he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo
en cuyo fondo hay un jardín

JLBorges, “Historia de los dos que soñaron”.

maktub

I

… en este lento atardecer me adentro, silencioso, en el añorado jardín de la casa de mis padres: vuelvo al fin de un largo viaje, casi de noche, cuando ya la luna

me acomete una vaharada de aromas intensos, diversos y de sobra conocidos pero que en verdad son uno solo

es la mixtura de las especias que mi padre pone en su narguile, el olor metálico del cardamomo o la chispa ácida de las pimientas blanca, negra y roja

es el fragante floral y marino en el cuello de mi madre: son el limón y la canela del perfume del jabón de mis hermanas zaynah, azhar la hermosa, lahwa y la pequeña shadha, la más altiva y bella

es el ebrio cuero que ungen, como ningún otro, mis hermanos uzal e ishaq: y es la tierra mojada bajo los arrayanes…, la humildad de los geráneos tantas veces hallados en otros lugares

es el insolente jazmín y la feliz hierbabuena, el efluvio empalagoso del dátil, los vapores de la sopa de pollo, trigo y verduras de mi abuela

el tomate rojo cuando el cuchillo hiende su pulpa

II

del fondo me llega la magia del agua entre las piedras

viene a mí el rumor de la fuente de mi niñez; y, al lado, tan obscuro que se diría amenazador, se yergue infinito, poderoso como el profeta, el árbol que al principio sólo fue una brizna de hierba, luego arbusto bajo, vara de apenas unas hojas de verde plata

al pie del hoy imponente ciprés hay oculta, bien lo sé, una caja de metal que ahora desentierro con mis manos: llegan a mis oídos las dulces sonoridades de otro tiempo: los queridos rumores de la cocina

la quejumbre baja de los animales de la casa: las cálidas voces de mi familia…, ellos aún ignoran mi vuelta, mis lágrimas, mi nostalgia y mi impaciencia, mi desbordado corazón

dentro de la caja hay un pañuelo de hilo, un puñado de hojas secas y un espejo

III

y en el espejo que anhela la luna no hallo el rostro de quien fui sino el de ahora: es alguien a quien conozco bien y de quien ya nada espero, pero a quien tampoco exijo

lo rompo con un golpe sordo, y busco tras los fragmentos que multiplican mis ojos un viejo trozo de papel que recuerdo y desdoblo ahora: y mientras me asalta un pellizco de frío, leo las palabras que siguen

“… en este lento atardecer me adentro, silencioso, en el añorado jardín de la casa de mis padres: vuelvo al fin de un largo viaje, casi de noche, cuando ya la luna”

ahmed de damasco
primavera de 1919

(… la grafía árabe que figura como ilustración del post se transcribe “maktub” y significa “estaba escrito”, en el sentido de lo que dicta el destino)

© CrisC

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