27

27.1

I

Pienso en la desnudez sin atributos de esta cifra.

Y en que de primeras la asocio a la generación poética que también fue llamada Generación de la República. Es una identificación que viene de lejos y arraigada en mí.

En broma he hablado a veces de los 27 poetas.

No fueron 27 ni todos lo fueron, pero los leí a casi todos. Y casi todo de Vicente Aleixandre: su poesía es responsable de una buena parte de mi ADN emocional e intelectual.

Hubo músicos, artistas plásticos, arquitectos quizás y otros muchos.

II

Pero 27 también alude al aciago club de los 27.

Son los músicos y cantantes que murieron a esa edad. Me sé los más conocidos: Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison. Luego Kurt Cobain y no hace mucho Amy Winehouse.

La cantante española Cecilia también murió a esa edad.

Y en Google he visto a otra mucha gente que no me suena de nada pero que fueron, casi sin excepción, músicos de todo tipo.

El pintor Basquiat no está en la lista pero murió a los 27 años.

III

Es doloroso que alguien muera a esa edad.

Es insoportable que cualquiera muera joven porque pierde cuanto tiene y cuanto podría llegar a ser y tener. Parafraseo a Clint Eastwood en Sin perdón. Es una frase sentenciosa y veraz.

Y no obstante morir es parte de la vida. Eso ya lo sé.

Hoy mueren en Europa, Oriente Medio o en el Mediterráneo hombres, mujeres y niños que no deberían ni antes ni después ni a los 27 años. Y no sé qué hacer, excepto arrancar de mis ojos una y otra vez lágrimas inútiles.

Y maldecir gravemente y maldecirme.

Hay quienes supieron ver esta tragedia esculpida en el destino del alma humana, los trágicos griegos… Y hay quien propuso afrontarla sin excusas, incluso con alegría. Un tal Nietzsche.

Hay quienes arman relatos infantiles para soportarla.

Y hay quienes escriben como Vladimir Holan que hay “momentos de frío en los que estrangulas palomas y te calientas con sus alas”, porque hay “destinos donde lo que carece de temblor no es sólido”.

Y que hay “silencios que debes expresarlos tú, ¡precisamente tú!”.

IV

¿Por qué yo?

© CrisC