DICES QUE COMO EL RÍO

8:::septiembre:::2017

Dici che come il fiume, come il fiume…, l’amore giungerà, l’amore… U2.

© milo manara

O

En 1992 Sarajevo se desangraba página a página bajo las bombas.

Idriz Živković se alistó en la Armija. En algún lugar de la desesperación una mina le arrancó parte del abdomen y las dos piernas a la altura de las rodillas. Los francotiradores serbios hicieron imposible su rescate.

En sus ojos de vidrio vio pasar el cielo y sus días más azules. Y a ellas.

I

El año anterior lo dejaron una y otra. Sin tregua.

Sintió perderlas. Perder cuanto le daban, los espacios que llenaban, los tiempos, cada mohín, cada escorzo, cada sonrisa o palabras, cada uno de los regalos que con su sólo deambular por la casa ellas le ofrecían.

Siempre las vivió y sintió del mismo modo, así, mágicas.

Después su natural corazonar, ese híbrido que inventó un día y que se activaba una vez atenuado el dolor, advirtió que lo que le desgarraba no era tanto o sólo la singularidad de ellas cuanto la soledad que lo invadía.

Una soledad llena de afilados silencios y desesperanza.

II

Pronto vio que esa soledad tampoco era el núcleo del dolor.

Se dio cuenta de que aquellos abandonos revelaban un rasgo de su carácter, más aún, uno de los potentes muros de carga de su alma. La ausencia de ellas y el hambre loba lo exponían a la inquisición de sus espejos.

Reconoció que exprimía el latido de la Vida en sus confiados besos.

III

El bisturí de su razón advirtió la luz secreta.

El porqué lo dejaron era el porqué de su locura…, porque en cada caricia, beso o milímetro de la piel de ellas lo que anhelaba era una nociva quimera: poseer lo absoluto. Siempre anduvo en su adictivo filo.

Las odió y pidió perdón en la intimidad de su alma. Les dijo adiós.

IV

Murió tras un eterno instante mientras su sonrisa y ellas.

Miss Sarajevo (Official Video) U2 & Luciano Pavarotti

© Six Roy

ACERCA DE LO INCOMUNICABLE

5:::mayo:::2017

Olvidé la palabra que quería pronunciar (…)
y mi pensamiento, incorpóreo, regresa al reino
de las sombras.

Ósip Mandelshtam

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Con obstinada frecuencia se discute sobre el sexo de los ángeles.

I

Acerca de la soledad, por poner un ejemplo de lo más conspicuo.

Que si lo peor es la soledad tangible, la ausencia física de voces, gestos, aromas y compañía. La del náufrago. O que es peor la soledad de quien está acompañado pero se siente solo. El urbanita.

Calle quien no sepa de ambas. Estaría más guapi.

A qué discutir…, si una y otra te despellejan por igual. Y si la mala fortuna quiere que ambas estén a partir un piñón, entonces celebran una orgía, pagas tú la factura y se desgravan ellas. Cabronas.

Creo que la una activa y se retroalimenta de la otra. Sin más.

II

Me habló Atticus hace unos días de una obra de teatro.

El cartógrafo, de Juan Mayorga. La acción se desarrolla en el gueto de Varsovia. Y me describió una escena en la que la actriz principal, en uno de los ensayos, dijo que no podía representar aquello.

Es Blanca Portillo. Así que la cosa debía de tener su mucha dificultad.

Dijo, y luego lo trasladó a la función, que le era imposible representar el sufrimiento de una niña de once años que aparece en la obra. Cuando Atticus traiga su comentario, lo contará mejor que yo. A ver si hace post.

III

Y ambas reflexiones me llevaron a una tercera.

Es imposible comprender otro dolor. No hay empatía que valga, no hay pavadas metafóricas como la de caminar tres días con los zapatos de otro, no hay modo alguno de acceder al desgarro del sufrimiento ajeno.

El dolor cierto es absolutamente incomunicable.

En El Principito se decía que lo esencial es invisible a los ojos. Sin duda alguna. El sufrimiento de verdad, ése que tumoriza el alma e inyecta un alien hambriento en las entrañas, ése no es accesible a nadie. A nadie.

¿Qué hacer ante su hórrido espectáculo? Acompañar, al menos eso.

IV

Es lo que hace Calcetines con el teniente Dunbar en Bailando con Lobos.

Two Socks. Dances With Wolves (1990). Kevin Costner.

© CrisC