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Bajo la basura y unos plásticos.

Una lluvia lánguida se descuelga imperceptible, finísima, casi acariciadora. Una vecina vuelve de hacer running, así lo llaman ahora.

Un camarero recoge las mesas del bar. Canturrea.

Un tipo serio, o pensativo…, pasea a su perro. O quizás su perro lo pasea a él. El portero de un edificio cercano sale a fumar un cigarrillo.

Una joven madre atiende al dulce embeleso de su cría, y al abuelo, atento como un bellísimo lobo a sus cachorros, se le advierte feliz y lleno de cariño. Su mirada es todo un espectáculo.

En las ventanas de las casas asoma una luz que aquieta el atardecer.

Oigo voces alegres en una pista de juegos y, atenuada, la conversación de unos paseantes. Una mujer cruza un paso de cebra cargada con unas bolsas. Unos adolescentes juegan a no sé qué enloquecido arte marcial.

La brisa compone una serena banda sonora.

No hay nada heroico en todo ello, nada fuera de lo común, pero siento que nada es insustancial en cuanto contemplo. Todo es azul. La llovizna amaina. Vuelvo a casa.

Como escribí hace tiempo, la vida es esto. O algo así.

http://youtu.be/OqNL9JG_36Q

© Six Roy