Querría morir

7:::Julio:::2008

…, de tener alguna prisa, que no, de querer, qué va, frente a un pelotón de fusilamiento, al amanecer de un Lunes en que cumpliese, por ejemplo, los fiftycuenta años y un día, en el patio de un penal extranjero, solo.

Mi último deseo, este menú: un plato de jamón ibérico, ñam, otro con un buen aceite de arbequinas para mojar un pan reciente, chof, y un reserva de Viña Pomal, glup; un par de tomates rojos en rodajas, algunas hojas de albahaca fresca y una sal de calidad, Maldon o esa gris inglesa o rosa de no sé qué lugar de Asia. Un generoso surtido de sushi y sashimi con un Albariño fresco, glup, glup. Un solomillo de ternera al punto y un Vega Sicilia, glup, glup, glup… De postre, unas natillas o dos, un arroz con leche, unas cerezas del Jerte y una copa de vino blanco de uva Gewürztraminer, reeegluppsss… Me tomaría un buen café, ssshhurrup, cortado con un poco de nata. Querría una botella de un excelente single malt scotch, y otra de la mejor ginebra inglesa…, Asturiaaasshh, badria gueridaaaa… Hielo. Unos paquetes de Marlboro (fumar puede matar, ja, ja, ja…, ay, goño, gue se me ssshaalen las henniasss), y unas cerillas de palo largo.

Antes de la ejecución echaría unas manos de strip poker con alguna bibliotecaria de guardia (haría trampas y la echaría los tejos, of course), y después conversaría unos minutos con los hijos pequeños de mis ejecutores: les preguntaría por su escuela, por lo que quieren ser de mayores, si tienen bici, balón de fútbol (¿Por qué seré del Aleti? ¡Aúpa Aleti!) o casitas de muñecas…, dibujaríamos animales, monstruos y cosas con lápices y pinturillas alpino…, besaría sus blancas manitas al despedirme de ellos, muá, muá…

Al paredón iría vestido de lino crudo, pantalones anchos sin cinturón y cordoncillo de ceñir, una camisa abierta hasta el segundo botón, una chaqueta suelta y cómoda con las arrugas justas del buen tejido, el pelo mojado, oliendo a lavanda, descalzo y un peta mariano en los labios…

En el bolsillo llevaría, doblada la cuartilla, un poema de Serguei Esenin, ése que escribió con su propia sangre a la Vida…

“Hasta luego, querida, hasta luego.
Dulce mía, querida, te llevo en el corazón.
Esta inaplazable despedida
nos promete un encuentro futuro.
Hasta luego, amiga, sin gestos ni palabras;
no te aflijas, no frunzas las cejas.
En esta vida no es nuevo morir,
tampoco lo es vivir .”

Susurraría por lo bajini…, esto que digo: “bienaventuradas las inocentes criaturas de entendimiento roto, porque de haberlo el reino de los cielos habría de ser enteramente suyo por toda la eternidad”.

Unos minutos antes de mi muerte enviaría esta cosa post a las ujieres culonas de las cortes… Rechazaría, por presupuesto, la venda en los ojos…, porque frente a ellos aún brillarían la Luna y Venus; sonaría la melancólica “canción mixteca” de Ry Cooder; cualquier corte del Abraxas de Santana y algo canalla sin concretar…

A mis pies una phalaenopsis para recoger el último aliento y dos goticas, plop, plop, de mi sangre. Y pulsaría, clac, aceptar, o send, o enter o enviar, yo qué sé, algo…

¡Apunten! ¡Fuego! Ciao, querida Especie…, te vayan dando (mayormente).

… y la lluvia.

31:::Mayo:::2008

Hay días en los que la Belleza nos pertenece enteramente,
a nosotros, días en los que desnuda sus pechos sólo para nuestra sed,
porque se sabe infinita aunque no alcance a comprendernos,
porque estamos solos entre los que bailan solos
y deambulan con la mirada en una nube y sin lucidez en ella,
y giran como lo que siempre fueron,
muertos de paso…,

son días en los que la Vida ama cualquier cosa nuestra,
porque nos hizo hijos suyos, y nos deja ir, maternal y compasiva,
pues es ella quien ha puesto en nosotros este insaciable deseo
de carne, épica, canto y destrucción.

Hay días de color azul que huelen a pan y a trenes de otro tiempo,
días casi tan hermosos como la sonrisa de aquella niña Down,
bonita como un cielo…, días de lluvia que nos acercan al corazón
la poesía de Celan y Seifert, o de Holan, esos poetas rumano y checos,
o esa mirada…, ésa de Nicole Kidman que nos suplica, sí…, a nosotros,
una larga y lenta tarde de amor al pie de un abedul…,
por decir un árbol con clase, y la dejamos hacer lo que ella quiera,
a Nicole, por esta elegancia nuestra y este saber estar que tenemos,

nosotros los insurrectos, los desertores…, y porque amamos la Vida,
porque la amamos tanto que nos jugamos la nuestra para ganar
un poco de desierto apenas, porque somos escorpiones de desierto,
amables y metálicos, nosotros, insumisos monstruos de abismo
que devoran alas calientes de ángel y chucherías de a céntimo,
fieras lobo en las simas de una luna de la que somos
hueso, sangre, soplo y fulgor…

y nos sabemos así, tan de otro lugar, tan altos, limpios e inocentes
como nadie podría alcanzar a serlo ni a soñarlo,
tan ajenos a la furia y al veneno, al mercado, a la fealdad,
al resentimiento viejo, al calor de la tribu, a la simpleza,
al emputecimiento del propio cuerpo en manos de la Especie,
a los presbíteros mendaces, a las gallinas y su cloqueo,
a las religiones que hacen enfermar…,

nos sabemos tan inmortales, puros, héroes y bellos
que nos da la risa (floja, claro, cómo iba a ser de otro modo),
risa de ser tan soberbios, tan niños, fatuos y tontos…, tan de trapo.
Y para seguir siéndolo volvemos a Nietzsche y a las canciones,
a Sade y a Bukowski, a los poetas, o nos pegamos fuego
con un buen single malt scotch y unos marlboro,
tirados en una cama sin mujer…

Porque una mierda es lo que nos importa casi todo y todos.

Queremos a nuestros amigos y amamos a nuestras amigas, oh sí,
y para los enemigos que no se atreven a ser rivales nuestros
queremos cadalso o vil garrote al amanecer y fiesta alegre,
qué brutos somos, sí, pero añoramos con lágrimas inconsolables
a los camaradas que cayeron en combate por ser los más valientes,
a los sátiros rijosos que salvaguardan el sueño de los creadores,
de las desconocidas que nos requiebran, de los poetas deshauciados
entre los que somos el más descoyuntado, necio y exangüe de todos,
amamos a nuestros hijos e hijas…, ¿pero a qué…, este precio?
¿A qué esta soledad sicaria? ¿A qué tanto dolor?

Hay días en los que el mejor poema es una eyaculación.

Y días en los que una sonrisa, una sola, cauteriza nuestras heridas
como sólo una mujer enamorada sabe hacerlo. Y los hay que nos traen
el beso de Klimt con sabor a flan, y la tentación de llevar al rojo
la bocacha negra de un fusil de asalto, días en los que Modigliani
ha dibujado en una fase rem sus modelos desnudas para nosotros
y nos hacen con la mano así…, ellas, y sueños en los que besamos
la boca más bella jamás urdida, Jane Birkin,
mientras llevamos nuestras manos temblorosas y lascivas
a sus pechos casi inexistentes, nada casi y tan dulces,
donde de ser habitarían los dioses…

Y días en que un no poema, como éste, arde y se derrama.

E infaustas noches hay en que las horas supuran un insomnio amarillo
y anhelamos el alba con el infante desamparo
que da el sabernos hermanos de Roy Batty, y morimos con él,
porque nosotros hemos muerto siempre en primera línea,
siempre en los lindes, siempre andrajosos, golpeados, entregados,
traicionados…, siempre lobos, y apeteciendo en nuestra lenta agonía
una buena ensalada con limón y hierbabuena
mientras suena el preludio al acto primero de Lohengrin…,
o algo turbio de Deep Purple…

hay días…, los hay, en los que sólo tu piel existe,
tu sonrisa sólo, tus manos y tu boca, tu sexo, tus pechos,
tus muslos rotundos y tus caderas necesarias que abarcan
el Universo entero porque son el Universo,
tus lamentos, tu llanto, los gemidos que yo me sé,
tu desnudez carnal y descarnada, tu sueño virgen, tu deseo,
tus ocultaciones, otra vez las frutas rojas de tu boca
y esta perdida locura humana en que consisto…

Hay días en los que sólo la Belleza existe. Y la lluvia.

Y noches, ésta, en las que son la Vida y el Silencio
quienes dictan este no poema inacabado que decimos nuestro,
nos drenan el Alma con infusión de besos, enardecen nuestra sed,
dictan los arcanos de nuestro nombre, nos dicen adiós, adiós…,
dibujan una lágrima tras otra en nuestros ojos efímeros,

y apagan la luz… de ellos.

(…)

24:::Mayo:::2008

(…)

17:::Mayo:::2008


El desertor…

11:::Mayo:::2008

CRISCRACTAL abre un periodo de reflexión sobre su blog y suspende sus artículos sine die.

CUANDO YO NACÍ.

6:::Mayo:::2008

Cuando yo nací,
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Trilce, Nietzsche y Dios habían muerto
(de su mismo natural); pero el Dinosaurio…, aaaah el Dino del carayu,
¿ése?, ese pendejote güevón todavía estaba allí.
************************************* dinogif-1.gif
si-no-la-quieres-pa-mi.jpg Y mi mamá.
Después… llegó mi papáfumeque.jpg
aleti.jpgbirrita-rica.jpg luisito.jpg
Y yo, día a día, aprendí la vida.
bebes.gifpunteria.gifcuriosidad-filosofica-i.gifcuriosidad-filosofica-ii.jpg
Me hice mayor, ENGORDÉ un poco. Y era un broncas.sumo-2.jpg
Me eché una novia.sumo.jpg
Tuvimos tres criaturas preciosas.
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Una me salió mayormente putilla…,
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el del medio (de los chichos será), es gilipollas cum laude…,
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y al más friky de los tres le dio por estudiar filosofía…
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Y me eché otra novia: esto de abajo…
jesus-es-mi-amigo.jpg, pero me dejó por otro…

Y asín ya no quiero vivir…suicida-1.jpg
pedorro.gifAdiós.






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NATURALEZA HUMANA

29:::Abril:::2008


Repasaba ayer unos pasajes de El malestar de la Cultura en los que Freud escribe que “el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor”, no, antes bien es un ser cuyos instintos alientan su agresividad y, por ello, “el prójimo” no es sino “un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo”… Y continúa, demoledor: Homo hominis lupus: ¿quién se atrevería a refutar este refrán, después de todas las experiencias de la vida y la Historia?”.

Estoy, sin complacerme en ello, de acuerdo con él; o, por mejor decir, con Nietzsche, al que no cita este pendejo fumador de puros, pero de quien toma éstas y otras ideas. Pero no sólo la Historia, también la Psicología y la Antropología no papanatas dan sobrada razón de los hondos anclajes de la crueldad humana. Me falta en Freud, que no en Nietzsche, que a la base de esa porcina bestialidad humana, se halla la estupidez. Nada hay más peligroso que un tonto, nada más letal que un simple. Un gilipollas es un arma de destrucción masiva.

Por la tarde leí en El País el caso de una niña judía polaca de catorce años que dejó unas palabras escritas al modo de Ana Frank. Entre otras cosas había anotado que un soldado nazi, cogiendo a un bebé por las piernas, golpeaba su cabeza contra un poste. Recordé el caso de aquel otro soldado de las SS que, en su diario, se quejaba de que los llantos de los niños de las presas judías no le dejaban dormitar. Y somos tan ingenuos, tan bobunos, tan cristianazos en el fondo, que creemos que eso es cosa de un pasado ajeno y aciago que no volverá a repetirse, joder qué risa, con supercabronazos como esos dos nazis me cruzo yo todos los días en las calles y en el vertedero en el que imparto, inútilmente, lecciones limpias y sencillas sobre racionalidad, belleza y libertad. Seguro que algún soplapollas desnucao dirá que el problema es que mis clases magistrales están metodológicamente desfasadas…, su puta madre y la de sus compañeros de mesa, anormales, que sois unos anormales… Si ya decía yo que un tonto…

VIL KOREA

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jb-a.jpgjb-w.jpgjb-q.jpgjb-e.jpg
jb-z.jpgJane Birkin
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HUMAN RIGHTS FOR EVERYBODY.

23:::Abril:::2008

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UNA MUJER Y EL TIEMPO.

18:::Abril:::2008

Andaba el otro día por uno de mis espacios naturales, Consum; tengo otros: Mercadona, Carrefús y la cocina de mi casa. El IES Vertedero no cuenta, allí sólo me gano la cosa salario y no tiene nada que ver con la Vida y sí con la falta de lucidez, coraje y sentido de la dignidad consustanciales a la especie humana; y también con la podredumbre política de los tontucios de Segunda Internacional, con las deletéreas alimañas de la derechona apostólica y con los rebanaos varios de la progresía de esquerres y otras hierbas.

Había comprado fruta y noséquémás, estaba en una de las cajas y vi entrar a una señora: rubia tintada aunque de pelo natural claro, bien peinada de reciente pelu, melena, pelo liso, jeans ajustados de mercaíllo que revelaban una figura correcta, talla 40, 90 más arriba copa escasa, aproximadamente 53 kilos, maquillada suavemente, un metro sesenta y dos de estatura, ojos negros preciosos rasgados, estudios primarios o quizás algún secretariado o así, casada, su marido es un buen tipo, quizás dos hijos, uno de ellos hija adolescente porque su modo de estar sugería la frescura de intercambios de ropa y opiniones con una jovencita, 51 años ó 52 diría yo, algún problema de circulación en la piernas, no tiene amigas pero sí alguna hermana que es su confidente, creo que vive conforme con su vida aunque está convencida de que hubiera podido más, labios carnosos en boca amplia sensual…, la misma que tenía a sus catorce o quince años. Así la recuerdo.

No sé cómo se llama y no pretendo averiguarlo ni nada por el estilo. Esa mujer fue el sujeto de mi primer sueño erótico. Yo andaba por los trece. Recuerdo el sueño, nada especial ni escabroso, se resolvía en un beso largo, delicado y profundo. Lo recuerdo como si lo soñase ahora, la recuerdo como si la viera ahora.

Nada excepto que pasaba por mi calle sabía de ella entonces, absolutamente nada sé ahora. Recuerdo unos versos de mi amigo Marcel (“Pasó el día/ como un tren/ sin vuelta”). Recuerdo mi plagio/homenaje a esos versos: “Pasan los días como trenes sin retorno”.

Amar es un destino, lo demás es acompañarse.
PM476

ELEGÍA Y ABRIL.

10:::Abril:::2008

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Charlize Theron
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BAB’ AZIZ, EL SABIO SUFÍ.

30:::Marzo:::2008

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Es un bello film, como bello y sereno el desierto en que transcurre. No hace tesis del sufismo. Ni de la religión islámica. La niña es un encanto de bonita que es; el viejo sufí, otro. Hay un rostro de mujer (BORGES escribió “un rostro que no quiere que lo recuerde”, pero yo lo recuerdo) que se destapa unos segundos…, y es de una belleza que hace desear volver a ver la película sólo por acampar un poco más en la noche de sus ojos… Por unos ojos así yo me hacía la yihad, el jarakiri, les useres y las ingles con cera comprada en Lídel…

El director dice que ha querido “limpiar la cara del Islam” con su película, y hacer ver que está lleno “de amor y sabiduría”. Si pretendía eso, ya podía haber aprovechado la ocasión para hacer aparecer a las mujeres no como niña, bailarina, tapada de negro o de ambigua joven que no protagoniza la historia. Quizás el Islam, y su Corán fundante, nunca haga posible su presencia; y si lo hace, como en Occidente, será poniendo en cuestión, en primer lugar, los textos sagrados y a la turbias catervas sacerdotales que se amparan en lo más negro de la condición humana…, esas mismas castas malvadas, mendaces y crueles que aquí en España el bobazo de Zapatero y sus pepiños y maridelasvegas no se atreven ni a toser (sí, lo digo aprovechando que el pisuerga pasa por valladoliz; qué falta de huevos y convicción de los sociatas ante esos fanáticos demoniacos)…

Como en otras películas de este mundo cultural islámico, las narraciones orales cruzan internamente su despliegue; y no lo hacen accidentalmente, al contrario, en este mundo los relatos forman parte substancial de la vida. En el film aparecen como leyenda (la que el abuelo cuenta a su nieta, sorpresa…); como narración onírica, fantasía o deseo; como relato real…, da lo mismo, pero siempre presente esa magia de lo que se cuenta y que parece satisfacer una profunda necesidad de la naturaleza humana: la de interpretarse a sí misma y al mundo a través de la proyección de nuestra alma en el teatro del mundo en forma de literaturas… VARGAS LLOSA y OCTAVIO PAZ nos iluminan en esto.

Me dí cuenta al final de la peli, mientras oía una canción que acompañaba a los títulos de crédito, que la música es bella de cojones, bellísima, la de la peli y la música en sí; y que es de este mundo porque no hay otro del que pueda ser. Y que el cine sin música no es cine, o es menos cine. Y que lo que hace que el cine sea sonoro, y no mudo, no son los diálogos sino la música… Es la música.

Decía ALBERT CAMUS en no sé dónde que el problema filosófico por excelencia era el del suicidio, esto es, juzgar por qué vale la pena vivir. Algunas canciones, algunos versos, algunos momentos eróticos y algunas almas ingenuas y adorables que salvan a un hombre y con ello al mundo entero…, hacen que la vida merezca una oportunidad. Me parece.

SixRoy

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En el siglo XVII la revolución científica tiene uno de sus pilares en la aplicación de las matemáticas al estudio de la Naturaleza; algo que los griegos ilustrados no habían querido pensar, quizás por su amor al saber puro y su aristocrático desdén por lo aplicado, aun cuando su geometría parece deberle mucho a los muy prácticos egipcios que intentaban controlar las crecidas del Nilo.

La Naturaleza, sentenció poéticamente Galileo, estaba escrita en lenguaje matemático. Este lenguaje se compone de entes de todos conocidos: el punto, la línea, las figuras geométricas, los números y toda clase de signos. Como tales entes, carecen de realidad empírica (no son reales en cuanto a su tangibilidad, no son entes físicos); son, pues, abstracciones puras que no se corresponden con cosa alguna en el mundo físico. Si miramos a nuestro alrededor hay, desde luego, árboles, mesas, sandías, caballos o edificios…, pongamos que hay 3 árboles, 6 mesas, 1 sandía, 4 caballos y 23 edificios; pero si bien hay estas cantidades de objetos empíricos, no hay nada que se corresponda con el número 6 como tal, o con el 23 en sí: hay 6 mesas y 23 edificios, pero no hay ‘6’ puro, ni ‘23’ puro. Son entes ideales, abstractos, puras formas. Pensemos que el ente ‘6’, o el ente ‘23’, designan de igual modo mesas, nubes, días o bostezos. Los árboles tienen forma cilíndrica; las sandías, esférica; los edificios, prismas de base cuadrada y las mesas tienen forma rectangular…, pero nada hay que sea, empíricamente, el punto en sí, la línea en sí, la rectangularidad o la esfericidad. La gran paradoja, hermosa por otra parte, es que esos entes matemáticos, que no existen en el mundo físico (son puros: sin realidad empírica), hacen posible que conozcamos el mundo, penetremos los secretos de la Naturaleza y usemos (a veces, abusemos) este conocimiento para nuestra supervivencia y bienestar.

Exactamente igual ocurre con las palabras. Las usamos para comunicarnos, para pensar, para organizar nuestra cosmovisión y nuestra vida…, pero no hay referente alguno de palabra alguna en el mundo físico. Digo ‘caballo’, y sí, hay caballos blancos, negros, gordos, flacos, de carreras, de tiro, de rodeo o los azules ésos que pinto el ruso loco ése (o alemán)…, ¿pero dónde está el referente empírico del vocablo ‘caballo’ que yo uso indistintamente para nombrar a unos y otros? No lo hay. La palabra ‘caballo’ es un ente ideal, abstracto, no empírico, con el que designo toda la variedad de caballos del mundo. Fijémonos en lo mismo con el vocablo ‘perro’, y veamos después que lo usamos para designar lo mismo a un chihuahua que a un gran danés…, o a Pancho. Lo hermoso paradójico es que con ese ente ideal e intangible que es toda palabra sustantiva, categorizamos la realidad y nos comunicamos realmente. De no haber entes genéricos, palabras, carentes de existencia empírica, intangibles, abstractos e ideales, nos veríamos obligados a disponer un nombre y uno sólo para cada objeto del mundo, y más, un nombre distinto para cada objeto del mundo en cada uno de sus estados incesantemente cambiantes; así, un nombre para un perro que a las 20’23 horas ladra durante tres segundos mirando hacia el sol; otro nombre, distinto, para toda esa misma secuencia pero 1 segundo después; y otro para eso mismo pero en el instante en que mueve 0’234 pulgadas su oreja derecha hacia la izquierda y asoma en ella… una pulga.

En este absurdo infernal vive Funes. Su prodigiosa y descomunal memoria le permite usar una cantidad casi infinita de palabras para designar todos y absolutamente todos los objetos de su percepción en todos sus estados posibles. Funes no usa términos genéricos como ‘caballo’, ‘árbol’ o ‘49’…, no usa números para designar cantidades, porque estos entes abstractos no le sirven para singularizar cada objeto del Universo en todos sus estados posibles e infinitas variaciones. El muchacho es capaz de recordar y nombrar con sobrecogedora exactitud todos los instantes posibles de las “aborrascadas crines de un potro (o las) muchas caras de un muerto en un largo velorio”. Funes es el antiplatónico paradigmático. Platón y su Teoría de las Ideas son el intento de hacer posible el conocimiento del mundo, de lo real y aun la estricta comunicación humana, precisamente desde la categorización y uso de entidades genéricas como son los objetos matemáticos y los objetos del lenguaje (números, palabras)…

Por eso, Borges dice que Funes “era incapaz de ideas generales, platónicas”, y aún más, pues aunque domina varios idiomas, no es “muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer”. Pensamos lo concreto con lo inconcreto, lo tangible con lo intangible, lo físico con lo mental, las cosas con palabras. Vivir es paradójico. Vivir es el sentido de la vida.

He de insistir en la belleza que se da en esta paradoja anclada más allá de la naturaleza humana, pues usamos entes ideales para referir cosas cotidianas. Y no puede ser de otro modo. Nada hay más tangible y físico que una bofetada, un beso modalidad tornillo, un viaje al espacio, un plato de papas arrugás, un helado de té verde, un martillazo en un dedo…, pero categorizamos todo eso, todo, con entes sublimes sin referente empírico alguno. Nos hacemos cargo de lo que existe desde lo que no existe. ¿No es estupefaciente, nengs?

Pobre Funes… Me conmueve el hecho de que Borges, cuando va a verlo, siente “el implacable temor de multiplicar sus ademanes inútiles”, sus gestos, sus palabras, porque todo ello habrá de perdurar en su “implacable memoria”, agitándolo, dañándolo, sumando derivas a su caída. Me quedo con ese Borges aquietado que teme una gota de sudor, el temblor de su mano, una tos, una dilatación en la imposible pupila de sus ojos agrisados, casi muertos, abstractos…, acaso inexistentes.

Pero hay algo que el maestro ha eludido en su relato. Quizás por no hacer ver que Funes es un ser trágico, absurdo y contradictorio. Si, como parece, todo fluye, Funes no podría designar nada sin caer en contradicción o, sin más, nombraría cosas inexistentes. Desde el momento en que abriese la boca para decir, o sólo pensar, por ejemplo, ‘la marea sueña ser cárdeno alcor’ y designar con esta locución a un caballo concreto que a una hora concreta cruza la calle de Corrientes hacia el Sur, estaría nombrando a un ente inexistente que pertenece al pasado, pues en la mitad del pensamiento o frase, ese caballo ya sería otro caballo, y debería, según su lógica terrible, tener otro nombre. Y cuando quisiese nombrar, de nuevo, a ese nuevo caballo…, en mitad de la frase, en mitad del pensamiento, ese caballo, una vez más, ya no sería el mismo que empezó a ser designado, y cuando quisiese… Bueno, esto creo.

Como los malhadados prisioneros de la caverna platónica, Funes también lo es: “Dos veces lo ví atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero”. Como aquéllos, Funes vive “a oscuras”. Aunque él está muy lejos de hallarse desdichado, pues la caída le hizo dejar de ser lo que fue durante diecinueve años: “un ciego, un sordo (…), un desmemoriado”. Consideraba, así tullido en su húmedo lecho, que antes “había vivido como quien sueña”. Así viven, dice Platón, los prisioneros de la caverna.

¿Quién tan soberbio que se diera a la ligereza de la compasión?

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ISAÍAS CARRASCO

9:::Marzo:::2008

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Hoy no pensaba votar, como tantísimas otras veces. No presumo de ello, sólo certifico el hecho. Ayer, durante buena parte del día, unos versos de Leonard Cohen me iban silbando su canción: “hay muchas formas de traicionar a la revolución, ésta es la mía”. A mí me la bufan la revolución y los revolucionarios; y me cisco en la casi totalidad de mi Especie, así que me dejaba ir por las horas del día, como un desvencijado derrelicto al que las olas arriman su sal y su desdén. Hacia la noche hurté al destino unos instantes de felicidad. He dormido bien, poco; he desayunado bien, mucho. Y no pensaba votar. He salido a comprar el periódico. En la portada, SANDRA CARRASCO declaraba: “Quien quiera solidarizarse con mi padre, que vote”. Y he ido al colegio electoral, Distrito 04, Sección 031, Mesa U. Me he encontrado allí a un ex-camarada de la izquierda comunista, aquélla que se reclamó antiestalinista, antitotalitaria, ligada sentimentalmente al POUM, a Andrés Nin, a Rosa Luxemburgo y a la Vida. Mi antiguo camarada empujaba un carrito de ruedas en el que, sobres en mano, su tía de 102 años quería votar. Ha votado. Y yo.

HEINRICH HEINE I.

7:::Marzo:::2008

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Soy la espada, soy la llama.

Os he iluminado en la obscuridad, y al iniciarse la batalla yo combatí en primera línea.

A mi alrededor yacen los cadáveres de mis amigos, pero hemos vencido.
Hemos vencido, pero a mi alrededor yacen los cadáveres de mis amigos.

(…)

Pero no nos queda tiempo ni para la alegría ni para el duelo. De nuevo suenan las trompetas y es preciso luchar, de nuevo…

Soy la espada, soy la llama.

HEINRICH HEINE

HEINRICH HEINE II.

7:::Marzo:::2008

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Tengo la disposición más apacible que se pueda imaginar.

Mis deseos son: una modesta choza, un techo de paja; pero buena cama, buena mesa, manteca y leche bien frescas, unas flores ante la ventana, algunos árboles hermosos ante la puerta,

y si el buen Dios quiere hacerme completamente feliz,
me concederá la alegría de ver colgados de estos árboles
a unos seis o siete de mis enemigos.

Con el corazón enternecido les perdonaré antes de su muerte
todas las iniquidades que me hicieron sufrir en vida. Es cierto: se debe perdonar a los enemigos, pero no antes de su ejecución.

HEINRICH HEINE

Citado por Sigmund Freud en
El malestar de la Cultura

TAXI DRIVER

27:::Febrero:::2008

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Recién acabo de llegar a casa, del Banco. Me ha atendido María (pongamos), a la que no veía en los últimos meses, quince, en los que ha gestado, dado a luz y criado su segunda criatura. María es una mujer amable, diligente y dulce de trato. Al terminar mis consultas le he pedido que diera de mi parte un besito a su infante.

Al salir iba pensando en el porqué he deseado ese gesto tierno para su bebé. Yo no sé nada de María que no se refiera a su trabajo, nada de su otra hija y familia. ¿Por qué le pido un besito para su chinorri (es niño), si son personas que apenas o no conozco? Se lo he deseado de verdad, no sólo por cortesía; a estas alturas de la vida uno ya sabe estas cosas de sí.

Y venía pensando después, mientras conducía, en que el ser humano no está hecho para el artificio, para el trato anónimo, para la vida alrededor de personas desconocidas. Recuerdo mi niñez madrizleña cuando con cualesquiera miembros de mi familia iba en taxi; invariablemente, un miembro adulto de la grey se sentaba siempre al lado del conductor. Era impensable no hacerlo así, y se le daba conversación. Era un modo de descargar aquella situación de su artificiosidad, un modo de hacer al taxista parte por unos instantes de la familia. Y lo mismo con un fontanero que venía a casa, unos pintores de brocha o con el vecino de viaje en aquellos largos lentos trenes expresos Valencia-Madrid (diez horas).

No sé si de entonces, pero aún hoy guardo una reverencia cordial (visceral, de serie) por cualquier persona que realiza un trabajo del que me beneficio; y tiendo al respeto naturalmente o a la gratitud desde las fibras de mi corazón o, cuando menos, desde una cortesía no impostada. Qué más da si media una transacción, esa persona ha empleado horas, días, años tal vez para prestarme después su tiempo y su saber hacer.

Sospechaba, cuando he aparcado el coche que no mis pensares, que no tengo hechuras para asumir la abstracción que supone el intercambio comercial y sus corolarios (el puercazo de Calvino me hubiera hecho a la parrilla con manteca y sin provenzales); y no sé tratar con personas como entes de servicio sin incluir en el trato un quantum de familiaridad (de la que, a veces, me arrepiento). Leí hace años que el psiquismo humano no puede integrar en su mundo más allá de ciento cincuenta o doscientas personas. Esto significaría que somos esencialmente tribales. Quizás esto explica algunas componentes de las guerras, los nacionalismos y otras bajezas humanas…, y la etiología personal de lo que trato de decir.

Después, la vida me ha mostrado su hórrido careto tantas veces que olvido que fui aquel crío de los taxis que envidiaba a mi tío Santiago o a mi padre al lado del conductor. Y abomino de mi Especie. El adulto que soy se oculta hoy tras un periódico en el asiento de atrás.

Si he manifestado mi afecto a María y a su bebé será, pues, por ese trasfondo clánico y ancestral que nos constituye a todos. O eso, o soy un gilipollas sentimental (los improbables visitantes de esta cosa-blog se abstendrán de pronunciarse en favor del segundo término de la disyunción si no quieren que les parta las piernas y les meta los muñones en sal gorda).

SixRoy