TODO VUELVE A Mí

8:::diciembre:::2017

El sueño que fue sueño sólo.
La palabra que fue ardid y ocultación,
pero reveló su ser (…)

Una tarde de siesta,
dos semanas de vacaciones. Todos los acentos que no puse,
el examen de latín (…)

Algunos cuentos. El acné.
Las tesis de Abril. Los labios que entreabrí con mis labios,
siempre otros y distintos a sí mismos.

La mujer que quiso hablarme
y el decreto que selló su anhelo. El vértigo de ser.
Los ojos que cercaron mis ojos.

El agua que en las manos me fue dada
con tanto amor como al amor le es dado.
Los pechos de Marilyn.

La morosa delectación en los vocablos
del hombre que quiso ser Martín Fierro, alguien,
el filo de la daga, acaso un hombre (…)

La lluvia que en manos del alba
sació mi sed, me desvistió y se me hizo historia propia,
sangre, aliento, huesos, corazón y un número nuevo
en el calzado o la camisa.

Tantas noches a la espera,
la boca caliente que no quiso amanecer a mi lado
y la arena, la luna (…)

Cien años de soledad.
El rey de espadas.Y trece mentiras en alas del insomnio,
la luz, la Belleza, el instante.

Todo vuelve a mí.
Como si un tren antiguo
pasara silbando.

De Nueva conspiración de afinidades y babeles, en Una lluvia interior (1992).

Last Train Home. Pat Metheny Group.
© Six Roy

“Era la hora del amanecer y llovía (…)

La lluvia mojaba el mundo con el propósito de convertirlo en dócil totalidad (…) Su rumor fue una muy larga nota sostenida (…)

La escuchaba sin abrir los ojos y me sentía distinto, separado (…) Me quedé inmóvil bajo la noche de mis párpados (…)

Pensé (…) Sólo entraré en el día cuando la lluvia quiera”.

Del poema Rumor de lluvia, en el libro Corteza de abedul (2016).
Antonio Cabrera (Cádiz, 1958).

Antonio Cabrera: versos desde el pabellón de tetrapléjicos.

© CrisC

EPIFANíA ROMANA

24:::noviembre:::2017

I

Ocurrió hace unos días.

Como Saulo de Tarso camino de Damasco, zas, me caí del caballo. Y no, no vislumbré la existencia de un Dios bibliófilo ni me dio por la prédica en Éfeso, cierto, fue algo más simple.

Hablando de simplezas…

Nada más simple que la creencia en un dios, dioses o entidades numinosas. Lo cierto es que ese Dios que la Modernidad desactivó, regresa por la rebotica y con aromas de otros ídolos, por lo general de maderas de Oriente.

Es algo que podría ser conmovedor o pueril o peligroso.

II

Volvamos a mi deslumbrante epifanía.

Lo que inefablemente accedió a mi entendimiento es la convicción de la existencia de algunos diosecillos del hogar que velan por cuantos lo habitan. Y lo encontré tan razonable como claro y distinto.

Y me vi tirándole la caña a las vestales a la altura de las corvas. Por si acaso.

Me hallo tan lejos de una basílica como de una mezquita o sinagoga, o de Potala y californias afines, cierto, pero aquellos divinos geniecillos del hogar que los romanos alzaban en sus casas, ah, eso es otra cosa.

Son desde luego otra simpleza. Sin duda.

Una pura fantasía, y no más, pero si me entrego de corazón a alguna fe (verdadera), que sea a ésta, y no a la de esos reptiles depravados que alientan la ignominia de los cruzados, los yihadistas o el Tsahal.

Apostato de lo católico y apostólico, me quedo en romano (estricto).

III

Y como romano guisaré hoy un risotto all’agnello… ¿Quien trae el Chianti?

El silencio de los corderos (1991) Jonathan Demme.

© VilBill

EL OBOE DE GABRIEL

17:::noviembre:::2017

más cierto que la luz del mediodía
juan de la cruz

Un dios niña de cualquier religión o de ninguna,

que en una enlentecida tarde del Mundo adormeciera sus ojos, que olvidase entre las flores su cuidado y con su dulce aliento diera sentido a la Belleza, al Universo y a la Vida…

sonaría así, exactamente así…

Gabriel’s Oboe from The Mission Ennio Morricone 2002 Arena Concert.

© Six Roy

AMOR Y ODIO

10:::noviembre:::2017

“¿Qué era yo?
La pregunta no dejaba de martirizarme (…) a partir de ese momento
declaré una guerra sin cuartel a la especie”.

Mary Shelley. Frankenstein o el moderno Prometeo (1818).

:::

I

Se suele decir que están a un paso el uno del otro.

II

Puede, no sé, hoy es muy fácil decir y muchos son los decires.

Por ejemplo, sobre el amor y el odio se dice que si algo se ha querido o se quiere mucho, o a alguien, luego se odiará de igual modo, o acaso más, si no se obtiene o se pierde.

Como tantas otras cosas no sé si suena a simpleza o a simplicidad.

Quizás el sapiens no necesita tanto amar u odiar cuanto sentir algo para saberse vivo, sea lo que sea; y cuando ya no se ama, odiar queda muy a mano y la venganza se oferta como arma de esa necesidad.

Lo cierto es que de necesidad a necedad hay muy poco trecho.

Ese paso no lo es, pues, de un sentimiento a su supuestamente contrario cuanto la permanencia en el sentir mismo, sólo que de otra manera. ¿Difícil? Quizás necesitamos sentir algo. Lo que sea. Eso es.

Y tan panchos los tres por el camino verde que va a la ermita.

III

No sé si en lo que acabo de escribir hay claridad.

Este post viene a cuento de aquel infortunado monstruo de Frankenstein, necesitado de un amor y calor que se le negaba. De ahí que la criatura eligiera el Mal cuando haber hecho el Bien le fue retribuido con bajezas.

Dicta la Elegancia compadecer al monstruo y no serlo.

Defensa del monstruo. 1 de Junio de 2013. Criscractal.

© Vil Korea

© CrisC

I

Una noche cualquiera de este verano. Son las dos y pico.

Intento dormir. Imposible. Cojo un libro: Las Nubes, Aristófanes. Es un panfletillo tueste contra Sócrates. Luego un ensayo: El duelo de los ángeles, Roger Bartra. Muy interesante. Leo un rato largo.

Y luego otro rato de radio, que apesta a desprecio al oyente lúcido.

Me entra un hambre bruta. Son las 4’40. Me voy a la cocina. Tuesto pan y le añado un filete de salmón ahumado, cebolla roja, pepino (holandés) y rodajas de rabanito. Y rallo unas semillas de cilantro.

Me lo echo al coleto con una Carlsberg. ¿Y si luego un gin tónic?

II

Mientras devoro, pongo sin sonido la tele. De pena.

En una cadena local hay pornofantasías… Y en la parte baja de la pantalla Susi y Carlota muy solitas buscan amiguito para trío, gordita pelirroja quiere “extrenarse” con joven bien dotado y maduras viciosas.

Me estupefacta la poética minimalista de esta pornonarrativa venal.

III

A todo esto yo con el salmón a dos carrillos.

Y estos dos pavos de la foto que me espetan tío pírate de una vez que queremos dormir y tu careto de insomne no nos deja. Y yo hijos de perra cerrad el hocico.

Una manopla con ojiva nuclear les voy a meter que se van a enterar.

Me voy al pulguero, les digo, pero antes manuscribiré unas notas para un post. Y luego me voy al PC a pergeñar el borrador. ¡Loco! Otra vez los cánidos. Los voy a liofilizar y mandar al sureste asiático.

06:29. El artículo, liquidado. Y a éstos les tiro unas fotos (para el pasaporte).

IV

Cayó el gin tónic. Y luego yo.

Abel Korzeniowski. Come, Gentle Night.

© Vil Bill

LIBÉLULA DE CORAL

27:::octubre:::2017

… belleza que quiero olvidar/ me llama,
me viene a buscar/ me hace soñar (…) quisiera volver a besar
hasta sangrar

La danza de las libélulas. Manuel García.

I

Vuelve hoy aquel murmullo dulce y trovador
y se abalanza blandamente sobre mí, sobre aquella infancia tuya y mía.
Emergen de nuevo tu infinita latitud y los pliegues de tu falda,

la serena danza de tus caderas de niña
y tu boca de hiperbólica anchura, la curva de los pechos que aún no tenías,
ni la edad, la divertida esgrima de mis dedos en la desnuda pureza

de tu angélico pubis.

II

Imagino el dolor y la áspera náusea de aquellas agujas
que luego horadaron tu piel con feroces luces en ansias homicidas
desangrando tu inocencia.

III

Y te avienes hoy a mi corazón roto, vuelves a mi entristecido verbo
en esta noche de Getsemaní. Y eres como una pálida brisa que invade mis insomnios, la grieta de mi corazón,

cuando ya profeso el obscuro privilegio de hablar a solas

y los ruidos de la casa,
fumar con desmesura, deambular como una bestia herida
o el mucho beber… son los ritos que me empujan a los arrabales del alba,
cuando el frío es, de todo, lo menos frío.

Y la desesperanza acaba por ungir mis ojos con sueño al fin. Al fin.

De Poemas de la deserción (1992).

Hablar de ti. Manuel García.
La Danza De Las Libélulas. Manuel García.

In Memoriam C.
© CrisC