MEDITACIÓN DE LAS ATENCIONES

19:::enero:::2018

“En el corazón guarda el tarro con miel perfumada”.
Coeliquore

I

Recuerdo el uso que mi padre hacía de la locución.

Decía de una u otra persona que era persona atenta, esto es, pródiga en amabilidad con los demás. Alguien así tiene el don natural de advertir… no sé cómo decirlo, la humanidad del otro.

O sin más atiende al bienestar de otros porque sí.

II

La persona atenta no se disfraza con palabras huecas. No se disfraza.

Vinieron un día a casa unos desconocidos que pronto dejaron de serlo y a los que con el tiempo no traté con las debidas atenciones. No me lo he perdonado y espero de la Vida la ocasión de disculparme.

Vi cientos de veces estas impremeditadas gentilezas de mis padres.

Con un pintor que venía a casa, con un taxista, con la vecina, con el pasajero que compartía departamento, charla y comida, con la vendedora de fruta, con los amigos, con los amigos de los amigos.

No acudieron a clase alguna pero tenían clase para regalar.

III

El alma grande de la que hablo es una singularidad.

El porqué alguien tiene naturales atenciones con otros será cosa de una desacostumbrada bonhomía que se acrece desde la raíz, y que tiene anclajes en la hospitalidad que parece natural en muchos pueblos.

Lo que suelo ver en mis congéneres son más bien desatenciones y rudeza.

No sé cuán atento soy o si lo soy, pero lo procuro. Por eso aún me duele aquello y las veces, que acaso son demasiadas, en que no lo soy. Me sé lleno de contradicciones, por ejemplo, hoy mismo he reventado de ira. Ya pasó.

No son los ojos sino el corazón quien arma una mirada atenta.

“… que ni siquiera tu mano izquierda sepa lo que hace tu derecha”. Mateo 6, 3.

Mad World. Rem.

© Six Roy

TODO VUELVE A Mí

8:::diciembre:::2017

El sueño que fue sueño sólo.
La palabra que fue ardid y ocultación,
pero reveló su ser (…)

Una tarde de siesta,
dos semanas de vacaciones. Todos los acentos que no puse,
el examen de latín (…)

Algunos cuentos. El acné.
Las tesis de Abril. Los labios que entreabrí con mis labios,
siempre otros y distintos a sí mismos.

La mujer que quiso hablarme
y el decreto que selló su anhelo. El vértigo de ser.
Los ojos que cercaron mis ojos.

El agua que en las manos me fue dada
con tanto amor como al amor le es dado.
Los pechos de Marilyn.

La morosa delectación en los vocablos
del hombre que quiso ser Martín Fierro, alguien,
el filo de la daga, acaso un hombre (…)

La lluvia que en manos del alba
sació mi sed, me desvistió y se me hizo historia propia,
sangre, aliento, huesos, corazón y un número nuevo
en el calzado o la camisa.

Tantas noches a la espera,
la boca caliente que no quiso amanecer a mi lado
y la arena, la luna (…)

Cien años de soledad.
El rey de espadas.Y trece mentiras en alas del insomnio,
la luz, la Belleza, el instante.

Todo vuelve a mí.
Como si un tren antiguo
pasara silbando.

De Nueva conspiración de afinidades y babeles, en Una lluvia interior (1992).

Last Train Home. Pat Metheny Group.
© Six Roy

TENER CLASE

29:::septiembre:::2017

Hice notar al médico que Kant no se sentaría por más que seguir de pie le hiciera sufrir,
hasta que no supiese que sus visitantes habían tomado asiento.

Thomas de Quincey.
Los últimos días de Emmanuel Kant.

I

Salía yo de la facultad y volvía a casa.

Cerca de ella me abordó amistosamente una mujer vestida con estilo, pelo rizado, morena de tez y voz de acariciar. Me preguntó algo, no recuerdo qué… Y al despedirse me dijo gracias, chaval, tienes mucha clase.

No sé por qué lo dijo pero al veinteañero bobo que fui le gustó el requiebro.

II

Hoy me pregunté en qué consiste tener clase.

He pensado en esa gente que ha sido educada en la demostración de una cortesía burguesa o señorial. No la desdeño, pero a veces es puro formalismo y ocasión de petimetres. O lo que llamamos postureo.

Y he seguido preguntándome.

Y visto que hay quienes no la tienen y nunca la tendrán, pobres criaturas, quizás porque lo más obscuro de la Vida se ha cebado en ellas y calcinado las raíces de toda elegancia.

Al final creo haber concluido algo…

Tener clase es tener presente al otro, dar por sentado que en cualquier momento el dolor, la cochina soledad o cualesquiera de los muchos demonios en vigor se están cebando en su alma. Y ocuparse entonces de su vuelo a intervalos regulares, cortos, de un minuto, o dos no más.

III

Tiene clase quien se desarma cuando podría no hacerlo.

La danza de las libélulas. Manuel García.

© Six Roy

CONTRA LA TAUROMAQUIA

22:::septiembre:::2017


Hablan de tradiciones.

Como si lo más excelso de la historia de la Humanidad no hubiera sido, precisamente, la lucha por acabar con tantas tradiciones bárbaras y tantos bárbaros tradicionalistas.

O hablan de libertad sin el respeto que se le debe a ese universal.

¿Qué libertad? La de criar un animal para la tortura y hacer de ello un espectáculo llamado fiesta nacional. Como el Universo, la crueldad humana es infinita. Y la estupidez.

Hablan de arte y ancestralidad (la burricie siempre es atrevida).

Y sus falaces argumentos serían, de no justificar la indignidad, ridículos hasta la irreprimible carcajada, pueriles hasta la vergüenza, de incontenible alborozo de no ser porque se bañan en sangre.

Estos trileros de la posverdad hablan de Democracia.

Algunos hablan ahora y la reivindican para sí, pero no lo hicieron cuando quienes sí la reclamaban contra la dictadura se jugaban la pellica, la tortura y el trullo. Y los toreros brindando por la muerte al dictador.

Y luego están los otros nacionalistones. Esos sátrapas.

Esos hipócritas que claman contra las corridas (españolas) de toros pero implementan, celebran y gustan de las atrocidades propias, tradicionales e identitarias de su pueblo contra los toros precisamente.

Hablan todos ellos desde sus sangrientos púlpitos y chiqueros.

El caso es que alguna pena dan porque no son conscientes de estar ya amortizados por la Historia, bueno, más que amortizados están atropellados. Esos carniceros y su público ya son carne de paleoantropología.

No será ya pero será pronto.

Vendrá una generación a la que repugne su primitividad. Y cuando en el colegio los textos escolares hablen de ellos…, los verán como a especímenes polvorientos en la vitrina de un museo de Historia Natural.

Aún vociferarán un tiempo aupados a hombros de palmeros tontiprogres.

Durísimo e IMPRESCINDIBLE vídeo de una becerrada.

© Six Roy

APOLOGÍA DEL CULTURETA

19:::mayo:::2017

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I

De un tiempo a esta parte están de moda algunos neologismos.

II

“Cultureta”, por ejemplo.

El DRAE recoge dos acepciones, ambas con significados peyorativos. De un lado, “actividad cultural que no alcanza un nivel aceptable”; del otro, “persona pretendidamente culta”.

No hacía falta el palabro y además es vulgar (la RAE siempre claudicante).

A la primera acepción la hemos llamado siempre “bazofia”, “bodrio” o “cagada”…, algo de calidad ínfima. Sin más. A la segunda la hemos llamado “pedante”, “petulante” o mascachapas.

No hacía falta pero confieso que los neologismos me ponen.

III

Y lo que a mí me parece es que hay mucho rocín espetándola sin mesura.

Cada vez que la oigo el tono es despectivo, mordaz, y está en boca de todo dios: en la calle, en los lugares de trabajo y, sobre todo, en boca de los media. De los media, digo, a ver si me va a dar la risa flux y me descincho.

Esos mismos gacetilleros que cocean al diccionario que ni Pepe.

IV

El caso es que me recuerda a la secular burla sobre el empollón.

Es un universal. En toda institución educativa la recua de pitecantropus siempre la ha tomado con los que sabían más que ellos, estudiaban más o eran, sencillamente, mejores personas. Ahora los llaman culturetas.

Es ya demasiado vieja la cosa como para sorprender. Y bajuna.

V

Puede que algún pedante merezca el apelativo y una toba. Seguro.

Y habrá mucho pintamonas, con apenas un toque de cultura liofilizada, cuya única intención sea la de presumir ante un público de féminas o varones a los efectos de siempre (no me tiréis de la lengua). Oh, sí.

Y que muchas actividades presuntamente culturales no son otra cosa que subcultura y cutrefolklore es obvio, pero a mí me la pelan estos inquisidores que llaman culturetas a quienes siempre llamaron empollones.

Y es que tienen menos luces que un supositorio en el buyate de un tröll.

Tribute (Right on). The Pasadenas.

© Vil Korea patan

ACERCA DE LO INCOMUNICABLE

5:::mayo:::2017

Olvidé la palabra que quería pronunciar (…)
y mi pensamiento, incorpóreo, regresa al reino
de las sombras.

Ósip Mandelshtam

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Con obstinada frecuencia se discute sobre el sexo de los ángeles.

I

Acerca de la soledad, por poner un ejemplo de lo más conspicuo.

Que si lo peor es la soledad tangible, la ausencia física de voces, gestos, aromas y compañía. La del náufrago. O que es peor la soledad de quien está acompañado pero se siente solo. El urbanita.

Calle quien no sepa de ambas. Estaría más guapi.

A qué discutir…, si una y otra te despellejan por igual. Y si la mala fortuna quiere que ambas estén a partir un piñón, entonces celebran una orgía, pagas tú la factura y se desgravan ellas. Cabronas.

Creo que la una activa y se retroalimenta de la otra. Sin más.

II

Me habló Atticus hace unos días de una obra de teatro.

El cartógrafo, de Juan Mayorga. La acción se desarrolla en el gueto de Varsovia. Y me describió una escena en la que la actriz principal, en uno de los ensayos, dijo que no podía representar aquello.

Es Blanca Portillo. Así que la cosa debía de tener su mucha dificultad.

Dijo, y luego lo trasladó a la función, que le era imposible representar el sufrimiento de una niña de once años que aparece en la obra. Cuando Atticus traiga su comentario, lo contará mejor que yo. A ver si hace post.

III

Y ambas reflexiones me llevaron a una tercera.

Es imposible comprender otro dolor. No hay empatía que valga, no hay pavadas metafóricas como la de caminar tres días con los zapatos de otro, no hay modo alguno de acceder al desgarro del sufrimiento ajeno.

El dolor cierto es absolutamente incomunicable.

En El Principito se decía que lo esencial es invisible a los ojos. Sin duda alguna. El sufrimiento de verdad, ése que tumoriza el alma e inyecta un alien hambriento en las entrañas, ése no es accesible a nadie. A nadie.

¿Qué hacer ante su hórrido espectáculo? Acompañar, al menos eso.

IV

Es lo que hace Calcetines con el teniente Dunbar en Bailando con Lobos.

Two Socks. Dances With Wolves (1990). Kevin Costner.

© CrisC

EVOCACIÓN DE LOS VASARES

31:::marzo:::2017

… se llamó a sí mismo lobo estepario
El lobo estepario. Hermann Hesse.


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I

No he vivido en casa que los tuviera. O sí.

Sí los he visto en el cine u ocasional visita a alguna que ahora no identifico. Quizás casa-museo de escritor o pintor, creo que sí, quizás la de algún familiar lejano que ahora navega mi frágil memoria.

Como (casi) todo lo antiguo los vasares son evocadores. Lo son para mí.

Indago en mis sentires el porqué irradian emotividad algunos objetos de los que mi experiencia es magra o, en el mejor de los casos, diferida. Indago poco, cierto, me vale lo que siento y no tanto las explicaciones.

Y además -lo confieso- creo saber lo suficiente de ese porqué.

II

No hay por lo general santa alianza que no sea en el fondo demoníaca.

No es el caso cuando a la memoria se alían y alean los sentidos, porque entonces el aroma de una sábana recién, una vieja fotografía o un vasar nos llevan en un tris, zas, del corazón al alma.

Recuerdo ahora aquel insólito lobo estepario de Hesse. ¿Por qué?

Quizás porque esta evocación de los vasares sea una más de mis lobunas bipolaridades. Aquel extraño ser sentía a la vez el pulso dionisiaco de la Vida y la nostalgia de un orden burgués lleno de pulcritud, plantas y hogar.

No sé si basta para un post.

Home. Dan Croll.
So if you ever come ‘round to my house take your shoes off at the door…

© Six Roy.