MEDITACIÓN DE LA VIDA

1:::septiembre:::2017

I

Todo espíritu lúcido es sensible a la seducción del suicidio.

Paradójicamente, o no, esa posibilidad expresa una rebelión contra los triunfantes discursos tanáticos de nuestro tiempo y un modo de hacer valer su contrario. Hablo de la Vida.

Vivir y ayudar a vivir es el sentido de la Vida. No hay más.

El señuelo de la belleza de aquellas sirenas que tentaban a Ulises y su deletéreo canto, delatan a la autora de la partitura. Gran orquestación la de esta guarrona miserable.

La muerte me la pela. La mía.

Nada excepcional para quien se tuvo por poeta y, lo quiera o no, lo seguirá siendo siempre. La muerte es mi hermana y mi madre, mi novia, mi amante, mi amiga, mi delatora y mi asesina.

Es carne de mi carne esta maestra de la espera. Quién dijo miedo.

II

El problema filosófico primero es el del suicidio.

Lo escribe Albert Camus. Se trata del problema filosófico y vital por excelencia, esto es, saber el valor de la Vida y por qué vivirla. Amar la Vida incluso en su derrota última.

En ello nos va no tanto la felicidad cuanto la alegría. Y la propia vida.

Vivir es un hecho, un descuido del azar y no una conjura de fuerzas numinosas. Una vez volcados a la Vida, vivir es una obligación y un juego en el que es mejor no ir de farol. Pero y si sí qué.

Te obliga su singularidad y cuanto te conceden sus días.

Ninguna vida está determinada, ninguna, y aunque la cosa del deber me camela poco, siento que debo la mía a quienes me la dieron, a mí y a quienes la perdieron. Esto creo.

Siempre me ha sobrecogido la trágica fragilidad de la condición humana, insoportablemente y casi desde niño, y quizás por ello creo que no insistir en la Vida es la única debilidad que podría llamarse pecado.

Insistiré en mi vida por quienes “temprano levantó la muerte el vuelo”.

III

Citaré una vez más al gran solitario de Turín.

En Del amigo, capítulo de la primera parte de Así habló Zaratustra, Nietzsche escribe que cada cual es un vehemente diálogo consigo mismo…, ¿cómo soportarlo si no hubiese un amigo?

Y que este amigo impide que ese diálogo nos abisme en la profundidad. Ya somos demasiadas profundidades -continúa- y por eso anhelamos un amigo y su altura. Y yo añado que su inteligencia, su lealtad y su tiempo.

Mi vida es mía, de la Vida y de quienes me quieren. Hola, CrisCris.

La vida llegó arrasando e impredecible. Coeliquore.
© CrisC

MEDITACIÓN DEL REFUGIO

7:::abril:::2017

Quédate -susurraban-, si delinques/ te aplastará la soledad (…)
Félix Grande. Las Rubáiyátas de Horacio Martín.

© Matthieu Grymonprez

O

Éste es un post difícil.

I

De joven hice algunas o muchas locuras, por ejemplo, leía.

De todo (leí bastante poesía). Recuerdo algunos impactos y no sólo los recuerdo, apenas tengo que desabrocharme la camisa para ver que siguen ahí: abiertos, frescos, siempre transparentes.

Y más. Soy hijo de esos impactos.

De aquellos versos de Gabriel Celaya, por citar algunos, en los que alienta a combatir y hacer el amor si se es joven; pero también dice que no deberíamos olvidar lo más necesario: construir un refugio.

Entonces no entendí bien aquello, a ver, yo tenía 18 años.

II

A día de hoy no hay refugio en mi vida, vivo a la intemperie.

Siendo aún muy joven derribé el refugio que ya no he vuelto a levantar. Cuanto llegó después fue la reverberación de aquel acto de coraje y sus ecos de soledad, espanto y frío. Eso fue a los casi 20 años.

Y para siempre dejé de ser uno de los nuestros.

A mi alrededor veo refugios, muchos refugios, y no hay dios que no los haya construido, los construya o incluso los blanquee y, así, poder eludir la mirada de un espejo, el propio, que reclama dignidad.

Poseen una inteligencia práctica que yo no, qué listos, y yo qué necio.

Los hay y las hay acurrucados allá y aquí, los hay de todos los pelajes en sus varios refugios de todos los diseños. Son tan reconocibles y en muchos casos es tal su felonía… Y son legión, joder, son legión.

Dejé de ser uno de los nuestros cuando le sostuve la mirada al monstruo.

III

¿Se es más feliz en ellos que al raso?

… si llamamos Vida a ésa que se vive en un refugio, pues sí, pero no voy a tirarme ahora el vacile hipócrita de una estética outsider en la que no querría militar ni un instante, pero tampoco negociaré con la inmundicia.

Probablemente se viva mejor en ese zulo miserable que a la intemperie.

IV

Éste es un post difícil. No sé cuántos habrán abandonado ya su lectura.

Mejor así, mejor, y no asomarse a unos abismos que se asomarían a los nuestros del mismo modo. Parafraseo a Nietzsche, sí… Como si digo que este post arma dinamita (más Nietzsche).

Mejor ahí, a cubierto, que a la intemperie llueven hostias como sapos.

Hacer del refugio un fortín provisional o de la intemperie un hogar…, eso requiere la altura imposible de unos espíritus ebrios de ácido y soberbia que no pueden ser los de este tiempo lacio, desvaído y truño.

Digo soberbia, sí, hoy la cult people adora en sus refugios a nuevos dioses.

V

De ellos dice Celaya que son también una tumba.

In the Mood for Love. Shigeru Umebayashi.

© CrisC

NAVIDAD DE LOS CONJURADOS

24:::diciembre:::2015

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I

Hace años unos bañistas gaditanos vieron llegar a la playa una patera.

Saltó de ella una extenuada joven africana con su bebé. Una de aquellas bañistas lo puso a su propio pecho. Y le dio de mamar.

En el triunfo del Barcelona en la Champions de 2011, en Wembley, a Puyol, capitán de su equipo, le correspondía el honor de recoger la Copa. Puyol dio el brazalete de capitán a Éric Abidal, futbolista que recién había superado un trasplante de hígado, y le exigió que la recogiera él.

Éric Abidal tuvo el honor, Carles Puyol la gloria.

A principios de los ochenta un guardia civil vio cómo temblaba un joven etarra detenido, y le echó una manta por los hombros. No sé si lo movió la debilidad o la fuerza ancestral de la piedad.

Hoy en Lesbos hay hombres y mujeres hurtándole niños a la Muerte.

A finales del siglo XIX, en una plaza de Turín, un hombre vio cómo un cochero golpeaba salvajemente con un látigo a su caballo. Se abrazó al cuello del animal y, en pleno llanto, se derrumbó para siempre.

Aquel hombre intempestivo fue el autor de Así habló Zaratustra.

II

En cualquier lugar del mundo alguien procura ahora la felicidad de otros.

De ellos escribe Borges en Los conjurados (1985) que “están conspirando”, que se trata “de hombres de diversas estirpes” y que ellos “profesan diversas religiones” o “hablan diversos idiomas”.

Dice el poeta austral que han tomado “la extraña resolución de ser razonables”, más aún, que parecen haber resuelto “olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades”.

No creo ser digno de que mujeres y hombres así entren en mi casa, pero hoy celebraría tenerlos a mi mesa.

Feliz Navidad. NAVIDUL 3

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© CrisC