EVOCACIÓN DE LOS VASARES

31:::marzo:::2017

… se llamó a sí mismo lobo estepario
El lobo estepario. Hermann Hesse.


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I

No he vivido en casa que los tuviera. O sí.

Sí los he visto en el cine u ocasional visita a alguna que ahora no identifico. Quizás casa-museo de escritor o pintor, creo que sí, quizás la de algún familiar lejano que ahora navega mi frágil memoria.

Como (casi) todo lo antiguo los vasares son evocadores. Lo son para mí.

Indago en mis sentires el porqué irradian emotividad algunos objetos de los que mi experiencia es magra o, en el mejor de los casos, diferida. Indago poco, cierto, me vale lo que siento y no tanto las explicaciones.

Y además -lo confieso- creo saber lo suficiente de ese porqué.

II

No hay por lo general santa alianza que no sea en el fondo demoníaca.

No es el caso cuando a la memoria se alían y alean los sentidos, porque entonces el aroma de una sábana recién, una vieja fotografía o un vasar nos llevan en un tris, zas, del corazón al alma.

Recuerdo ahora aquel insólito lobo estepario de Hesse. ¿Por qué?

Quizás porque esta evocación de los vasares sea una más de mis lobunas bipolaridades. Aquel extraño ser sentía a la vez el pulso dionisiaco de la Vida y la nostalgia de un orden burgués lleno de pulcritud, plantas y hogar.

No sé si basta para un post.

Home. Dan Croll.
So if you ever come ‘round to my house take your shoes off at the door…

© Six Roy.

HAIKULICANTROPÍAS

17:::marzo:::2017

I

Avarician
mis ojos tu postrero descuido.
Indefensos.

II

Ni mi ternura ni mi fiereza
se arredran cuando vierto mi deseo
dentro de tu boca.

III

En mi escritura
habita mi alma. Y en mi lengua.
Ven.

IV

Indago en los pasos a tu cuerpo
el incesante latido de cuanto no comprendo.
Busco una razón para mi herida.

V

¿Es estigma o quizás destino
por lo que me derramo en el valle hambriento de tus pechos?
Míos.

VI

En algún lugar
de tu violenta desnudez hambrea el ansia
que excarcela mi licantropía.

VII

Mírame a los ojos
cuando te empuje contra la pared y hienda tu sexo.
Llámalo como quieras.

VIII

Y ahora me adentraré
en tu carne para oírte maldecir mi nombre.
Ponte bocabajo.

IX

Siento la Vida
cuando la mía te deja
sin aliento.

Someone Like You. Van Morrison.

© CrisC

LUZ LONG

10:::marzo:::2017

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I

A últimas horas de una noche de verano veo un documental.

Sobre Carl Ludwig Long (1913/1943), atleta olímpico alemán, rival de Jesse Owens en los XI Juegos Olímpicos de Berlín (1936). Me emocionó por cuanto contenía y leo después en Google.

Hitler pretendía demostrar la superioridad aria.

El fenotipo de Luz correspondía al de esa delirante raza : 1’90, cabello rubio, blanco, ojos azules (anoto, de pasada, que el concepto de raza no es científico, pero sí estúpido y racista).

II

En los saltos clasificatorios Owens, rival directo de Long, comete 2 nulos.

Le queda un salto para caer eliminado. Luz se acerca a él y le sugiere que bata mucho antes de la marca en el suelo… Sabe que aún así lo logrará. Owens coge carrera, bate 20 cm antes y pasa a la final.

En esa final Long salta 7’87 metros, Owens 8’06: medalla de oro.

En el documental se ve cómo Long se acerca a Owens, le da la mano y se la pasa por el hombro. Es el primero en felicitarlo. Luego se hacen fotografías que han pasado a la Historia.

Greatest Olympic Moment (2’46”). Jesse Owens & Luz Long (ver el 2’20”).

Esa nobleza de Luz Long determinó su destino.

Los deportistas de élite no eran enviados al frente, o iban a destinos poco peligrosos, pero eso no ocurrió con Luz. Herido durante la invasión aliada de Sicilia, murió en 1943.

Se cartearon y cultivaron su amistad hasta la muerte de Luz.

III

Acabada la guerra, Owens viajó a Alemania para conocer a su familia.

Y dijo esto de él: “…se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, todo ello no valdría nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz en aquel momento”.

Una calle en Leipzig, su ciudad natal, y otra cercana al Estadio Olímpico de Múnich llevan su nombre. Es uno de los pocos atletas que tiene la medalla de Pierre de Coubertin al espíritu olímpico.

Ni hitler felicitó a Luz Long, ni roosevelt recibió a Jesse Owens.

IV

Acabo el post. En pie.

Ebony & Ivory. Stevie Wonder & Paul McCartney.

© Six Roy

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En la Fnac cambiaron de sitio los libros de Filosofía. Dos veces.

En el espacio donde estaban antes junto a otras materias hay ahora cómic, manga y novela gráfica. En cristiano de mi tiempo: tebeos.

Vi poco niño allí y sí frikazos con espolones del mesozoico. En fin.

Habilitaron otro sitio para ellos (para los libros, digo), pero debió de ser provisional porque hoy ya no estaban donde los colocaron la primera vez; en su lugar: novela de terror, negra, romántica (sic) y ciencia ficción.

No está mal, algo de todo eso tiene la filosofía. Y de humor.

Ahora sus libros se encuentran en un tortuoso rincón que se presta a la promiscuidad, oh sí, y a uno le acomete la tentación de abrirse la gabardina y exhibir gallardamente, por ejemplo, algo de Władysław Tatarkiewicz.

O del marqués, la filosofía ésa del boudoir

Yo los hubiera puesto junto a los de parafilias, qué digo, en las mismas parafilias…, la filosofía lo es, pero no, acampan junto a unos anaqueles cuyo letrero reza “espiritualidad” (y digo sin segundas lo de “reza”).

Os espero en el lugar, al atardecer (imprescindible cita previa).

“…I’ll wait until the evening gets late and I’m alone with you”.
Frank & Nancy Sinatra. Something stupid.

© Hanníbal Léctor

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IMPRUDENCIA TEMERARIA

24:::febrero:::2017

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O

Hace días cometí una. De órdago. Gorda.

I

Llevaba todo el día en casa, ataviado como suelo estar en ella: unos viejos pantalones, una vieja camiseta, una vieja camisa y el pelo revuelto como si una turba de piojos ibuprofenoinómanos estuviera de farra en mi cabeza.

Caía el atardecer, y también la primera obscuridad. Bajé a tirar la basura.

II

Apenas me cambié, el calzado sólo. Y algo atusé el pelo.

En mi mano derecha la bolsa de basura y las llaves del coche y de mi casa. Llego al contenedor, lanzo la bolsa y detrás de ella fueron las llaves y un taco que solté en sefardita de Tesalónica.

Me asomé. No se veía ni un pijo liao en un trapo.

La gente que pasaba me miraba como se mira a un indigente, de ésos que llevan un gancho para el rebusque y arrastran una bicicleta destartalada que siempre me lleva al recuerdo del film de De Sica.

III

Como no veía las llaves, me metí dentro del contenedor.

Aquello estaba obscuro como boca de lobo y hacía un peste de echar la pota. Rompió a llover… Seguía pasando gente y empecé a jurar en otras vernáculas mientras removía el inmundicio.

Vi entre muchas mi bolsa de basura pero no mis llaves.

Y decidí echarlas fuera. Una, dos, tres… Allí había de todo además de bolsas. Seguía jurando, ahora lo hacía en tagalo. Y, de repente, de una bolsa salió un gnomo con mis llaves en la mano y un pack de birras.

Y nos pimplamos a dúo las arias incompletas de Bob Flipao Dylan.

IV

¿No me creéis? Hacéis bien, criscris, con un pirado es suficiente.

Lay Lady Lay. Bob Dylan.

dedicado al Frente de Liberación de los Gnomos de Jardín

© Vil Bill ::: 😀

DíAS SIN LICANTROPíA

17:::febrero:::2017

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No sé ni imagino cómo.

De algún modo supo The Cinematic Orchestra ponerle belleza y acordes al modo exacto en que invadió mi corazón y amé a una criatura de veinte años en aquellos extraños días sin licantropía.

¿Me habrán hackeado la sangre?

Arrival of the Birds (Extended). The Cinematic Orchestra. 31’10”.

© CrisC

TELEOPERADORAS

9:::febrero:::2017

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O

Agosto, 03:57 PM… 😦

I


– Ring, ring…
– Clic, ¿sí?
– Buenas tardes, señor. Mi nombre es Claudia y el objeto de mi llamada…
– Discúlpeme, por favor -le digo-, ¿cuál es su nombre?
– … sí, señor, buenas tardes. Mi nombre es Claudia y el objeto de mi…
– Discúlpeme, Claudia…
– … y el objeto de mi llamada…
– Discúlpeme, Claudia, ¿tiene un minuto para escucharme?
– … sí, señor…, claro…, dígame…
– Verá, Claudia, estoy de vacaciones y sesteaba…
– … señor, yo…
– … no, por favor, no se disculpe. No tiene por qué hacerlo. Créame que respeto su esfuerzo. Y la respeto a usted.
– … comprendo, señor, pero…
– Verá, Claudia, le voy a decir algo que quizás no entienda, o sí, quién sabe. En cualquier caso, no me diga nada, por favor, no es necesario y se lo ruego. Será menos de un minuto.
– … claro, señor…

II

– Querría decirle dos cosas: una es que la quiero…
– …
– Y le deseo lo mejor del mundo, a usted y a los suyos. De corazón.
– …
– Lo segundo es una vulgaridad, bien lo sé, pero me lo pide el cuerpo y no acostumbro contrariarlo. Déjeme decirle algo a la maquinita que nos graba a ambos: a todos esos altos cargos que a Claudia y a mí nos obligan a esto…
– …
– … sabed que me cisco en cada uno de vosotros y en todos, partida de alimañas que ingerís ambrosía en vuestras comidas de trabajo pero excretáis heces en vuestros consejos de administración
– …
– … y en cada miserable informe, junta, reunión, brainstorming o conjura que urdís en vuestros despachos rebosados de miasmas
– …
– … e incluyo en mi aversión a toda la caterva de politicazos mangantes, parásitos, eunucos, corruptos e inútiles que los consienten…, y a los rebaños de electores que los aúpan, ceban y mantienen en sus poltronas
– …
– … unos y otros probáis el señorío del Mal.
– …
– … Pero a usted la quiero…, Claudia. A usted la quiero.
– …
– Le ruego disculpe mis malas palabras. No me olvide, por favor, se lo ruego; hoy, al fin y al cabo, usted ha aliviado mi soledad.
– …
– …
– Buenas tardes, señor.
– Buenas tardes, Claudia.

Soledad. Astor Piazzolla.

© Vil Korea