VERANO DEL 17

29:::junio:::2017

Soy aquel mágico deslumbramiento, siempre lo seré. Feliz Verano, Amigos :::

Verano del 42 (1971), Robert Mulligan. BSO by Michel Legrand.
© CrisC

WHATSAPP PARA UN ADOLESCENTE

19:::junio:::2017

© Santiagopgm

Hace unos días un quinceañero me hizo una pregunta difícil…

Que qué haría yo si pudiera viajar a través del tiempo y dar algún consejo al adolescente que fui. No supe qué decir…, o sí, sólo fueron un par de segundos. Y me sorprendí respondiendo con celeridad.

Le dije que me aconsejaría no dramatizar demasiado la Vida.

Que no me tomase mucho en serio casi nada. Ni a casi nadie.
A ese joven que fui le diría que no se apasionase por casi nadie ni por nada. Que nunca juzgase palabras sino acciones u omisiones.

Y que no se implicase en causa, utopía o amorío alguno. Algo así.

Que no esperase nada de nadie. De casi nadie. O esperase lo peor. Que no albergase expectativa alguna. Que riese mucho. Que pasase de una a otra cosa sin lamento por lo dejado atrás ni esperanza en lo por venir.

A ese niño que fui le diría que todo pasa y cicatriza.

Que lo acechará la estupidez en cada una de las esquinas del mundo,
mal de ojo en casi todos los ojos, veneno en casi todas las uñas, mentiras en casi todas las bocas. E ingénitas calculatrices y bellacos al mejor postor.

Y no obstante le diría que le negase cuartel al rencor. Y que comprendiese.

Que asumiera con naturalidad la fatuidad de una especie en la que hallan patria todas las maldades. Y aun le diría que guardase para sus especímenes más mendaces la gentileza de un bello desprecio.

Le diría que se armase ante todas las falsías, felonías y traiciones.

Que se apostase para encajar todas las indiferencias, falacias, cobardías, silencios, excusas e ingratitudes… Y que generase anticuerpos contra tantas inelegancias como intentarían infectarlo.

Que no hiciera casus belli de bajezas ni de mixtificaciones. Eso le diría.

Que se guardase de quienes son pasto de sus demonios. Y aun procurase compadecerlos…, a distancia. Que se doctorase en jugar a la contra pero sin la vileza de ellos. Y que fuese infatigablemente de ley, porque nobleza obliga.

Y que fieramente amase su destino.

… luminoso cristal donde la rosa se quebranta
Ángel fieramente humano. Blas de Otero.

© CrisC

ACERCA DE LO INCOMUNICABLE

5:::mayo:::2017

Olvidé la palabra que quería pronunciar (…)
y mi pensamiento, incorpóreo, regresa al reino
de las sombras.

Ósip Mandelshtam

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Con obstinada frecuencia se discute sobre el sexo de los ángeles.

I

Acerca de la soledad, por poner un ejemplo de lo más conspicuo.

Que si lo peor es la soledad tangible, la ausencia física de voces, gestos, aromas y compañía. La del náufrago. O que es peor la soledad de quien está acompañado pero se siente solo. El urbanita.

Calle quien no sepa de ambas. Estaría más guapi.

A qué discutir…, si una y otra te despellejan por igual. Y si la mala fortuna quiere que ambas estén a partir un piñón, entonces celebran una orgía, pagas tú la factura y se desgravan ellas. Cabronas.

Creo que la una activa y se retroalimenta de la otra. Sin más.

II

Me habló Atticus hace unos días de una obra de teatro.

El cartógrafo, de Juan Mayorga. La acción se desarrolla en el gueto de Varsovia. Y me describió una escena en la que la actriz principal, en uno de los ensayos, dijo que no podía representar aquello.

Es Blanca Portillo. Así que la cosa debía de tener su mucha dificultad.

Dijo, y luego lo trasladó a la función, que le era imposible representar el sufrimiento de una niña de once años que aparece en la obra. Cuando Atticus traiga su comentario, lo contará mejor que yo. A ver si hace post.

III

Y ambas reflexiones me llevaron a una tercera.

Es imposible comprender otro dolor. No hay empatía que valga, no hay pavadas metafóricas como la de caminar tres días con los zapatos de otro, no hay modo alguno de acceder al desgarro del sufrimiento ajeno.

El dolor cierto es absolutamente incomunicable.

En El Principito se decía que lo esencial es invisible a los ojos. Sin duda alguna. El sufrimiento de verdad, ése que tumoriza el alma e inyecta un alien hambriento en las entrañas, ése no es accesible a nadie. A nadie.

¿Qué hacer ante su hórrido espectáculo? Acompañar, al menos eso.

IV

Es lo que hace Calcetines con el teniente Dunbar en Bailando con Lobos.

Two Socks. Dances With Wolves (1990). Kevin Costner.

© CrisC

MEDITACIÓN DEL REFUGIO

7:::abril:::2017

Quédate -susurraban-, si delinques/ te aplastará la soledad (…)
Félix Grande. Las Rubáiyátas de Horacio Martín.

© Matthieu Grymonprez

O

Éste es un post difícil.

I

De joven hice algunas o muchas locuras, por ejemplo, leía.

De todo (leí bastante poesía). Recuerdo algunos impactos y no sólo los recuerdo, apenas tengo que desabrocharme la camisa para ver que siguen ahí: abiertos, frescos, siempre transparentes.

Y más. Soy hijo de esos impactos.

De aquellos versos de Gabriel Celaya, por citar algunos, en los que alienta a combatir y hacer el amor si se es joven; pero también dice que no deberíamos olvidar lo más necesario: construir un refugio.

Entonces no entendí bien aquello, a ver, yo tenía 18 años.

II

A día de hoy no hay refugio en mi vida, vivo a la intemperie.

Siendo aún muy joven derribé el refugio que ya no he vuelto a levantar. Cuanto llegó después fue la reverberación de aquel acto de coraje y sus ecos de soledad, espanto y frío. Eso fue a los casi 20 años.

Y para siempre dejé de ser uno de los nuestros.

A mi alrededor veo refugios, muchos refugios, y no hay dios que no los haya construido, los construya o incluso los blanquee y, así, poder eludir la mirada de un espejo, el propio, que reclama dignidad.

Poseen una inteligencia práctica que yo no, qué listos, y yo qué necio.

Los hay y las hay acurrucados allá y aquí, los hay de todos los pelajes en sus varios refugios de todos los diseños. Son tan reconocibles y en muchos casos es tal su felonía… Y son legión, joder, son legión.

Dejé de ser uno de los nuestros cuando le sostuve la mirada al monstruo.

III

¿Se es más feliz en ellos que al raso?

… si llamamos Vida a ésa que se vive en un refugio, pues sí, pero no voy a tirarme ahora el vacile hipócrita de una estética outsider en la que no querría militar ni un instante, pero tampoco negociaré con la inmundicia.

Probablemente se viva mejor en ese zulo miserable que a la intemperie.

IV

Éste es un post difícil. No sé cuántos habrán abandonado ya su lectura.

Mejor así, mejor, y no asomarse a unos abismos que se asomarían a los nuestros del mismo modo. Parafraseo a Nietzsche, sí… Como si digo que este post arma dinamita (más Nietzsche).

Mejor ahí, a cubierto, que a la intemperie llueven hostias como sapos.

Hacer del refugio un fortín provisional o de la intemperie un hogar…, eso requiere la altura imposible de unos espíritus ebrios de ácido y soberbia que no pueden ser los de este tiempo lacio, desvaído y truño.

Digo soberbia, sí, hoy la cult people adora en sus refugios a nuevos dioses.

V

De ellos dice Celaya que son también una tumba.

In the Mood for Love. Shigeru Umebayashi.

© CrisC

EVOCACIÓN DE LOS VASARES

31:::marzo:::2017

… se llamó a sí mismo lobo estepario
El lobo estepario. Hermann Hesse.


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I

No he vivido en casa que los tuviera. O sí.

Sí los he visto en el cine u ocasional visita a alguna que ahora no identifico. Quizás casa-museo de escritor o pintor, creo que sí, quizás la de algún familiar lejano que ahora navega mi frágil memoria.

Como (casi) todo lo antiguo los vasares son evocadores. Lo son para mí.

Indago en mis sentires el porqué irradian emotividad algunos objetos de los que mi experiencia es magra o, en el mejor de los casos, diferida. Indago poco, cierto, me vale lo que siento y no tanto las explicaciones.

Y además -lo confieso- creo saber lo suficiente de ese porqué.

II

No hay por lo general santa alianza que no sea en el fondo demoníaca.

No es el caso cuando a la memoria se alían y alean los sentidos, porque entonces el aroma de una sábana recién, una vieja fotografía o un vasar nos llevan en un tris, zas, del corazón al alma.

Recuerdo ahora aquel insólito lobo estepario de Hesse. ¿Por qué?

Quizás porque esta evocación de los vasares sea una más de mis lobunas bipolaridades. Aquel extraño ser sentía a la vez el pulso dionisiaco de la Vida y la nostalgia de un orden burgués lleno de pulcritud, plantas y hogar.

No sé si basta para un post.

Home. Dan Croll.
So if you ever come ‘round to my house take your shoes off at the door…

© Six Roy.

HAIKULICANTROPÍAS

17:::marzo:::2017

I

Avarician
mis ojos tu postrero descuido.
Indefensos.

II

Ni mi ternura ni mi fiereza
se arredran cuando vierto mi deseo
dentro de tu boca.

III

En mi escritura
habita mi alma. Y en mi lengua.
Ven.

IV

Indago en los pasos a tu cuerpo
el incesante latido de cuanto no comprendo.
Busco una razón para mi herida.

V

¿Es estigma o quizás destino
por lo que me derramo en el valle hambriento de tus pechos?
Míos.

VI

En algún lugar
de tu violenta desnudez hambrea el ansia
que excarcela mi licantropía.

VII

Mírame a los ojos
cuando te empuje contra la pared y hienda tu sexo.
Llámalo como quieras.

VIII

Y ahora me adentraré
en tu carne para oírte maldecir mi nombre.
Ponte bocabajo.

IX

Siento la Vida
cuando la mía te deja
sin aliento.

Someone Like You. Van Morrison.

© CrisC

TELEOPERADORAS

9:::febrero:::2017

395

O

Agosto, 03:57 PM… 😦

I


– Ring, ring…
– Clic, ¿sí?
– Buenas tardes, señor. Mi nombre es Claudia y el objeto de mi llamada…
– Discúlpeme, por favor -le digo-, ¿cuál es su nombre?
– … sí, señor, buenas tardes. Mi nombre es Claudia y el objeto de mi…
– Discúlpeme, Claudia…
– … y el objeto de mi llamada…
– Discúlpeme, Claudia, ¿tiene un minuto para escucharme?
– … sí, señor…, claro…, dígame…
– Verá, Claudia, estoy de vacaciones y sesteaba…
– … señor, yo…
– … no, por favor, no se disculpe. No tiene por qué hacerlo. Créame que respeto su esfuerzo. Y la respeto a usted.
– … comprendo, señor, pero…
– Verá, Claudia, le voy a decir algo que quizás no entienda, o sí, quién sabe. En cualquier caso, no me diga nada, por favor, no es necesario y se lo ruego. Será menos de un minuto.
– … claro, señor…

II

– Querría decirle dos cosas: una es que la quiero…
– …
– Y le deseo lo mejor del mundo, a usted y a los suyos. De corazón.
– …
– Lo segundo es una vulgaridad, bien lo sé, pero me lo pide el cuerpo y no acostumbro contrariarlo. Déjeme decirle algo a la maquinita que nos graba a ambos: a todos esos altos cargos que a Claudia y a mí nos obligan a esto…
– …
– … sabed que me cisco en cada uno de vosotros y en todos, partida de alimañas que ingerís ambrosía en vuestras comidas de trabajo pero excretáis heces en vuestros consejos de administración
– …
– … y en cada miserable informe, junta, reunión, brainstorming o conjura que urdís en vuestros despachos rebosados de miasmas
– …
– … e incluyo en mi aversión a toda la caterva de politicazos mangantes, parásitos, eunucos, corruptos e inútiles que los consienten…, y a los rebaños de electores que los aúpan, ceban y mantienen en sus poltronas
– …
– … unos y otros probáis el señorío del Mal.
– …
– … Pero a usted la quiero…, Claudia. A usted la quiero.
– …
– Le ruego disculpe mis malas palabras. No me olvide, por favor, se lo ruego; hoy, al fin y al cabo, usted ha aliviado mi soledad.
– …
– …
– Buenas tardes, señor.
– Buenas tardes, Claudia.

Soledad. Astor Piazzolla.

© Vil Korea