

Maldigo el azar que me llevó a mamarte las ubres, querida Especie.

Two Socks. Dances With Wolves (1990), Kevin Costner.

Y todavía hay quien pregunta por qué prefiero los perros a las personas.
Arturo Pérez-Reverte

© Vil Korea