ODAS DE LA CARNE HAMBRIENTA

26:::octubre:::2018

“La carn vol carn, no s’hi pot contradir
(La carne quiere carne, no se la puede contrariar)”.

Ausiàs March (Valencia, 1400/1459).

I

Sé quiénes son y no me engañan. Esas criaturas.

Lo sé desde hace mucho porque desde hace mucho algo sé del alma humana. Y no diré del cuerpo porque como el viejo Walt digo que el alma es el cuerpo y el cuerpo es el alma. Dejémonos hoy de metafísicas.

Algo sé -decía (y les da rabia).

Resultan de un batido de estupidez, dos ideas rancias y, sobre todo, de una derrota humana que las hace insoportables a sí mismas. Con todo ello nutren su atávico estigma puritano.

Son una suerte de ridículo ejército de salvación y unas meapilas de manual.

Sí, ya sé que leen a los clásicos, a los modernos, al bies y a un autor maldito reconvertido a los best sellers de tapa dura…, pero son las de siempre, que sí, las contorcidas criaturas de siempre.

Las mismas con otros lenguajes pero fieles a su miedo. Y fielas.

Sé cuáles son los novísimos discursos con que justifican su odio a la voluptuosidad, a la desmesura lúdica o al sexo. A la alegría. Tienen miedo de sí mismas y les aterrorizan los espejos. Y excretan resentimiento.

Que lanzan contra quienes se follan a la Vida y bailan. Los aborrecen.

Les asusta el lenguaje obsceno, el cuerpo desbordado, la pasión sin culpa alguna, el sexo sin aditivos, el amor que ansía carne y la carne que llama al amor bello. Sé cuáles son las miasmas que efluye su espíritu necio.

Es grave. Porque las vomitan contra quienes las ignoran.

II

Este post viene a cuento de una lectura de verano.

El poema que sigue está lleno de osadía, frescura, poder e inocencia. Y rebosado de una deliciosa suciedad sexual tanto como lo está de una verdad inmaculada, sencilla y ancestral.

Me hizo apiadarme de esas criaturas devoradas por sus propios demonios.

III

Ciudad de los ángeles.

“Voy a declararme salvajemente tuya.
Y a escribirte con saliva en la espalda esta poesía
durante los créditos
de cualquier película porno
que proyectemos en el espejo de tu habitación.
Voy a protagonizar cada escena,
a llenarte las paredes de gemidos
y la boca, de mí.

Voy a declararme salvajemente tuya.
Y sólo voy a volverme cuerda
si la usas para atarme las muñecas
y para desatarme las ganas
de follarte hasta la voz.
Dime, ¿para qué coño quiero yo los modales
pudiendo tener la mano dentro de tu pantalón?

Vamos a ampliar la lista de pecados capitales
hasta que esta ciudad se quede sin ángeles.
Vamos a hacernos los muertos.
Vamos a dormirnos las lenguas
a mojarnos los dedos
y a gastarnos el sudor.
Vamos a soldarnos, vamos a no soltarnos.
Y tú, si tienes que guardar las formas
que sean las de mi cadera
bailándote encima.

Voy a declararme salvajemente tuya
y voy a lamerte el cuello hasta sentirte
tocado
y hundido
hasta el fondo”.

María Vera. Vida después de la huida.
Valparaíso Ediciones. Granada, 2017.

… “y tres diosas
quieren morder contigo la manzana

Ana Rosetti

© CrisC