Toppi sergio

Se dejó ir.

Las olas lo mecieron como a un desvencijado derrelicto. En los ojos marinos del albatros la luna destejía las caricias de la marea.

Y la lluvia derramaba su cristal roto.

Mar adentro la ruda gravidez habitaba ya el olvido, y el tiempo implosionaba en una instantánea de fotomatón antiguo.

Ni la vida ni la muerte avisan.

Vivir es oneroso, y morir no pesa. Qué diferencia. Qué dulce entrega a la ligereza del no ser, a la escritura última de la existencia.

¿Cómo vivir sin el beso de una ficción? ¿Cómo sin candidez?

Oyó a su padre llamando a la puerta desde su espectral ocaso, mientras la lámpara del patio, inexplicablemente, se reflejaba en la densa espuma de su copa rebosada de cerveza.

Recordó la sonrisa de aquella niña pálida y clara, dijo su nombre y su ira contra la vida desatenta. Y noviembre le cerró los ojos con lágrimas de trapo y sal caliente. Y de sus labios restó la vida.

Se dejó ir.

http://youtu.be/i8356FxUT20

© CrisC