* Carthago delenda est. Catón.

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I

Asistí a una tertulia sobre Lo público, lo privado y lo íntimo.

Los hiatos entre estas tres esferas son recientes. No los había en la horda paleolítica, tampoco en las aldeas del Neolítico. Y no demasiado antes de la Modernidad.

La ciudad manifiesta esta ruptura y las moles urbanas son su territorio predilecto. Y ocasión de psicoterapeutas, sectas y mangantes de todos los palos, ideas y dioses.

Han sido la producción de bienes de consumo, el confort que procuran los hogares y la caída del Muro…, los definitivos liquidadores de la sociabilidad tribal ancestral.

La fraternidad soñada por la Revolución Francesa no es sino un trasunto moderno de la pérdida edípica del padre y de aquellos territorios líticos.

Les dimos mulé al Padre y a Dios, zas, de una tacada. Y pa qué.

Como Esaú a Jacob su magro plato de lentejas…, le hemos comprado al capitalismo su becerro de oro y lo hemos ornado con el regüeldo propio del burripitecus que somos.

El protagonismo de la juventud a partir de los 60 (por citar sólo un caso particularmente engañoso), no es un logro moral sino un mercado de nuevos y más lerdos consumidores.

Otro triunfo del becerro de Wall Street. Otro exudado del primate.

II

No me interesan las categorías de lo público o lo privado.

Que lo íntimo puede ser público lo prueban la historia de la literatura, del arte y, particularmente, de la poesía. O este blog. Es intimista. Es el blog de un delator de sí.

Como cualquier otro blog, CrisCractal tiene los días contados.

Creo que sus lenguajes, su imagen y su topografía en las redes ya están superados. Son demasiado estáticos, cerrados, autocomplacientes y solicitan que se acuda a ellos como si de oráculos se tratase.

Aún tendrán algún recorrido ligados a redes como facebook o twitter.

Expresan a quienes los escriben y también a sus sensibles lectores, más, expresan una profunda necesidad de nuestra Especie hoy: la de solidificar relaciones humanas en tiempos líquidos.

Blogs los hay a miles y demasiados miles de cosas los hay a miles.

Perecerán pronto, como Dios, y serán uno de los últimos intentos por construir dinámicas de retribalización sana. Este tiempo ya no deja tempo (kairós) para tanto.

Y cuando me torne ágrafo y más vil, sicario del silencio y por una vez normal…, si indagan, si acaso, tomen una copa en mi memoria y, por favor, ese venidero día no den razón de mí a los zombies del lugar. A nadie.

* Carthago debe ser destruida.

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© CrisC