HERR ATTICUS UND OKTOBERFEST

20:::octubre:::2017


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Olvidé la palabra que quería pronunciar (…)
y mi pensamiento, incorpóreo, regresa al reino
de las sombras.

Ósip Mandelshtam


Me gustó Configuración, un post que Atticus publicó en Junio.

Y puse un comentario que también me gustó (y a mis abuelas). Decía yo que hay experiencias que se resisten al poder captor de la palabra, una caricia por ejemplo, o cuando mi lengua se adentra en la encendida boca de ella.

O cuando algo mueve mis ojos y no pocas veces a las lágrimas.

O al gritar gol y subirme de un salto a la mesa al grito de banzai como un poseso. Pos eso. Cierto que escribí un día que la filosofía consiste en ponerle a las cosas su mejor nombre.

Y le decía yo a Atticus que ambos somos, plop, contradictorios y poetas.

Y que no me explicaba cómo no ardían nuestras agendas, redes y telefonías. Al menos las mías… Seguro que él no da abasto con eso y lo acometen hordas féminas con oktoberfesteras intenciones eugenésicas.

Que les hablase de mí (a ellas), le dije yo (a él), y ya yo si eso.

Ni mu debe de haberlas dicho (a ellas) porque aquí estoy sin vender una escoba ni comerme un colín. Y traigo esto a colación como denuncia y para que lo sepa toda España y sus muchas colonias de ultramar…

El Atticus es un rata, un avaricias y un to pa él.

Clavado En Un Bar. Maná.

… dedicado a Atticus y a sus Bier Fräulein
© Vil Bill

TENER CLASE

29:::septiembre:::2017

Hice notar al médico que Kant no se sentaría por más que seguir de pie le hiciera sufrir,
hasta que no supiese que sus visitantes habían tomado asiento.

Thomas de Quincey.
Los últimos días de Emmanuel Kant.

I

Salía yo de la facultad y volvía a casa.

Cerca de ella me abordó amistosamente una mujer vestida con estilo, pelo rizado, morena de tez y voz de acariciar. Me preguntó algo, no recuerdo qué… Y al despedirse me dijo gracias, chaval, tienes mucha clase.

No sé por qué lo dijo pero al veinteañero bobo que fui le gustó el requiebro.

II

Hoy me pregunté en qué consiste tener clase.

He pensado en esa gente que ha sido educada en la demostración de una cortesía burguesa o señorial. No la desdeño, pero a veces es puro formalismo y ocasión de petimetres. O lo que llamamos postureo.

Y he seguido preguntándome.

Y visto que hay quienes no la tienen y nunca la tendrán, pobres criaturas, quizás porque lo más obscuro de la Vida se ha cebado en ellas y calcinado las raíces de toda elegancia.

Al final creo haber concluido algo…

Tener clase es tener presente al otro, dar por sentado que en cualquier momento el dolor, la cochina soledad o cualesquiera de los muchos demonios en vigor se están cebando en su alma. Y ocuparse entonces de su vuelo a intervalos regulares, cortos, de un minuto, o dos no más.

III

Tiene clase quien se desarma cuando podría no hacerlo.

La danza de las libélulas. Manuel García.

© Six Roy

MEDITACIÓN DE LA VIDA

1:::septiembre:::2017

I

Todo espíritu lúcido es sensible a la seducción del suicidio.

Paradójicamente, o no, esa posibilidad expresa una rebelión contra los triunfantes discursos tanáticos de nuestro tiempo y un modo de hacer valer su contrario. Hablo de la Vida.

Vivir y ayudar a vivir es el sentido de la Vida. No hay más.

El señuelo de la belleza de aquellas sirenas que tentaban a Ulises y su deletéreo canto, delatan a la autora de la partitura. Gran orquestación la de esta guarrona miserable.

La muerte me la pela. La mía.

Nada excepcional para quien se tuvo por poeta y, lo quiera o no, lo seguirá siendo siempre. La muerte es mi hermana y mi madre, mi novia, mi amante, mi amiga, mi delatora y mi asesina.

Es carne de mi carne esta maestra de la espera. Quién dijo miedo.

II

El problema filosófico primero es el del suicidio.

Lo escribe Albert Camus. Se trata del problema filosófico y vital por excelencia, esto es, saber el valor de la Vida y por qué vivirla. Amar la Vida incluso en su derrota última.

En ello nos va no tanto la felicidad cuanto la alegría. Y la propia vida.

Vivir es un hecho, un descuido del azar y no una conjura de fuerzas numinosas. Una vez volcados a la Vida, vivir es una obligación y un juego en el que es mejor no ir de farol. Pero y si sí qué.

Te obliga su singularidad y cuanto te conceden sus días.

Ninguna vida está determinada, ninguna, y aunque la cosa del deber me camela poco, siento que debo la mía a quienes me la dieron, a mí y a quienes la perdieron. Esto creo.

Siempre me ha sobrecogido la trágica fragilidad de la condición humana, insoportablemente y casi desde niño, y quizás por ello creo que no insistir en la Vida es la única debilidad que podría llamarse pecado.

Insistiré en mi vida por quienes “temprano levantó la muerte el vuelo”.

III

Citaré una vez más al gran solitario de Turín.

En Del amigo, capítulo de la primera parte de Así habló Zaratustra, Nietzsche escribe que cada cual es un vehemente diálogo consigo mismo…, ¿cómo soportarlo si no hubiese un amigo?

Y que este amigo impide que ese diálogo nos abisme en la profundidad. Ya somos demasiadas profundidades -continúa- y por eso anhelamos un amigo y su altura. Y yo añado que su inteligencia, su lealtad y su tiempo.

Mi vida es mía, de la Vida y de quienes me quieren. Hola, CrisCris.

La vida llegó arrasando e impredecible. Coeliquore.
© CrisC

MEDITACIÓN DEL REFUGIO

7:::abril:::2017

Quédate -susurraban-, si delinques/ te aplastará la soledad (…)
Félix Grande. Las Rubáiyátas de Horacio Martín.

© Matthieu Grymonprez

O

Éste es un post difícil.

I

De joven hice algunas o muchas locuras, por ejemplo, leía.

De todo (leí bastante poesía). Recuerdo algunos impactos y no sólo los recuerdo, apenas tengo que desabrocharme la camisa para ver que siguen ahí: abiertos, frescos, siempre transparentes.

Y más. Soy hijo de esos impactos.

De aquellos versos de Gabriel Celaya, por citar algunos, en los que alienta a combatir y hacer el amor si se es joven; pero también dice que no deberíamos olvidar lo más necesario: construir un refugio.

Entonces no entendí bien aquello, a ver, yo tenía 18 años.

II

A día de hoy no hay refugio en mi vida, vivo a la intemperie.

Siendo aún muy joven derribé el refugio que ya no he vuelto a levantar. Cuanto llegó después fue la reverberación de aquel acto de coraje y sus ecos de soledad, espanto y frío. Eso fue a los casi 20 años.

Y para siempre dejé de ser uno de los nuestros.

A mi alrededor veo refugios, muchos refugios, y no hay dios que no los haya construido, los construya o incluso los blanquee y, así, poder eludir la mirada de un espejo, el propio, que reclama dignidad.

Poseen una inteligencia práctica que yo no, qué listos, y yo qué necio.

Los hay y las hay acurrucados allá y aquí, los hay de todos los pelajes en sus varios refugios de todos los diseños. Son tan reconocibles y en muchos casos es tal su felonía… Y son legión, joder, son legión.

Dejé de ser uno de los nuestros cuando le sostuve la mirada al monstruo.

III

¿Se es más feliz en ellos que al raso?

… si llamamos Vida a ésa que se vive en un refugio, pues sí, pero no voy a tirarme ahora el vacile hipócrita de una estética outsider en la que no querría militar ni un instante, pero tampoco negociaré con la inmundicia.

Probablemente se viva mejor en ese zulo miserable que a la intemperie.

IV

Éste es un post difícil. No sé cuántos habrán abandonado ya su lectura.

Mejor así, mejor, y no asomarse a unos abismos que se asomarían a los nuestros del mismo modo. Parafraseo a Nietzsche, sí… Como si digo que este post arma dinamita (más Nietzsche).

Mejor ahí, a cubierto, que a la intemperie llueven hostias como sapos.

Hacer del refugio un fortín provisional o de la intemperie un hogar…, eso requiere la altura imposible de unos espíritus ebrios de ácido y soberbia que no pueden ser los de este tiempo lacio, desvaído y truño.

Digo soberbia, sí, hoy la cult people adora en sus refugios a nuevos dioses.

V

De ellos dice Celaya que son también una tumba.

In the Mood for Love. Shigeru Umebayashi.

© CrisC

LUZ LONG

10:::marzo:::2017

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I

A últimas horas de una noche de verano veo un documental.

Sobre Carl Ludwig Long (1913/1943), atleta olímpico alemán, rival de Jesse Owens en los XI Juegos Olímpicos de Berlín (1936). Me emocionó por cuanto contenía y leo después en Google.

Hitler pretendía demostrar la superioridad aria.

El fenotipo de Luz correspondía al de esa delirante raza : 1’90, cabello rubio, blanco, ojos azules (anoto, de pasada, que el concepto de raza no es científico, pero sí estúpido y racista).

II

En los saltos clasificatorios Owens, rival directo de Long, comete 2 nulos.

Le queda un salto para caer eliminado. Luz se acerca a él y le sugiere que bata mucho antes de la marca en el suelo… Sabe que aún así lo logrará. Owens coge carrera, bate 20 cm antes y pasa a la final.

En esa final Long salta 7’87 metros, Owens 8’06: medalla de oro.

En el documental se ve cómo Long se acerca a Owens, le da la mano y se la pasa por el hombro. Es el primero en felicitarlo. Luego se hacen fotografías que han pasado a la Historia.

Greatest Olympic Moment (2’46”). Jesse Owens & Luz Long (ver el 2’20”).

Esa nobleza de Luz Long determinó su destino.

Los deportistas de élite no eran enviados al frente, o iban a destinos poco peligrosos, pero eso no ocurrió con Luz. Herido durante la invasión aliada de Sicilia, murió en 1943.

Se cartearon y cultivaron su amistad hasta la muerte de Luz.

III

Acabada la guerra, Owens viajó a Alemania para conocer a su familia.

Y dijo esto de él: “…se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, todo ello no valdría nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz en aquel momento”.

Una calle en Leipzig, su ciudad natal, y otra cercana al Estadio Olímpico de Múnich llevan su nombre. Es uno de los pocos atletas que tiene la medalla de Pierre de Coubertin al espíritu olímpico.

Ni hitler felicitó a Luz Long, ni roosevelt recibió a Jesse Owens.

IV

Acabo el post. En pie.

Ebony & Ivory. Stevie Wonder & Paul McCartney.

© Six Roy

SER DE IZQUIERDAS

9:::noviembre:::2016

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© “Don Quijote de la Mancha”. Técnica mixta sobre papel. Antonio Saura, 1987.

I

Hace mucho que este post me exigía luz.

Me abrumaba -y me abruma- su inmensa dificultad. No temo que remueva lo que la ensañada Vida ya ha removido en mí, lo que temo es ser grandilocuente y no dar con el núcleo de la cuestión.

Y no estoy satisfecho con el post pero no sé hacerlo mejor.

II

No se trata de ideología o de política, no primordialmente.

III

Hace algunas semanas vi una peli. Mala. No importa cuál.

Una de esas películas en las que todos serán, al final y en el fondo, buenos. Una de aquellas historias con aquellos emotivos discursos que llenaron mi adolescencia de fascinación por las palabras.

Vi conmovido cientos de ellas.

IV

El cine quijotizó mi alma. Fue El Cine.

V

Ser de izquierdas es un dictado del corazón. Inapelable.

Sale de las tripas, palpita, lo eyacula el sexo, hambrea, lo exuda la piel, revienta y se advierte en el temblor de los labios, el sudor de las manos, el aliento, compone la química de la mirada y hasta el modo de andar.

Cuanto llamamos razón indefectiblemente llega después.

VI

Antes de militar en la izquierda yo ya lo era.

Porque antes hubo Charles Dickens y sus huérfanos o Victor Hugo y sus miserables. Y hubo Capra y aquel caballero sin espada. O Atticus Finch. Y el Alonso Quijano que quiso ser Don Quijote.

Ellos como otros y un no sé qué más nutrieron mis lágrimas y mi ira.

VII

Porque en verdad eran ejércitos, no rebaños; gigantes, no molinos.

VIII

Ser de izquierdas ocurre en la infancia. Se mama.

No resulta de un análisis económico o político, no se desprende de la idoneidad o no de un sistema y no deriva de un artificioso conjunto de premisas por lo general vacuas.

Ser de izquierdas se cuece a fuego lento en el hígado.

IX

Se es de izquierdas por amor.

X

Es padecer algunas insoportabilidades.

Es no soportar que alguien pase hambre. Es sentir como un desgarro insoportable que a una niña la vendan a los doce años. Y es optar por los que sufren el zarpazo de las muchas hienas del Poder.

Por los que no pueden aunque tantas veces sean lacayunos.

XI

Ser de izquierdas es abrirse las venas.

Y no caer en la más lerda de sus patologías, el maniqueísmo, que alienta, justifica y celebra a fantoches y dictadores de manual con una retórica tan vil y obtusa como viejuna y criminal.

Ser de izquierdas es haberle dado mulé al Padre. Y a Dios. Es esto.

XII

Ser de izquierdas es saberse dueño de la propia roca.

XIII

Ser de izquierdas es soñar y también impedir que el sueño de la razón produzca monstruos. Es ponerle razón a los instintos y también optar por los instintos frente a la razón.

XIV

Es brindar por la alegría de vivir poco después del llanto.

XV

Ser de izquierdas es ser un ingenuo. Y tratar de no serlo.

Y procurar la amabilidad, la gentileza, la risa, las atenciones, la palabra mesurada y la consideración de la humanidad del otro. Ser de izquierdas no tiene mérito alguno porque no se elige.

Ser de izquierdas es militar en la lucidez, el coraje y la elegancia.

XVI

Ser de izquierdas es lo que no son tantos que creen serlo.

XVII

Es lo que fui. Ahora soy un desertor.

La partida. Inti-Illimani.

… dedicado al joven idealista que fui
© CrisC

GENE WILDER Y LA MUJER DE ROJO

9:::octubre:::2016

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Escribí este post a mediados de 2009 y no lo publiqué. Ya es hora.

¿Ha olvidado alguien el ingenuo y tórrido baile de Kelly LeBroq en el garaje? Abajo enlazo esta secuencia. El bailecito de la mujer de rojo habla por sí solo, la cara de Wilder también.

Hay otras secuencias, muchas, magníficas. Es un gran film.

Relato la que más me gusta con diferencia. Lo hago desde la memoria de pez (pequeño) con que la Naturaleza me ha dotado, así que puedo alterar cosas.

Cuatro amigotes cuarentones han salido de fiesta.

Y hecho las gamberradas que hicieron desde jóvenes. Están sentados a una mesa en una terraza y se acerca un tío que ha salido de una limousine. Arroja a uno de ellos una pulsera con un nombre: Eric.

Y vacía en mitad de la calle una maleta con ropa.

El espectador advierte al mismo tiempo que sus tres amigos que el compañero de correrías de toda la vida es gay. Se produce un incómodo silencio, recoge la pulsera y se va.

Lo lleva en coche el personaje que encarna Wilder. No hablan.

Suben a la casa del primero. Cuando Wilder le dice a su amigo que es muy bonita, éste le responde que es una casa de maricones y que la iba a pintar de rosa. Y todas sus respuestas son así, dolientes y autopunitivas.

Gene Wilder empieza a contar una especie de chiste…

“Un tipo entra en la consulta de un médico y le dice doctor, tengo un problema, no puedo recordar nada, se me olvidan los nombres, las cosas que debo hacer, los lugares y no consigo retener nada en mi memoria.

Y el doctor, tranquilícese, ¿cuándo empezó este problema?

¿Problema?, contesta el tipo, ¿qué problema?”.

Wilder mira afectuosa y silenciosamente a su amigo de siempre, que comprende y le dice que si es el mejor chiste que sabe. Ambos sonríen y se abrazan.

Es una secuencia prodigiosa y un bellísimo homenaje a la amistad.

Baile de Kelly LeBroq en el aparcamiento.

bienaventurados los que nos hacen sonreír porque de ellos es el reino de la Vida
… In Memoriam Gene Wilder con mi gratitud

© Six Roy